Usted está aquí: jueves 3 de agosto de 2006 Opinión El gran circo de las historias en miniatura

Olga Harmony

El gran circo de las historias en miniatura

No voy a referirme a mi experiencia en la asamblea convocada el domingo 30 por López Obrador, porque creo que es la misma de los millones de ciudadanos que concurrimos a clamar por el recuento de los votos, uno por uno, pero sí querría yo hablar del grupo de familiares y amigos que portamos una negra camiseta con una frase de Benito Juárez, diseñada por la talentosa Ximena Granados, con el objeto de reivindicar para la joven artista visual la autoría de uno de los carteles que se colocaron en Avenida Juárez y que fue atribuido a Ximena Cuevas. También quiero decir que me cuesta trabajo ocuparme de lo referente a la infancia sin tener ante los ojos de mi mente las crueles fotografías de niños palestinos y libaneses despedazados por las armas de los israelíes, que han pasado de víctimas a victimarios, con lo que me solidarizo con lo expresado por Carlos Payán. Y ahora, a lo nuestro.

En primer lugar está el hecho de fallas en la comunicación de algún departamento del INBA encargado de ella (lo que demuestra, entre otras cosas, que la institución no sólo debe apoyar la escenificación de algunas obras, sino hacer la debida difusión, queja constante y fundamentada de nuestros teatristas), por lo que no me enteré demasiado tarde de que había una versión para adultos de El gran circo de las historias de miniatura por lo que fui a una función dedicada a los niños, gracias a que el Centro de Teatro Infantil de la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto sí me allegó la información debida.

Conocer a Hugo es quererlo y asistir a su teatro es contagiarse del deleite con que lo hace. ''Jugar es lo importante" se tituló la entrevista que le hizo Hilda Saray para el Perfil que le dedicó la revista Paso de gato en su número más reciente. Es un gran contador de historias, a veces de aventuras surgidas de una fantasía que se nutrió alguna vez con Salgari o con el gran Conrad, a veces de la realidad cotidiana o extraídas de su formidable erudición. Como se sabe, tiene sus propias ideas acerca de las maneras de hacer teatro y, aunque se pueda diferir de ellas, los resultados casi siempre lo avalan como un creador fuera de serie. Y sin embargo, por alguna razón lo que hace para niños no es lo óptimo dentro de su obra. Así lo atestiguan ese fracaso estrepitoso que fue 20,000 leguas de viaje submarino y ahora, en una medida más modesta, la versión infantil de El gran circo de las historias en miniatura en el que se incorpora en cierta manera a la tendencia del teatro narrado, esta vez apoyado por algunos, muy escasos, títeres de varas y una caja que en principio hacía esperar mejores cosas.

Los niños se aburren y es casi lo peor que puede pasar en un teatro dedicado a ellos. ''Para mayores de 10 años" se advierte en la publicidad, pero yo vi a algunos no tan pequeños removerse inquietos o adormilarse en la función a la que fui. Quizás pueda tener buen resultado con los púberes y adolescentes, siendo tan escaso lo que se hace para ellos en nuestros escenarios. Lo ignoro. A pesar del buen desempeño de Ramón Barragán como cuenta cuentos, las historias narradas -por éste, que es el gran hacedor de historias- carecen de fuerza y de intriga real, existe una ambigüedad en el cuento de Jack London, por ejemplo, que para los menores, tan afectos a lo directo y explícito, puede resultar sin interés, ya que nunca se explica la razón del extraordinario viaje en trineo ni quiénes son o dejan de ser los criminales. Se me puede alegar que no todo debe dárseles masticado y digerido y que deben emplear su imaginación, y estoy de acuerdo, pero siempre y cuando se siguieran los pasos de la primera escena, tras el gracioso duelo del actor con traje circense -en vestuario de Lorenza Manrique- cuando transformado en voceador de feria propone diversos espectáculos, ellos sí coincidentes con la imaginería del autor, pero después todo se vuelve plano.

A el escaso interés que los cuentos puedan tener para los niños, hay que sumar lo pobre de los títeres realizados por Mayra Correa e Hilaria Chío con asesoría de Pablo Cueto y que nos desconcierta sobremanera a los que recordamos Minotastasio y su familia. Lamento en verdad no haberme enterado a tiempo de las funciones para adultos, por lo que no pude verlas, y me quedo con el poco grato recuerdo de éstas para niños que se completan con la escenografía de Julia Reyes y la iluminación de Xóchitl González.

 
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