Usted está aquí: lunes 4 de septiembre de 2006 Opinión ¿Muertes de fin de sexenio?

Editorial

¿Muertes de fin de sexenio?

La decisión de la Procuraduría General de la República (PGR) de atraer el caso del asesinato de Francisco Obel Villarreal Ontelo, director de operaciones de Integradora de Servicios Operativos Sociedad Anónima (ISOSA), ejecutado el martes de la semana pasada en esta capital, es un dato alarmante más en el turbulento fin de sexenio en el que el grupo en el poder tiene sumido al país.

De acuerdo con las autoridades capitalinas de procuración de justicia, los indicios en la muerte del ejecutivo apuntan no a un episodio más de la inseguridad y la delincuencia comunes, sino a un crimen fraguado por el entorno laboral de la víctima: fundada en 1993 por el actual secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, quien según documentos no desmentidos posee uno por ciento de las acciones, ISOSA es considerada un auténtico "hoyo negro" de la administración federal, por el cual han desaparecido más de nueve mil millones de pesos, e instrumento de la continuidad que enlaza al salinismo con el foxismo. En torno a esa entidad, el presente régimen ha tendido un férreo cerco de opacidad y se ha negado, con las argucias más insostenibles, a informar puntualmente sobre sus operaciones.

La determinación de la PGR de ejercer su facultad de atracción en este caso incrementa en forma exponencial las sospechas. El argumento de que el asesinato fue cometido con un arma de uso exclusivo del ejército sería inexplicablemente pueril si el episodio fuera un asunto de delincuencia común, porque una buena parte de los homicidios atribuibles a la inseguridad pública en el territorio nacional se perpetran precisamente con esa clase de armas, y la institución supuestamente encargada de procurar justicia en el ámbito federal se abstiene, por regla general, de invocar semejante razón y deja las pesquisas en manos de las autoridades locales.

El pretexto del calibre del arma para la atracción de las investigaciones remite obligadamente a los asesinatos políticos o de Estado ocurridos en las postrimerías de los dos sexenios anteriores. Así ocurrió, por ejemplo, con los de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, a fines del de Carlos Salinas, crímenes que la PGR se encargó de enmarañar y confundir hasta el punto de llevar las pesquisas a un grado de completa inverosimilitud.

La Presidencia siguiente, la de Ernesto Zedillo, transcurrió en medio de muertes que fueron presentadas a la opinión pública como suicidios: las del ex magistrado Abraham Polo Uscanga, la de un funcionario capitalino vinculado a las trapacerías de Oscar Espinosa Villarreal que "se suicidó" de dos disparos en el corazón, la de un oficial mayor de la PGR que se metió un tiro en el paladar sin que se le cayeran los lentes y la más sonada, la de Raúl Ramos Tercero, subsecretario de Comercio y encargado del turbio Registro Nacional de Vehículos (Renave), quien "se quitó la vida" con una navaja de trabajos manuales en las inmediaciones de La Marquesa.

La recurrencia de homicidios o "suicidios" de políticos encumbrados y de altos funcionarios en los momentos finales de los dos sexenios anteriores, aunada a investigaciones que culminaron en verdades jurídicas llanamente increíbles para la opinión pública, generó en la sociedad la percepción de que estaba ante ajustes de cuentas internos en el seno del grupo gobernante o de sórdidos preparativos para las transiciones presidenciales.

El grupo enquistado en el poder durante el foxismo, sin ser exactamente el mismo que en los gobiernos precedentes, sí ha incorporado a importantes funcionarios salinistas y los ha colocado en puestos claves, además de que ha mantenido virtualmente intacta la política económica del zedillismo. El presente momento finisexenal es, con mucho, el más grave de los que ha vivido el país en la historia moderna, porque, si bien la simulación económica no permite ver aún los escenarios de desastre que el foxismo legará al próximo gobierno, se ha llevado al país a una crisis política sin precedentes en muchas décadas. Ante la evidente descomposición del grupo gobernante, cabe preguntarse si al de por sí sombrío panorama actual no va a agregarse el de los asesinatos de fin de sexenio, y si el de Villarreal Ontero no es el primero de la serie.

 
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