Usted está aquí: domingo 20 de agosto de 2006 Opinión Poesía mexicana del siglo XX en España

Juan Carlos Elijas*

Poesía mexicana del siglo XX en España

Tarragona, España. La presencia de la literatura mexicana en la cultura española ha desplegado sus alas con el nuevo milenio.

En marzo de 2001 la editorial barcelonesa DVD daba a luz Contemporáneos, una edición de Blanca Estela Domínguez Sosa, en la que se ofrece un breve estudio sobre Villaurrutia, Owen, Gorostiza, Novo y Cuesta, entregando al mismo tiempo un ingente material poético (en casi todos, prácticamente, la obra completa).

El premio Cervantes 2005 viajó a Xalapa para encontrarse con las manos de Sergio Pitol. En el acto de entrega, en Alcalá de Henares, pronunció un discurso en el que la libertad adquiría una soberana importancia entre fragmentos de la sempiterna novela del hidalgo caballero y su escudero, o lo que es lo mismo, la imperecedera novela de la Poesía y la Historia.

También en 2005, la segunda edición del premio Federico García Lorca fue para José Emilio Pacheco, poeta tenido en cuenta en las deliberaciones finales de los premios Cervantes y Príncipe de Asturias.

Ya en 2006, la editorial Hiperión presenta Tigre la sed. Antología de poesía mexicana contemporánea (1950-2005), fruto de una recopilación de Víctor Manuel Mendiola y estudios preambulatorios de Miguel Angel Zapata y Miguel Gomes.

Sin ir más lejos, el interés por tales temas atravesó las fronteras españolas. En el país vecino la profesora Beatrice Menard organizó el curso Option litterature bispano-americaine. La poesie des Contemporáneos en la Université de Nanterre-Paris X entre febrero y mayo de 2005.

Con estos precedentes, el campo se hallaba abonado para un nuevo curso de verano de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, titulado Poetes mexicans del segle XX, a cargo de la Tertulia de Poesía Mediona 15, que ya había dedicado sus estudios a la poesía ecuatoriana en 2004.

A la hora de seleccionar los seis autores a estudiar, se intentó ofrecer un panorama completo, con representación de lo más granado, a pesar de las dificultades que entraña escoger a unos y dejar fuera a otros, aun a sabiendas que desde alguna perspectiva podría caerse en cierta injusticia. Así, los poetas Xavier Villaurrutia, José Gorostiza y Salvador Novo, como representantes "oficiales" de los Contemporáneos, Carlos Pellicer como coetáneo de los mismos y artífice de una obra paralela anclada en bases diferenciadoras, el ineludible y aglutinante puente que significó Octavio Paz camino de la segunda mitad del siglo y Juan Bañuelos como autor de una obra que rompió con la estética de arte puro sin abandonar el interés por los autores internacionales y al mismo tiempo, sin dejar de lado la raíz sureña de sus orígenes, con un canto plural cuya voz perdura desde hace ya cuatro décadas.

Si los Contemporáneos habían dotado de internacionalidad a la poesía mexicana, bebiendo de Estados Unidos y Europa, Paz aportó universalismo y conocimiento a una cultura lírica a la que hoy se le hace difícil eludir la losa que reza, entre concluyente e irónica: "la poesía mexicana descansa en Paz". La antología Poesía en movimiento (1915-1966) había presentado textos de más de 40 poetas cuya obra se hallaba comprendida entre ambas fechas. Los autores más recientes en ella incluidos son los que respondieron, inicialmente, a lo que podría llamarse "poesía social", con ese apellido tan incómodo que a veces recibe la Poesía.

Los acogidos bajo el nombre de La espiga amotinada habían publicado un volumen colectivo en 1960 y otro en 1965. De los cinco (Zepeda, Oliva, Shelley, Labastida y Bañuelos), es éste último el único que ha seguido desarrollando un proyecto poético sólido y coherente con los principios poéticos que lo vieron nacer como persona y como poeta.

Su manifiesta relación con catalanes en los años de formación (constantemente ha hablado en entrevista de Andrés Fábregas o Agustí Bartra) y su defensa a ultranza -aun con riesgo de su vida- de las autonomías de las comunidades indígenas, se pensó que tendrían su eco -salvando toda diferencia- en la actual España especialmente sensibilizada con el tema de sus propias autonomías y sus incipientes estatutos descentralizadores. Sin ir más lejos, un reciente referendo ha aceptado un nuevo estatuto de autonomía en Cataluña y otras comunidades inician procesos similares.

La dinámica del simposio incluye la presencia de uno de los poetas sometidos a estudio (así, en 2004, el invitado fue el ecuatoriano Iván Carvajal). Cuando se calibraban todas estas posibilidades, en la librería Cervantes de Barcelona, un establecimiento de libros de segunda mano, el Dr. Juan González Soto, director del mencionado curso Poetes mexicans del sigleXX, halló (valga el azar) un volumen de El traje que vestí mañana, la obra reunida de Bañuelos, editada en 2000 y agotada la edición de 4mil ejemplares. "Qué os parece -comentó González- si intentamos tener con nosotros a Juan Bañuelos?"

Y así fue, a pesar de los contratiempos ocasionados por las huelgas chantajistas de los pilotos de Iberia, Juan Bañuelos habló en Tarragona de la poesía mexicana del siglo XX, desde López Velarde a las últimas tendencias. Leyó poemas de las mujeres chiapanecas fruto de los talleres que imparte desde hace 30 años y leyó sus propios poemas en el Ateneu de Barcelona, gracias a la atención de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, dejando un halo de autenticidad y solidaridad, mostrándose una vez más como la voz de los sin voz, mientras en México se llevaba a cabo el escrutinio de los últimos comicios.

Poeta español nacido en Tarragona

 
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