Usted está aquí: jueves 17 de agosto de 2006 Opinión México SA

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Carlos Fernández-Vega

"Cerca del 7 por ciento" de crecimiento económico

El inquilino de Los Pinos realiza sus propios cálculos, ajusta los resultados a su muy libre entender

Ampliar la imagen El presidente Vicente Fox, acompañado de Alfredo Elías Ayub, encabezó la ceremonia del informe de logros 2000-2006 de la Comisión Federal de Electricidad Foto: Jesús Villaseca

Suele desechar los "datos duros" que -regularmente- no le agradan, y aunque las cifras oficiales dan cuenta de una raquítica tasa anual promedio de "crecimiento" económico en el sexenio (2 por ciento), el presidente Fox ni siquiera se sonroja al pregonar que "ya estamos cerca del 7 por ciento".

Como tradición obliga, en días previos al informe oficial sobre el comportamiento económico trimestral, el inquilino de Los Pinos realiza sus propios cálculos, "ajusta" los resultados y los acomoda a su muy libre entender, si es que en realidad algo entiende. Así, con la chistera del "cambio" en la mano, automáticamente trasforma un 5 por ciento de crecimiento en un trimestre (el gran garbanzo del sexenio) en -"ya casi"- 7 por ciento de avance anual, y, ya entrado en gastos, en la sobrada superación del compromiso de campaña.

En lo hechos ha sucedido exactamente lo contrario, pero si de solucionar pequeñeces como la descrita de trata, nada como la varita mágica presidencial y su país de las maravillas. Todo ello porque el INEGI divulgó ayer lo resultados económicos correspondientes al segundo trimestre de 2006, que son buenos, como los del primer trimestre, pero se asocian al generoso crecimiento del gasto gubernamental a lo largo de los primeros seis meses del año, casualmente los de la campaña electoral (desarrollo social 54 por ciento, salud 45, seguridad pública 40, por ejemplo).

Es la primera vez en el sexenio que el gobierno foxista libera -no por casualidad- el gasto público (obvio es que con fines electorales de "manos limpias") y los resultados económicos están a la vista: 5.5 por ciento de crecimiento en el primer trimestre del año y 4.7 por ciento en el segundo, algo -sin ser la octava maravilla- nunca registrado en el "cambio". Concluido el proceso electoral, cerrará la llave, y la economía, una vez más, a dar vueltas a la noria.

De allí la conclusión presidencial de que "ya casi" la economía crece al 7 por ciento, y -dado su particular uso de la calculadora- nada raro sería que afirmara que "ya crecemos al 10.2 por ciento", ergo, "cumplimos de más el compromiso de campaña".

Lo cierto es que con todo y ese impulso extraordinario (siempre en la eventualidad que se mantuviera en el segundo semestre de 2006), la tasa anual promedio de crecimiento económico con Fox sentado en Los Pinos será más que deplorable.

Aun si 2006 concluyera con un avance de 5 por ciento en el producto interno bruto, dicho promedio anual llegaría, con las uñas, a 2.33 por ciento, el menor de los últimos tres sexenios presidenciales (o el peor, si se prefiere, desde tiempos de Pascual Ortiz Rubio, para no ir más atrás en la historia, sin considerar a Miguel de la Madrid, que se cuece aparte), a pesar de los multimillonarios excedentes petroleros, la creciente inyección de remesas y la abundancia de narcodólares en la economía mexicana.

En el mejor de los casos, 2.33 por ciento como promedio anual, contra 3.5 por ciento en tiempos de Ernesto Zedillo y 3.9 por ciento en los de Carlos Salinas de Gortari. Al inquilino de Los Pinos podría servirle de consolación que en el sexenio de Miguel de la Madrid el promedio anual fue de 0.34 por ciento, pero entonces Fox tendría que inventarse "problemas estructurales", macrodevaluaciones, fuga de capitales e inflación galopante (constantes en el periodo 1982-1988) para justificar su raquitismo económico.

Con todo y la varita mágica del presidente Fox, los organismos internacionales estiman que la economía mexicana crecerá 4 por ciento en 2006. En el último año de los tres sexenios anteriores, el crecimiento oficial fue el siguiente: Miguel de la Madrid, 1.28 por ciento; Carlos Salinas de Gortari, 4.46, y Ernesto Zedillo, 6.64. Y en los periodos constitucionales completos 0.34, 3.9 y 3.5 por ciento, respectivamente. Con Fox, 2.33 por ciento, en el mejor de los casos. Entonces, ni por dónde celebrar.

Esas son las cifras gruesas, que documentan el raquitismo económico del país. Sin embargo, el problema se agudiza cuando se conoce cómo se reparte el pastel del crecimiento y el ingreso. La rebanada gruesa (40 por ciento) se la come el 10 por ciento más rico y la más delgada (1.8 por ciento) se reparte en migajas entre el 10 por ciento más pobre.

Mientras el de la varita mágica es feliz y el 10 por ciento de la población celebra que "el de Fox ha sido un sexenio maravilloso", el INEGI precisó que el PIB aumentó 4.7 por ciento en términos reales durante abril-junio de 2006. Por sector de actividad, el industrial creció 3.9 por ciento a tasa anual, servicios 5.1 y agropecuario, silvícola y pesca 7.6 por ciento.

Las rebanadas del pastel:

De la lectoría y los reclamos de Concamin y Concanaco: "¿No te parece una casualidad que estén despidiendo precisamente a trabajadores con Seguro Social? Podríamos pensar que es una artimaña de los empresarios para, al mismo tiempo, denostar el plantón y hacer nuevas contrataciones sin prestaciones. Son capaces de eso y más".

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