Usted está aquí: lunes 31 de julio de 2006 Política Vivió la gente el minuto más largo del tiempo

Miles de palabras y ni una pinta en el Club de Banqueros

Vivió la gente el minuto más largo del tiempo

Anoche, bajo la lluvia, ya se dirigían a los campamentos

JAIME AVILES

Ampliar la imagen Desde temprana hora, la multitud avanzó de la fuente de Petróleos al Zócalo para participar en la tercera asamblea informativa convocada por López Obrador Foto: Roberto García Ortiz

Un silencio de estupefacción retumba dentro del minuto más largo del tiempo. Boquiabierta, la gente alza las cejas, mira a sus vecinos, pone aún más atención a las palabras que siguen brotando de las pantallas desde la Plaza de la Constitución hasta el Auditorio Nacional y no acaba de creer, de entender, o mejor dicho de digerir la propuesta. Pero cuando Andrés Manuel López Obrador añade que él también se va a quedar en el Zócalo hasta que el tribunal electoral acepte el recuento de todos los votos del 2 de julio, estalla un clamor de júbilo pero también de alivio...

Los más sorprendidos son los numerosos políticos de la vieja escuela que acompañan al candidato de la coalición Por el Bien de Todos en el templete. Menos de 24 horas atrás -el sábado en la tarde- muchos de ellos habían estado en la casa de campaña de la colonia Roma para tratar de convencerlo de impulsar medidas "radicales" como, por ejemplo, un boicot de consumo a los productos de las empresas que apoyaron la campaña de odio contra él. López Obrador los escuchaba sin soltar prenda.

Como no podía ser de otro modo, sólo un puñado de ellos estaba en el secreto y preparando la logística para que las ideas se convirtieran de inmediato en realidad.

No era cosa de invitar al pueblo a instalarse en 47 campamentos sobre la vía pública del corazón de la ciudad y sólo entonces mandar a conseguir las lonas para construirlos. Por eso, en el instante en que la multitud levantó la mano para aprobar masivamente la histórica decisión, los campamentos empezaron a materializarse sobre la avenida Juárez y el Paseo de la Reforma, desde el amarillo monumento a la Cáscara de Plátano frente al edificio de la Lotería hasta la fuente de Petróleos en la entrada a las Lomas de Chapultepec.

Pejeseguidores, por su cuenta y riesgo

Según reportes extraoficiales, únicamente el PRD coordinó la llegada de 4 mil autobuses que, a razón de 40 pasajeros cada uno, trajeron a alrededor de 200 mil personas, pero con un detalle: éstas pagaron una cuota que les permitió viajar sentadas, si bien en muchos casos quienes aceptaron hacer el trayecto de pie se ahorraron el desembolso. Al margen de ese esquema nadie atinó a contabilizar el número de pejeseguidores de las organizaciones sociales que llegaron a la capital del país por su cuenta y riesgo.

Y así, con una visión estratégica de altos vuelos, la tercera asamblea informativa del movimiento contra el presunto fraude electoral, convocada hace 15 días, tomó ayer el corazón de la ciudad de México para iniciar una etapa de resistencia civil pacífica de proporciones gigantescas.

Sin embargo, nada de esto habría servido en absoluto si hubiera fracasado el ingrediente esencial de la receta: el discurso. López Obrador lo colocó sobre el pedestal de una cita de Francisco I. Madero -quien entrevistado por un periodista de Estados Unidos en 1911 se autodefinió como "el principal amigo y defensor de las libertades del pueblo"- y de allí partió rumbo a su principal objetivo.

Para persuadir a más de 2 millones
y medio de seres humanos de carne y hueso, comprimidos cuerpo a cuerpo a lo largo de varios kilómetros, y animarlos a participar en una acción política de tal magnitud, el mensaje podía ser todo menos incendiario. Al revés, en su segundo tramo, según opiniones cazadas al vuelo, sonó anticlimático; hubo quienes, a botepronto, dijeron inclusive que les parecía tibio.

Pero López Obrador, cortando de tajo las aclamaciones y las consignas coreadas que surgían inevitablemente cuando mencionaba la fórmula mágica, el conjuro repetido en decenas de miles de cartulinas, etiquetas, camisetas y mantas -"voto por voto, casilla por casilla"-, siguió avanzado sobre la ruta de las ideas indispensables para el éxito del planteamiento.

A saber, que está convencido de que ganó la Presidencia de la República por decisión del pueblo, pero que no le interesa el poder por el poder; que no volverá a movilizar a los ciudadanos si el tribunal electoral acepta el recuento voto por voto y éste revela que efectivamente venció el candidato de la derecha, y sobre todo...

Que lo que está en juego en este proceso no es su triunfo sino algo mucho más grande e importante como es "el destino de nuestro pueblo: no sólo la Presidencia de la República, sino el derecho de los ciudadanos a elegir libre y democráticamente a sus gobernantes".

Organización y lucha popular

Y sólo entonces, subiendo el tono y dejando fluir los sentimientos, recordó que en 1810, cuando la guerra de Independencia, y medio siglo más tarde, cuando la Reforma, y hace cien años, cuando la Revolución de Madero, de Francisco Villa y de Emiliano Zapata, la historia nos enseñó que "todo lo alcanzado en nuestro país en materia de libertades, de justicia y democracia se ha logrado con la organización y con la lucha del pueblo; nada, o casi nada, ha sido una concesión graciosa del poder". Y redondeó: "La democracia como la justicia, como la libertad, no se implora: se conquista".

Capturada por la intensidad trágica del discurso -la evocación de tantos hombres y tantas mujeres que dieron la vida por el país que hoy tienen y está en riesgo-, la gente prorrumpió en un estallido de aplausos y gritos, reacción que López Obrador aprovechó para preguntar con suavidad si cada uno y cada una de los presentes quería quedarse en la calle, "a esperar movilizados" la decisión del tribunal electoral sobre el recuento de los votos.

"¿Qué?", susurraron al unísono decenas de decenas de miles y miles y, sin más, comenzó a transcurrir el minuto más

largo del tiempo invadido por el silencio de la estupefacción, que no se tradujo en expresiones de júbilo hasta que López Obrador anunció que él también se instalaría allí, con la gente, a compartir la suerte del pueblo como venga y hasta donde se pueda.

En otras palabras, fue como si después de escuchar incesantemente que no estaba solo en esta batalla, él ahora a su vez respondiera: "Ustedes tampoco".

Anoche, al cierre de esta edición, mientras la gente camina bajo la lluvia hacia los campamentos donde pasará la primera noche de esta nueva etapa de lucha, en la calle de 16 de Septiembre, sobre los muros del Club de Banqueros, la cultura, la educación y la sensibilidad de la gente que piensa y expresa sus ideas en frases cortas y llenas de ingenio había quedado estampada en cartulinas que se estaban mojando y escurriendo las tintas como si las desnudas palabras del pueblo lloraran, porque nadie, ojo, ninguna de las más de dos y medio millones de personas que asistió a la marcha, ninguna, ninguna, cometió la indecencia de garabatear la piel del edificio, ni sintió el deseo de inmortalizar efímeramente en groseros brochazos recados como ése que, por ejemplo, decía: "Que Ugalde vigile las elecciones es como poner un perro a cuidar la longaniza".

 
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