Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 13 de agosto de 2006 Num: 597


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Del deber de la desobediencia civil
HENRY DAVID THOREAU
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Una jornada
LUIS TOVAR

Poesía
Reseña de Ricardo Venegas sobre Por las tierras reunidas


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 


ANGELICA ABELLEYRA

DULCE MARÍA ALVARADO: MULTIPLICADA Y FOSFORESCENTE

Se siente multiplicada. Viste mitad Diego y mitad Frida, confecciona piñatas, se disfraza de payasa, pinta cacharros a la manera de Giorgio Morandi, ha sido maquillista de ópera, hace ofrendas de muertos, teje universos fosforescentes, investiga sobre el performance y trata de contagiar a quien se deje su pasión por los museos y el disfrute del arte. Por fuera, Moro es estridente, casi estrafalaria, pero cuando uno mira hacia dentro a Dulce María de Alvarado (df, 1955), resulta una tímida que guarda con cierto recelo lo que siente.

Su tataratío fue José María Velasco, su bisabuelo un taxidermista que llevó el daguerrotipo a Temascalcingo, pueblo de la familia, y su mamá elabora productos de azúcar. Por ellos, Moro creció entre colores e imágenes que inundaban la casa, más las posadas, y dirigirse hacia la plástica fue algo natural porque sabía manejar el papel y los materiales que en ella no tienen límites.

Un colegio de monjas y su férrea disciplina la formaron en un mundo de pecado. Pero ella logró zafarse poco a poco a partir de los viajes, especialmente uno que era su sueño recurrente que quería hacer real: conocer Japón. Por eso, acabando la secundaria, trabajó en una agencia de viajes, juntó dinero y recorrió los paisajes de Oriente que veía en fotos.

De regreso, Moro se casó y continuó con su afecto por los trabajos manuales en piñatas y papeles, aunque la pintura era todavía una palabra mayor que no acertaba a deletrear. Sólo cuando se divorció, empezó a estudiar la preparatoria, se metió de oyente a la Escuela Nacional de Artes Plásticas y tomó clases de historia del arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. Juntó los planes no realizados en diez años y los hizo todos, al mismo tiempo. En la enap, su tesis de licenciatura en Artes Visuales, Performance en México (2000), no sólo obtuvo mención honorífica; también se convirtió en referencia obligada en el tema que no encuentra una firma editorial que la publique. Empero, en el ciberespacio esta investigación se difundirá como libro virtual en la página 17, Instituto de Estudios Críticos, de Benjamín Mayer.

Con maestros como Francisco Castro Leñero, Marco Antonio Albarrán, Francisco Garduño y Teresa del Conde, se acercó con más confianza a la pintura. Pero fue con Melquiades Herrera con quien entendió que ella misma podía ser su obra y se convenció que usaría cualquier medio al alcance: ponerse nariz de bola roja, disfrazarse de Diego Rivera y Frida Kahlo, hacer un casting para el Juan Diego moderno. Además, para revertir el fenómeno tan lineal de distribución del arte, ideó el proyecto Encuentro Citado. La Obra te Visita (2002). Junto con la artista visual Cecilia León, provocaba el encuentro de una obra de arte con un espectador en específico, en su casa. Se trataba de recuperar el encuentro íntimo obra-espectador y darle el derecho a la pieza de lograrse en la medida que otro, diferente a su creador, la ve.

Como pintora, entre sus "cacharros" a la manera de las naturalezas muertas de Morandi (una de sus piezas fue seleccionada en la xi Bienal Tamayo, 2002); sus homenajes a la Reina Mariana, de Alberto Gironella, con pezones de Jabón Maja; los hilos y telas fosforescentes que confecciona para recordar la sicodelia de Lucy in the sky with diamonds, Moro se da otros tiempos para ganar dinero y vivir, siempre ligada al arte, aunque admite que a muchos de sus colegas creadores le salen ronchas porque la consideran "funcionaria" y apenas "artista de fin de semana".

En el área de difusión cultural y relaciones públicas ha prestado servicios en el Museo de Arte Moderno (1990-2001), en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda (2002-03) y el Museo Carrillo Gil (2003 a la fecha). Estar en el ámbito de los museos le fascina y le genera terror al mismo tiempo. Le gusta porque trata de derramar en los públicos su gusto por el arte. Pero convivir con obra día tras día le aterra porque se cuestiona todo el trabajo personal que hace. Acude a tantos talleres de artistas, ve tanta pintura, que se pregunta ¿y ahora que hago yo? ¿Por dónde me voy?

Las preguntas siguen siempre, en el aire, y Moro –la Morona que llamó así su padre por chiquita, cuando niña– por lo pronto recuperará ahora sus recuerdos de infancia tan ligados a las fosforescencias. Llenará botellas de agua con azul turquesa, tejerá rebozos chillantes, llenará de "diamantes" verde y rosa un plástico de burbujas… mucha costura, mucho trabajo de hormiga multiplicado, que a ella tanto le gusta.