Usted está aquí: martes 15 de agosto de 2006 Ciencias La práctica de la cesárea se ha convertido en epidemia: expertos

En el sector público se realiza en 43% de los casos; en el privado, de 80 a 85%

La práctica de la cesárea se ha convertido en epidemia: expertos

Los riesgos de mortalidad de siete a 10 veces mayores que en el parto normal

Consenso entre los especialistas en que no siempre es necesaria

"Se cobra más caro", otro de los factores

ANGELES CRUZ MARTINEZ/ I

Ampliar la imagen Durante la práctica de una césarea Foto: Fabrizio León Diez

De la mano del avance de la tecnología y la práctica médica, las cesáreas se han convertido en una epidemia que amenaza la vida de las mujeres y sus hijos. Lejos quedó la creencia de que ese procedimiento clínico contribuiría a reducir la mortalidad materna o las complicaciones de salud del recién nacido. No es así, y por el contrario, aseguran especialistas, el riesgo de muerte de la madre se incrementa de siete a 10 veces con respecto del parto normal, mientras el costo económico se triplica.

El tema ha ocupado la atención de los expertos mexicanos durante más de una década, sin que hasta ahora se haya logrado impulsar una estrategia nacional para reducir la cantidad de eventos obstétricos que concluyen con una intervención quirúrgica.

En 1985, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que no más de 15 por ciento de los embarazos deberían concluir con una cesárea, con base en los indicadores de países que reportan bajas tasas de mortalidad, como son los europeos y sobre todo los escandinavos, que logran niveles de hasta 10 por ciento.

Sin embargo, en México la frecuencia de las operaciones cesáreas ha aumentado en forma constante desde los años 50, cuando dos a tres por ciento de los embarazos se resolvían con ese procedimiento. Para los años 80 la frecuencia ya era de más de 30 por ciento en hospitales generales y de 42 por ciento en las unidades de alta especialidad. Un reporte de 2005 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) indica que en ese año 43.5 por ciento de los embarazos concluyó con una cesárea.

Actualmente, el porcentaje es más o menos el mismo en las instituciones públicas, pero en el sector privado llega hasta entre 80 y 85 por ciento, comentó Gregorio Pérez Palacios, director del Instituto Nacional de Perinatología (Inper) Isidro Espinosa de los Reyes.

Entre los médicos especialistas existe consenso respecto de que la mayoría de las cesáreas son innecesarias, inclusive en unidades como el Inper, donde representan entre 60 y 65 por ciento de los nacimientos atendidos. Pérez Palacios comentó que, en general, a esa institución llegan mujeres con embarazos de alto riesgo, la mayoría de los cuales está predestinada para una cesárea.

Aún así, indicó, existe un porcentaje con posibilidades de resolverse mediante parto normal. La dirección médica del Inper trata de determinar cuántas de esas intervenciones pueden evitarse.

Diversos factores han influido en el constante aumento de las cesáreas. Arnoldo Guzmán Sánchez, jefe del Servicio de Obstetricia del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara, quien ha dedicado varios años al estudio de ese fenómeno, afirma que los nacimientos por cesárea pueden ser motivo de invalidez para las madres y de lesiones graves e irreversibles para los niños.

Temor entre médicos y mujeres

En la década de los años 70 la atención de los médicos estaba centrada en el supuesto riesgo de lesión cerebral que se ocasionaba al producto en el momento del parto. Se generó miedo entre la comunidad médica y las mujeres. Sin embargo, a más de 30 años, las estadísticas dan cuenta de que el número de niños con este tipo de problema sigue siendo el mismo. La frecuencia de 0.5 a 1.5 por cada mil nacidos vivos se mantiene hasta la fecha.

Si se atiende el nacimiento de cien mil bebés, se supone que cien de ellos presentará lesión cerebral, pero de esos solamente cuatro se pueden atribuir al trabajo de parto. Estos datos, asegura Guzmán, están avalados por el Colegio Americano de Ginecobstetricia.

Otro factor es el avance de la ciencia y la tecnología médicas, los equipos modernos que han permitido mejorar la práctica de la cirugía y concluir un proceso de la manera más sencilla posible y, aparentemente, sin complicaciones.

El problema es que se ha abusado de esta práctica que, además, lleva implícitos serios riesgos a la salud de los pacientes por el uso de anestesia, la posibilidad de adquirir una infección nosocomial, principalmente en hospitales generales, donde los quirófanos se utilizan para diversos tipos de cirugía.

Pérez Palacios resaltó que la condición del producto se modifica en unos cuantos minutos y lo que parecía que iba a ser un parto normal, de pronto puede requerir de una cirugía o viceversa.

De ahí la importancia de que los embarazos y partos sean atendidos por personal entrenado, que dé seguimiento puntual al desarrollo del proceso de alumbramiento, con el equipo médico suficiente y, en el momento adecuado, se tome la mejor decisión para la madre y el producto.

En México este aspecto es uno de los principales obstáculos. Pérez Palacios, quien durante el sexenio pasado se desempeñó como director general de Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud (Ssa), recordó que en esa época se detectó que un hospital de Oaxaca hacía el mayor número de cesáreas debido a que sólo había un médico ginecobstetra que laboraba en el turno matutino. Con el fin de no dejar a las pacientes que en el transcurso de la tarde o noche iniciarían su trabajo de parto, el especialista las intervenía a todas durante la mañana.

La carencia de equipo y personal persiste en los hospitales del país, en particular en las zonas rurales, lo que dificulta cualquier estrategia encaminada a abatir el número de cesáreas. A ello habrá que sumar que, en los lugares donde sí los hay, los servicios de salud están rebasados por la alta demanda de atención.

Pérez Palacios señaló que en los países europeos, del sudeste asiático y de América del Sur, ha dado buenos resultados el entrenamiento de licenciadas en obstetricia, quienes tienen la capacidad para asistir un trabajo de parto de bajo riesgo.

En aquellas naciones, los médicos ginecobstetras están pendientes de cualquier llamado de emergencia. Con eso y un buen nivel de equipamiento es como han logrado disminuir las intervenciones quirúrgicas.

Práctica común en EU

Mientras tanto, en Estados Unidos, la mayoría de los embarazos concluyen con una cesárea, al grado, señaló, que cuando una mujer da a luz de manera natural, los médicos se agolpan en la sala de expulsión para "ver cómo se hace".

Respecto del sector privado, el elevado porcentaje de intervenciones quirúrgicas se explica porque "se cobra más caro" y en años pasados, las compañías aseguradoras cubrían los gastos de las cesáreas y no de los partos normales.

Pérez Palacios y Guzmán Sánchez coincidieron en que esta práctica se ha ido modificando, e inclusive algunas empresas cubren los partos normales con un monto mayor.

El director del Inper llamó la atención sobre la importancia de que en todos los hospitales del sector público, donde se atienden partos, se cuente con médicos u obstetrices capacitados, un equipo de monitoreo fetal, con el que se puede dar un seguimiento puntual a la frecuencia cardiaca del producto y detectar cuándo el proceso de alumbramiento se empieza a complicar.

Hasta ahora nuestro país ha carecido de un programa nacional permanente para abatir el número de cesáreas. Ha habido campañas, cursos de capacitación, pero sin continuidad. Esto es como la planificación familiar o la vacunación, explicó Pérez Palacios, estrategias exitosas que bajo ninguna circunstancia se pueden descuidar.

 
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