Usted está aquí: viernes 8 de septiembre de 2006 Opinión Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Angel Velázquez

La hora de los canallas

Llegar al poder para enfrentar al poder

Agoreros embozados en el sol azteca

En el reloj de la política, fatalmente, siempre llega la hora de los canallas. Las voces de la villanía presagian, cada que pueden, con acentos diferentes, una supuesta ruptura en las filas del PRD. Se ufanan por saber que la traición acecha, detrás del interés económico de los miembros de ese partido.

El escaño, la curul, el puesto y la quincena, se proponen como las formas disruptivas que habrán de lograr que muchos miembros de ese organismo abandonen cualquier tipo de lucha que no reditúe poder o dinero.

El Distrito Federal, como la forma organizativa más importante, en cuanto a número de militantes y de corrientes internas del partido del sol azteca, supone, por eso, la parte más delicada.

Pero el reloj político aún no marca esas horas. Si bien es cierto que el filo de los cuchillos asoma por los entretelones que cubren la ambición de algunos jefes tribales, también es verdad que, por el momento, una buena parte de esos jefes han sido rebasados por la propia militancia que les exige seguir en la coalición, y pegados a la resistencia civil.

Sin embargo, la lucha en las calles ha servido también para que esos jefes trabajen en las cañerías del PRD, en busca de los puestos de poder que les permitan asestar el golpe en el momento más conveniente para los adversarios.

A esos momentos, algunos jefes tribales les llaman acuerdos, para disfrazar la canallada, y aseguran que sólo por esa vía, la de la traición, la del convenio vergonzoso, se puede llegar a lapsos extendidos de gobernabilidad para la ciudad.

Tomar el poder para enfrentar al poder suele ser la tesis que manejan. Buscar en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal el control de la diputación perredista, que es mayoría, para oponerse al gobierno central, por ejemplo, será una de las fórmulas que se podrán ver, casi en lo inmediato.

Y partir de allí, para encontrar las razones de la traición, no es nada difícil, por el contrario, el canalla siempre encuentra el camino alfombrado, siempre logra las alianzas que le ayudan a hundir el cuchillo en la espalda de los de su propio signo.

Aún faltan por ocurrir muchas cosas en el PRD. Los presagios de ruptura no atienden a la realidad, porque esos, los presagios, no quieren ver que la convicción de la gente por hacer del movimiento de coalición algo mucho más importante que una tribu o un partido, ya se ha desatado y camina en ese rumbo desde hace un muy buen rato.

Por eso hay quienes se afanan en precipitar la atrocidad, y repiten y repiten el presagio sin que suceda; por eso los canallas aún no acaban de afilar sus armas. El movimiento, ellos lo saben, ha tomado el destino que la gente buscaba y eso ha creado el caparazón que lo convierte en invulnerable.

La democracia de baja calidad urge ahora, por el mandato de la gente, reinventar la democracia. Hay, desde luego, quienes esperan aún sacar beneficios de la confusión actual, pero todo indica que los más miran al futuro con otras esperanzas.

Por eso, cuando menos hasta ahora, la hora de los canallas no ha sonado en el reloj de la coalición Por el Bien de Todos, pero tendrá que estar atenta porque el tiempo sigue su marcha y prevenir es el mejor camino para evitarlos.

Y hasta donde se sabe, en una muy buena parte del PRD los ánimos están en su punto más alto y la convención democrática nacional que propuso López Obrador tiene el total consenso de la militancia, de los jefes tribales, que en algún momento podrían quedarse solos, ¿quién sabe?

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