Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 17 de septiembre de 2006 Num: 602


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Una biografía de Elena Garro
ELENA PONIATOWSKA
O Proust o nada
CARLOS ALFIERI
Entrevista a ALESSANDRO PIPERNO
Tras los párpados del sueño, Henry Roth: cien años
CARLOS PINEDA
Al vuelo
ROGELIO GUEDEA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
Y Ahora Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Tetraedro
JORGE MOCH


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Carlos pineda

Tras los párpados del sueño,
Henry Roth: cien años

Bien se sabe, la fortuna de libros y autores está determinada por factores incomprensibles que a veces son incluso contradictorios, cuando no absurdos. Por ello, la historia literaria está siempre transformándose de modos que sólo podemos comprender a través de la perspectiva que nos otorga el tiempo. Las modas, los prejuicios, las cortes literarias, e incluso la actitud del autor para con su obra, son los elementos más visibles de los periplos por los que puede pasar una publicación; así, el otrora Premio Nobel termina en la tortura más dolorosa para un escritor: no ser leído, y en su lugar, el autor que pasó bajo su sombra, sin laurel o sambenito, surge (resurge) del polvo de la Historia.

Este es el caso de la obra germinal de Henry Roth (1906-1995), escritor de lengua inglesa y raíces judías que en nuestro medio intelectual ha sido malamente ignorado (¿desinterés o desdén?, ¿quizá desconocimiento?), pero que sea lo que fuere, en este su centenario natal, es preciso revalorar aquí y ahora su legado literario.

Roth publica en 1934 la que es quizá su novela más representativa: Call It Sleep, un clásico de la literatura judeoamericana, cuya primera edición pronto cae en el olvido bajo una sombra de treinta años de espesor.

Cuando en 1907 Roth emigra con su familia hacia Nueva York, de su natal Tysmenica, Austria-Hungría, emprende un doble viaje iniciático: primero, al imitar (sin comprender), las costumbres ajenas más básicas del comportamiento social cotidiano; después, al transformar y adecuar su plano psicológico en pro de un "sano" equilibrio entre lo aprendido con antelación (y las reacciones afectivas y/o intelectivas consecuentes de este aprendizaje), y una realidad que lo hostiga, lo descontextualiza y lo enfrenta con una lengua ajena: materia de aire incendiario que constantemente lo aísla. Esta circunstancia socava la confianza del "yo" en sí mismo, lo que lleva a la (su) identidad a resquebrajarse, por lo que, para impedir la caída vertical al vacío, precisa anclarse (como primer estrategia de sobrevivencia) en la lengua materna: en el yiddish.

Esta fractura en su devenir cotidiano y los posteriores conflictos producto del choque con la otredad agreste, guiarán a Roth en su primera juventud a sublimar a través de la escritura el desajuste psicosocial sufrido. Como se sabe, la lengua materna es para los transterrados (como para el escritor) su única posibilidad de patria, tan es así, que es el único recurso con que se cuenta para evitar perder por completo el horizonte histórico y la conciencia de pertenencia a una cultura.

De entrada es preciso puntualizar, para evitar desvaríos en el lector que se acerca por vez primera a la novela que nos ocupa, que la dimensión onírica enunciada en el título de la obra esconde tras de sí una realidad perturbadora, una pesadilla que de continuo habita tras los párpados del sueño; por ello es que Call It Sleep es una obra que debiera frecuentarse con el ánimo calmo, dispuesto a reconocer en las sombras a los cuerpos, y en éstos, a los pensamientos obnubilados que entre líneas deambulan.

Varios son los aciertos compositivos de Call It Sleep, como la impecable factura de su tejido prosístico, sin embargo, no es sólo por los aciertos técnicos que se le considera referencia obligada para comprender la literatura norteamericana de los años treinta del siglo pasado, sino por la finura en el trazo del perfil y el lúcido planteamiento de la arquitectura psicológica de los personajes: seres de letra y silencio, que llevados por el viento de la cadencia y el trote rítmico de la narración, aciertan llegar a lugares insospechados en las lindes de la verosimilitud lingüística; espacios a los que la narrativa norteamericana de su tiempo no había accedido.

Vayamos al centro neural del texto. Call It Sleep abarca, en el tiempo de la narración, seis años de la vida en un guetto neoyorquino del niño judío David Schearl. Sin embargo, este aparente hilo narrativo unidimensional al cual se ancla el relato, se transforma, conforme avanza la novela, en una suerte de estructura ribosomal que lanza sus líneas narrativas en un espectro mucho más amplio del que habíamos calculado, construyendo una trama de varias "historias" que se entrelazan alrededor de la mirada aglutinadora del narrador: el amor edípico de David por su madre; la vida inestable y neurótica de un padre paranoico y violento que convierte en una pesadilla la vida cotidiana de su hijo y su mujer; la iniciación sexual de David a través de un juego que él considera invasor de su cuerpo; y, sobre todo, el conflicto que sufre como recién venido a tierras extrañas al chocar frontalmente con otra lengua.

Pero más allá de la puesta en escena de los conflictos psicosociales planteados, cabe destacar que una de las dimensiones creativas en que Call It Sleep es una novela innovadora en su capacidad para crear estructuras lingüísticas que fungen como proyectores de atmósferas. En este sentido, es preciso poner énfasis en la inusitada vigencia de su descripción de la cotidianidad opresiva del Nueva York de aquellos años, tan intolerante como el de hoy. Por supuesto, esta opresión constante obliga a que el individuo construya barreras al derredor suyo, para salvaguardar lo más valioso que tiene: su identidad, su conciencia de ser diferente; diferencia que (está seguro) no debe perderse, sino muy por el contrario, afirmarse. Esto es, salvaguardar la diversidad, no permitir que la homogeneización destruya las características intrínsecas de su cultura.

En este sentido, la versión original en inglés de la novela le depara al lector que tenga la fortuna de acercarse a ella, un viaje alucinante por la lengua anglosajona en sus entrecruzamientos con el yiddish, el italiano, el irlandés… tanto a partir de la mezcla de idiomas que se habla en las calles, como por el "inglés" usado por David, que refleja puntualmente el mosaico lingüístico de la heterogénea población neoyorquina. Si bien esta "contaminación" lingüística es en sí una aportación sumamente original de Roth a la prosa norteamericana de aquellos años, su mayor acierto, en este aspecto, es la invención, de parte de David (Roth sublimado), de una lengua "artificial" en la cual se refugia y que usa para cifrar sus pensamientos más íntimos; lengua construida para fugarse de la cotidianidad, y por supuesto, como memoria imaginaria.

A pesar de que una lectura superficial pudiera invitarnos a creer que Call It Sleep es una novela de contenido "social", tomando en cuenta que Roth se enlista en el Partido Comunista en 1933, no existe en toda la obra una crítica a la manera marxista, ni viso alguno de política panfletaria o diatriba amarillista contra el modo de ser de la sociedad norteamericana, sino, eso sí, una profunda introspección y análisis psicológico de los personajes, de los cuales nos muestra su interior en constante pugna consigo mismo, con los otros, y con todo el infierno que representa la convivencia social forzada, hipócrita y vacía de (casi) toda la humanidad.

Roth, como todo gran escritor, tiene grandes influencias, padres literarios que ya han sido señalados puntualmente por los estudiosos de su obra de los cuales aquí comentaré únicamente el que, a mi juicio, es uno de los más significativos, me refiero a James Joyce. Como es bien conocido, este autor irlandés le da un vuelco trascendental a la manera de concebir y escribir la novelística de principios del siglo pasado, en específico, con el desarrollo del llamado monólogo interior. Estrategia discursiva que pretende que el narrador desaparezca tras los pensamientos de los personajes, con lo que los lectores podemos acceder (sin que el personaje lo sepa) a su intimidad psicológica. Es precisamente a través de esta técnica que Roth nos muestra el interior psicológico de David, en constante pugna entre lo que cree que debe de ser, lo que es (en apariencia), y lo que "verdaderamente" es. Así, Roth se convierte a través de Call It Sleep en el introductor del monólogo interior en la novela norteamericana, lo que la coloca (con las reservas propias del caso) como una obra de vanguardia que inserta a la literatura estadunidense en la historia de las innovaciones narrativas de principios del siglo XX.

El silencio en que hibernó esta novela de Roth no asfixió ni a la obra ni al autor, más bien, se convirtió en un excelente fermento para la decantación de su novelística posterior. Así, en 1964, reedita Call It Sleep con gran éxito de venta y la consecuente revaloración de la obra por parte de la crítica, la que pronto la ubicó en su justa dimensión en la historia de la literatura norteamericana. Treinta años después, en 1994, edita Mercy of a Rude Stream (título tomado de Enrique viii de Shakespeare), y en 1995 Driving Rock on the Hudson. En octubre de ese año, muere Henry Roth, dejando para su edición póstuma, en 1996, From Bondage.

Ahora, ante los malos presagios que se dejan entrever en el horizonte de la Historia, es necesario volver la mirada a las páginas de Call It Sleep, para obligar a la memoria, a través de la prosa devastadora de Roth, a mirar el presente (nuestro presente) como reflejo caduco y lamentable del pasado, de un pasado ignominioso que todos creíamos no iba a volver, pero que ya está de nuevo aquí. Así las cosas, más vale que nos digamos a nosotros mismos, a modo de consuelo y para evitar la inevitable frustración, la frase con la que cierra el libro de Roth: one might as well call it sleep.