Usted está aquí: jueves 17 de agosto de 2006 Cultura Ponen en escena ''las obsesiones individuales atoradas en el pasado''

Una obra de Anja Hilling forma parte de la programación de Dramafest

Ponen en escena ''las obsesiones individuales atoradas en el pasado''

En Alemania es difícil vivir como joven dramaturgo, expresa la autora a La Jornada

CARLOS PAUL

Ampliar la imagen La dramaturga Anja Hilling, quien visitó por primera vez México, para asistir al estreno de su obra Mi joven corazón idiota Foto: David Baltzer

Aun cuando Alemania es uno de los países en los que existe un vigoroso apoyo al teatro, ''es difícil vivir como dramaturgo, sobre todo para los jóvenes autores", explica en entrevista con La Jornada, Anja Hilling (Lingen, Alemania, 1975), quien en 2005 fue considerada la mejor autora dramatúrgica joven en su patria.

De visita por primera vez en México, para participar en el Festival Internacional DramaFest, Hilling era -y todavía es-, mesera de profesión y dramaturga por vocación.

Alta, delgada y reservada en sus respuestas, la dramaturga comenta que trabaja dos veces por semana como mesera en ''un bar alternativo bohemio" en Berlín, al tiempo que se dedica a la dramaturgia.

''Quiero, por supuesto, vivir como autora, pero como esto no es fácil, siempre es importante contar con un sustento o ingreso extra", expresa.

En Alemania, prosigue, ''generalmente los textos (de jóvenes autores) son escenificados en teatros pequeños, con temporadas cortas y, con sus excepciones, nunca más se vuelven a representar. Eso me parece muy triste, pues uno se esfuerza mucho para escribir teatro y casi siempre luego se olvidan".

Soledades y anhelos

Para Hilling, quien por su obra Sterne (2003), obtuvo el premio Dresdner Bank para jóvenes dramaturgos, ''muchos de nuestra generación ya no vemos como un tema el encuentro que se produjo entre los teatreros del este y el oeste. Yo era demasiado joven cuando cayó el Muro y para mí es algo normal, cotidiano, que hoy no existan distinciones''.

Con estudios de filología alemana y ciencias del teatro, así como de escritura escénica en la Universidad de las Artes de Berlín, Anja considera que sí existe una generación de dramaturgos de 30 años, y ''quizá su denominador común es que no hay denominador común. Sus trayectorias son muy individuales, en función de la autorrealización, lo que quizá no sea bueno, no lo sé, pero así es".

Sin embargo, coincide en señalar con la directora alemana de teatro Christina Paulhofer, que esos autores sí están influidos por la cultura pop, el arte visual contemporáneo y, sobre todo, por la televisión.

''Eso impacta mucho, pero no sólo en Alemania y en mi generación, sino en todos los países, lo cual no importa mucho, pues ya no hay manera de cambiarlo."

Anja Hilling llegó al país para, en el contexto de DramaFest, ver el montaje de su obra Mi joven corazón idiota, estrenada en 2004, en el Teatro de Munich, y que aquí es dirigida por el joven director mexicano Hugo Arrevillaga Serrano.

Ese texto, explica la creadora alemana, fue escrito en principio como un monólogo del personaje de la señora Schlüter, mujer cuyo propósito es suicidarse, pero fracasa.

''La idea era hacer una obra muy pequeña, sin embargo en ese monólogo fueron apareciendo los demás personajes. Ellos, mediante su presencia, con sus propias soledades y anhelos, le impiden a la mujer, de alguna manera, consumar el suicidio.''

Puesta sin tiempo lineal

''Me sorprendió -prosigue Anja Hilling- que la obra se montara también en México y que las personas se pudieran ver reflejadas respecto de su temática, porque yo la pense más en el contexto de una sociedad de la abundancia, como Alemania u otros países, donde los individuos viven muy solos y sus anhelos son producto de esa soledad. En México o en otros países ese tipo de soledad no se percibe de igual manera, pues como que se tiene una vida familiar mucho más concentrada, existe un contacto humano, personal, más intenso que lo que hay en mi país.

''Es una obra en la que no existe un tiempo lineal cronológico; hay muchos saltos, reflejo también de las obsesiones individuales de los personajes, que están como atoradas en el pasado.

''No creo volver a escribir un texto así, en cuanto a que es uno que está como enamorado del lenguaje. Siento que hay una gran uniformidad lingüística, es decir, haciendo una especie de autocrítica, como que no hay una gran diferencia en cuanto al lenguaje empleado por cada uno de los personajes.

''Cuando uno se enamora demasiado del lenguaje -destaca la dramaturga alemana-, acaba hablando de sí mismo como autor, y ya no se deja que los personajes sean los que se expresen, porque parecería que lo que importa es la belleza del lenguaje.

''Ahora escribo de otra manera. Lo importante, pienso ahora, es precisamente dejar que los personajes hablen, quizá no con un lenguaje tan bello."

Hasta el momento, Anja Hilling ha escrito siete obras: Estrellas; la segunda fue Mi joven corazón idiota, a la que le siguieron Monzón, Protección, Bulbus (palabra inventada), Angeles y recientemente terminó de escribir Un negro animal de la tristeza.

Con las actuaciones de Lucero Trejo, Karina Gidi, Constantino Morán, Dardo Aguirre, Raúl Adalid y Humberto Busto, dirigidos por Hugo Arrevillaga, Mi joven corazón idiota se escenifica martes, miércoles y jueves de agosto, a las 20 horas, en el teatro El Granero, del Centro Cultural del Bosque (Paseo de la Reforma y Campo Marte, entrada por Parque Lira).

 
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