Usted está aquí: domingo 20 de agosto de 2006 Opinión ¿LA FIESTA EN PAZ?

¿LA FIESTA EN PAZ?

Leonardo Páez

Para no aburrir

Ampliar la imagen Detalle taurino

LA VIDA DEL espectador transcurre con tal monotonía que a veces la magia del toreo logra romperla fugazmente. Ahora, si los toreros son igual de monótonos, ¿qué pueden hacer? Tener presentes algunos factores básicos para no aburrir, así como tomar en cuenta la naturaleza y expectativas del público. Entre otras:

EL PUBLICO DE toros no va a divertirse, sino a emocionarse a partir de la bravura del toro y de la estética, personalidad, valor, dominio, o una combinación de éstos, del torero. En nuestro medio, para divertirse, sobran las comicidades involuntarias.

DE AHI QUE, desde su inconsciente, todo público taurino espera ser acariciado emocionalmente por aquello que puedan realizar el torero y el toro, hasta alcanzar un estado de ánimo colectivo de catarsis, purificación y transformación interior. Lo que se llama la "magia negra de la lidia".

IGUALMENTE, TODO DIESTRO ha de entender que su responsabilidad como torero es también una particular habilidad para responder, tanto ante sí mismo como ante el toro y el público, por lo que debe echar mano de todas sus capacidades de respuesta, no sólo con el firme propósito de no aburrir, sino además de que se le recuerde con agrado.

INTERIORIDAD O EL convencimiento de que sólo haciendo un buen contacto interno consigo mismo, el coleta logra hacer un buen contacto con el público, obtener su atención y su entrega. Más que habilidad de actor, desplegar, vestido de luces, su capacidad de dar y recibir amor. O, si se prefiere, procurar tocar, reflejar y encauzar los sentimientos del público desde los sentimientos del torero.

EL ESPECTADOR, QUE es mayoría, no analiza ni recuerda planteamientos de faena, ni técnica, ni condiciones del toro, ni razonamientos, sino aquello que le hace sentir, que remueve su ánimo y emoción, por lo que un lidiador tiene la obligación de ser receptivo de cada público, cada tarde, ante cada toro.

EN TERMINOS GENERALES, los públicos suelen ser 50 por ciento sensitivos, 40 por ciento visuales y apenas 10 por ciento auditivos, de ahí la necesidad de tener muy presentes esas características concretas y actuar en consecuencia.

POR ELLO, TODO intento de faena debe traducirse en una propuesta eficiente e intensa de comunicación emocional, que refleje, convenza y acaricie el alma de quien mira. En esa medida es que los públicos recuerdan y desean volver a ver a determinado torero.

MANTENER CONTACTO VISUAL, es decir, no olvidar que todo ruedo es un escenario y todo torero un actor, "en cuya representación puede morir de verdad", por lo que debe procurar el contacto visual con el tendido, voltear a ver rostros, aprobatorios o encrispados y sonreír o encararse, pero siempre retroalimentarse. Asimismo, hacer uso de ciertos ademanes para enfatizar o enmarcar las emociones que sienta al comenzar o concluir una tanda. Periódicamente mirar al tendido, para información del lidiador y agradecimiento del público.

TOMAR EN CUENTA estas sencillas sugerencias garantiza que, si no se llega a figura, por lo menos no se aburra el aspirante ni el respetable, lo que ya es un logro.

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