Usted está aquí: domingo 10 de septiembre de 2006 Deportes ¿LA FIESTA EN PAZ?

¿LA FIESTA EN PAZ?

Leonardo Páez

Qué partida, Silverio (I)

CON LA DESAPARICION física de Silverio Pérez se fue también la última referencia de un México capaz de gustarse a sí mismo, de expresarse y de vivirse sin postraciones ni indignidades; se fue también el torero más querido del público de nuestro país y el artista
de los ruedos que, con su estilo y su concepto del tiempo al realizar las suertes, logró reflejar una mexicanidad hoy desvanecida.

TRAS EL FALLECIMIENTO, en noviembre de 2005, de doña María de la Paz Domínguez, esposa del Faraón de Texcoco a lo largo de 67 años, sólo pude conversar un par de veces con Silverio, que sumido en sus recuerdos y reflexiones veía pasar el tiempo desde el sofá de la luminosa sala de su casa en Pentecostés.

EL SER HUMANO, el ídolo, el mito, conservaba invariable su trato condescendiente ante el desfile de preguntas de unos y otros, sin dar muestras de aburrimiento, con una memoria privilegiada y un hablar claro y pausado, con esa su capacidad extraordinaria de lidiar y consentir a sus interlocutores y con su exquisita aptitud para conciliar -que no para dar la suave- criterios y diferencias de opinión y aun de información.

ENTRE OTRAS COSAS me decía: "Ahora tengo unos mareos que no tuve en mis buenos tiempos. No, nunca me mareé con la fama ni perdí piso porque tuve el ejemplo de mi hermano Carmelo, que habiendo sido un señorón del toreo nunca perdió piso, aunque se murió a los 22 años.

"SIEMPRE HE SIDO muy creyente. Antes de torear, iba a la Villa y le pedía a la virgen que me ayudara, y casi siempre salía distinto a la plaza. Cuando en El Toreo de la Condesa le confirmé su alternativa a Manolete, no quise defraudarme ni a mí como torero ni a mi pueblo.

"COMO POLITICO -TRES veces alcalde de su Texcoco natal y una vez diputado federal- toreé muchos festivales benéficos para mi municipio, pero no supe de politiquerías. La última vez que fui presidente municipal algunos simpatizantes me lanzaron como precandidato a gobernador del estado de México. Recuerdo que me llamó el presidente Díaz Ordaz y me dijo: 'Usted fue matador y pedía permiso a la autoridad, ¿no? Así es', le respondí. 'Bueno, pues se le olvidó pedirme permiso para aspirar a la gubernatura de su estado. El próximo gobernador va a ser Carlos Hank González, póngase a sus órdenes'.

"SIEMPRE LE PEDI a Dios no ser imbécil ni ingrato, por eso no me preocupaba si las distinciones eran a la persona o al torero retirado. En todo caso Díaz Ordaz ya no me dio juego, seguramente por mi desconocimiento de las habilidades políticas. Pero el hecho de haber podido corresponder un poco a mi gente desde el poder, fue una gran satisfacción.

"CUANDO MI PADRE murió en un accidente de carretera, nos dejó dos edificios y estos terrenos de Pentecostés. Yo tenía ocho años. Y cuando murió mi hermano Carmelo, dejó un coche Ford nuevecito, que de inmediato tuve que cambiar por un camión marca Reo, de dos y media toneladas. No había cumplido los 16 años y sin embargo conseguí una licencia de manejo gracias al general Gómez Velasco, entusiasta carmelista."

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