Usted está aquí: miércoles 2 de agosto de 2006 Opinión Fraude, resistencia y lucha

Luis Linares Zapata

Fraude, resistencia y lucha

La coalición Por el Bien de Todos, al intensificar su resistencia por la democracia, dio el banderazo a trepidaciones que, cual ondas emocionales, se expanden con velocidad inusitada por la sociedad mexicana. Un sector de ella fue tomado por sorpresa y quedó, al menos en un inicio, inmovilizado a pesar de su franca oposición a todo lo que provenga del PRD, sus líderes, simpatizantes y guía principal. Otro conjunto, en cambio, de reflejos instantáneos, se mostró ofendido en esencia, listo a lanzar la más incendiaria de las condenas hacia los que considera provocadores irresponsables. Otros conjuntos de ciudadanos, más precavidos, dejaron trasminar algo de ese miedo que los ha poseído desde tiempo antes de las votaciones y se encerraron en nerviosa espera. Pero pocos han sido indiferentes, primero ante la densa, masiva, florida manifestación que engulló calles enteras de la ciudad, y después al escalón adicional en la lucha: el megaplantón que expropia una arteria política, quizá la principal del país. El trasfondo de la medida de lucha es clara: habrá un costo creciente al golpismo que vienen fraguando los grupos de poder en México. Grupo al que se le situó, de frente, una alternativa distinta, retadora e impertinente. Una que busca redimir al gobierno federal sin solicitar su permiso.

La masiva concurrencia, la tercera al hilo, se designó parte medular de la discordia ante aquellos que la obligan, por sus trampas y atropellos flagrantes, como defensa, como escudo y desfogue de sus penas. Pero el acto desquiciante, inicial de un real pleito, fue el macroplantón instalado a lo largo del Paseo de la Reforma, Juárez, Madero y el Zócalo. Un golpe de conejo a las conciencias tranquilas, a las reflexivas, aun para aquellas que corren en paralelo a la coalición y sus protestas, pero inclinadas a evitar toda confrontación directa o a minimizar costos, tan asociados como inevitables en estos menesteres de ganarse la propia dignidad.

Las reacciones en los medios de comunicación, ya muy alteradas por las protestas relámpago de la semana pasada, se verán incrementadas, en proporciones geométricas, en cuanto se observen, aquilaten y evalúen los efectos de la escalada callejera. La señal lanzada hacia el futuro por AMLO no dejará de ser alarmante para los que la han venido anticipando como consecuencia de su carácter autoritario. Las ambiciones desmedidas, sustrato predicado por doquier al Peje, serán convertidas en tsunamis por sus enemigos, tan confesos como enardecidos. Para otros es la confirmación del desquiciamiento, tanto del mismo movimiento como del personaje central del drama, ya predicho desde varias trincheras ideológicas. El porvenir no puede ser más halagüeño para los detractores de López Obrador: es el principio del fin, su tosco y hasta brutal despeñadero, entreven con fruición y furia a duras penas reprimida.

Mientras, a pocos o muchos pasos del plantón, continúa el proceso que escribirá su sentencia definitiva e inatacable. Allá por el sur, en apariencia inalterable por lo que sucede a su alrededor, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación prosigue en sus deliberaciones.

Hay quienes esperan, confiados en su habilidad, en su experiencia, patriotismo y hasta en su sabiduría, que resuelva el diferendo vuelto, por intromisiones y trampas, explosivo problema. Pero hay otros que no pueden depositar todas sus expectativas, el caudal de sus luchas pasadas y hasta sus mismas ansiedades por asegurar un futuro para la mayoría, en un grupo de magistrados falibles, sujetos a extremas presiones. Presiones, bien se sabe, voraces y armadas con riquezas disponibles, con instrumentos de acomodo para satisfacer biografías individuales.

Es mucho lo que los grupos de poder se juegan en la aventura que iniciaron cuando decidieron trampear todas y cada una de las etapas del proceso electoral. No la dejarán ahora en las manos, en las mentes, en la integridad de unas cuantas personas. Tratarán, por todos los medios, de alterar la solución en su beneficio. Exigen que el dictamen vaya de acuerdo a sus intereses, a sus macrointereses y sirva, una vez más, a su voracidad desbocada.

Es por esto que la escalada en la resistencia emprendida por la coalición Por el Bien de Todos sea, si bien se le mira, una incipiente e indolora etapa en el que puede ser (ojalá y no) un largo, penoso, cruento proceso de lucha por lograr una vida más democrática y justa para los mexicanos. Hoy el plantón duele y afecta, pero trata de evitar que mañana hiera y asfixie a miles, a todos.

 
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