Usted está aquí: lunes 11 de septiembre de 2006 Capital Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Angel Velázquez

Fin de los arreglos cupulares

Las corrientes que no jalan parejo

Desconsideradas mentadas de madre

Es muy probable, casi lógico, que el próximo día 16, en las calles de la ciudad de México, y con el concurso de gente de todo el país, se inicie la primera gran reforma política popular de esta nación.

Y junto con ello, la vida de los partidos políticos, como los conocemos, podría dar un giro si la idea es sobrevivir a las demandas de la población, que esta vez no soportará y protestará rechazar los acuerdos políticos que no incluyan sus reclamos.

Los tiempos del arreglo cupular, donde privan las concertaciones de beneficio para quienes lo realizan, terminaron. De frente a la gran manifestación de descontento que se muestra en todo el país, pero principalmente en el corredor Reforma-Juárez-Zócalo, ya no caben mayores preguntas, el camino lo trazó la injusticia.

El momento de la gente llegó, propiciado por el revivir del sistema autoritario priísta, ahora en manos de los azules del Partido Acción Nacional, y encabezado por Vicente Fox, quien ha contratado a Felipe Calderón como su satélite, cuestión que de entrada lo inhabilita para ser el presidente de todos los mexicanos.

Por eso la gente ha tomado en sus manos el destino de México. Es difícil imaginar los cómos, pero la decisión ya se ha tomado y será en la convención nacional democrática donde se decida.

Pero las definiciones sobre lo que pasará el próximo fin de semana en las calles del centro de la ciudad de México, con respecto a la ceremonia del Grito, primero, y el desfile militar y la convención nacional democrática el día después, ya fueron decididas, aunque no precisadas, y para llegar a ellas se mostraron ciertas diferencias entre quienes discuten, casi a diario, las tácticas y las estrategias de la resistencia civil pacífica, de la coalición Por el Bien de Todos.

Por lo pronto, el grupo es consistente. No hay mayores fisuras, se comenta, pero sí existen voces discordantes que apuntan hacia la tentación, siempre presente, de dejar que las cosas sucedan, que se llegue a acuerdos de espaldas a la gente, y que la protesta vaya muriendo por falta de motivación.

En esas reuniones hay quienes, por ejemplo, propusieron dejar que Vicente Fox diera el Grito, y que López Obrador se convirtiera, nada más, en otro de los asistentes a la celebración, aunque no descartaron la manifestación popular en contra de Fox, a la que consideran inevitable.

En este caso, una de las voces que se ha levantado con mayor dignidad política es la de Jesús Ortega, quien sostuvo que la festividad debe ser encabezada y efectuada desde el liderazgo de López Obrador, aunque muchos de los seguidores de Ortega en Nueva Izquierda, principalmente los del Distrito Federal, no sigan sus pasos.

Por lo que hace al plantón, el análisis se planteó con diferentes argumentos. Tal vez uno de los más importantes es el que señala que el trabajo político en las colonias casi se ha abandonado porque los líderes se hallan, todos, en el plantón.

Esa consideración, la de dar por terminado el plantón para arreciar el trabajo en las colonias de la ciudad, y en los estados de la República, se ha tomado muy en serio, pero otras voces advierten que, en lugar de pensar en levantarlo, lo mejor será evaluar la fuerza que mantiene.

Y es que hay gente, como el delegado electo de Venustiano Carranza, que pide cesar esa manifestación, porque a él no le gusta que muchas personas le mienten la madre, sin ninguna otra consideración. Así, la verdad, no se puede.

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