Usted está aquí: viernes 8 de septiembre de 2006 Opinión Mercosur nuclear y soberanía nacional

Raúl Zibechi

Mercosur nuclear y soberanía nacional

Con diferentes énfasis, ritmos y alcances, los dos principales países del Mercosur (Brasil y Argentina) decidieron relanzar sus programas nucleares, prácticamente desmantelados durante el periodo neoliberal. Se trata de una doble apuesta: a la diversificación de la matriz energética y a la recuperación de la soberanía nacional, fuertemente afectada por los gobiernos anteriores que optaron por someterse a los dictados del Consenso de Washington.

Dos semanas atrás el gobierno de Néstor Kirchner lanzó un ambicioso plan de energía atómica que prevé terminar la construcción de la central de Atucha II, interrumpida en 1994 durante el gobierno de Carlos Menem. En Argentina funcionan dos centrales atómicas, Atucha I en Buenos Aires y Embalse en Córdoba, que proveen 4 por ciento de la energía que consume el país. El problema argentino es que el 90 por ciento de las necesidades energéticas se satisfacen con gas y petróleo. Cuando comenzó la era de las privatizaciones, el país contaba con reservas de petróleo para 14 años y de gas para 34 años. Ahora las reservas de ambos hidrocarbuos se agotarán en sólo ocho años. Las empresas privatizadas dejaron de invertir en prospección, la inversión menos segura y rentable, y las reservas del país se despeñaron.

La situación energética de Argentina es sumamente delicada y en pocos años puede pasar de exportador a importador. De ahí la urgencia de Kirchner por diversificar la matriz energética y, sobre todo, por hacer que el plan nuclear elimine "la atrofia tecnológica, científica e industrial" en que lo sumió el periodo neoliberal, según estima el analista energético Federico Bernal (Página 12, 3 de septiembre de 2006). En paralelo, Argentina inaugurará un reactor nuclear en Australia antes de que finalice 2006 y posteriormente podría poner en marcha otro en Venezuela, entre Ciudad Bolívar y el delta del río Orinoco, según un acuerdo entre ambos gobiernos en el que participa la petrolera Pdvsa.

Brasil, por su parte, inauguró a principios de mayo su primera planta de enriquecimiento de uranio, en el municipio de Resende, en Río de Janeiro, con lo que ingresa al selecto grupo de países que dominan esa tecnología: Estados Unidos, Francia, Rusia, Reino Unido, Japón y Holanda. El país cuenta con dos plantas nucleares, Angra I y Angra II, y tiene en construcción una tercera que comenzará a funcionar en 2013. De esta manera Brasil se consolida como potencia emergente. Cuenta con las sextas reservas del mundo de uranio y ahora dejará de enviar el mineral al exterior para ser enriquecido, lo que le permitirá ahorrar millones de dólares. Pero lo más importante es que los brasileños desarrollaron una tecnología propia, asegurándose de ese modo la independencia respecto de las grandes empresas que monopolizan el negocio del uranio enriquecido.

En 2004 el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva se negó a permitir inspecciones irrestrictas de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), con el argumento de que un acceso total a sus centrifugadoras de uranio lo pondría en riesgo de espionaje industrial. Cuando comenzó a enriquecer uranio, en mayo pasado, la agencia Associated Press difundió un artículo asegurando que Brasil "sigue cautelosamente el camino de Teherán", ya que está siendo capaz de "producir exactamente el mismo combustible". El 8 de mayo, el italiano Corriere della Sera aseguraba que la tecnología nuclear brasileña es de las más modernas del mundo, ya que sus centrifugadoras son "más eficaces que las utilizadas en Estados Unidos y en Europa".

Tanto la iniciativa brasileña como la argentina no son bien vistas en la Casa Blanca. El gobierno de Lula no oculta que su programa nuclear está vinculado, además de la generación de energía eléctrica, a la construcción de un submarino nuclear. Pero el aspecto clave lo señaló Peter Stania, del Insituto Internacional para la Paz, de Viena, quien dijo a la BBC en octubre de 2004 que "si Brasil logra enriquecer su propio uranio y deja de importarlo estaría en posición estratégica de independizarse de los países grandes en ese ramo. Y eso afectaría la posición estratégica de Brasil como potencia emergente, que busca un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU".

Brasil y Argentina tienen un Acuerdo de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), y la colaboración en la materia puede profundizarse. Además, Argentina y Venezuela proyectan inversiones nucleares comunes. Más allá de la posición que defienden los ambientalistas, de rechazo a la energía nuclear, los planes de los países líderes del Mercosur deben verse como parte de su lucha por la soberanía. El primero de septiembre un encuentro de ministros de Economía del Mercosur, realizado en Río de Janeiro, confirmó que hacia fin de año se presentará un proyecto piloto para desdolarizar el intercambio comercial entre Argentina y Brasil, al que pueden sumarse Paraguay y Venezuela. Y acordaron llevar una postura común del bloque a la asamblea anual que el FMI realizará el 19 y 20 de este mes en Singapur, donde exigirán mayor participación en las decisiones del organismo.

Simultáneamente, se realizó en Caracas la tercera reunión de la Comisión Estratégica de Reflexión sobre el proceso de integración sudamericana, donde discutieron la institucionalidad de la región. En consonancia, el Senado argentino aprobó a finales de agosto el protocolo que crea el Parlamento del Mercosur, que podría comenzar a funcionar antes de fin de año. Cristina Fernández de Kirchner, primera dama argentina, señaló en Caracas que este es un "excelente momento" para la integración regional.

En momentos de debilidad de Estados Unidos, los principales países sudamericanos están avanzando a pasos de gigante en el rediseño del mapa regional. Los nuevos planes nucleares, la búsqueda de una moneda alternativa al dólar y la institucionalización del Mercosur, parecen ser el emergente de un proceso destinado a cortar amarras con el imperio. En pocos años, la región puede presentar un panorama enteramente diferente al de décadas atrás.

 
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