Usted está aquí: lunes 18 de septiembre de 2006 Opinión JAZZ

JAZZ

Antonio Malacara

Discoterapia

Ampliar la imagen Integrantes del grupo Los Dorados FOTOArchivo

EL CODIGO POSTAL. Trío jalapeño con Paco Aragón en una guitarra acústica que eventualmentre se empala en el flamenco; con Alain Derbez en el sax soprano, la producción, la composición de tres temas cumplidores y la creación de una coda poética de altos vuelos, y al centro, una impresionante, apacible y agradecible voz a cargo de Mece Merari, mujer-canción.

NOS SORPRENDE LA facilidad con que el aliento y la textura de la Merari logran penetrar en las líneas de la melodías para renovar, sin quitarles una coma, sus contenidos; cómo reivindican piezas de la talla de La última canción (la de Paulo Sergio, no la de Rubén Fuentes) con sólo deslizar la voz en ella... y la canción no es la misma.

PRIVADO-PUBLICO (TAMBIEN de Pentagrama) es una selección de boleros tradicionales que educaron sentimentalmente a toda una generación (o a dos) y que aquí se pervierten y santifican en los devaneos apenas perceptibles del jazz, del flamenco y hasta de algunos escurridizos pasajes de Bizet. La guitarra y el sax se mantienen expectantes, mientras la voz ilumina y oficia en plenitud la velada.

LA SEGUNDA ENTREGA de Los Dorados, más que un disco, es un centro ceremonial donde el espíritu dual del cuarteto refrenda su visión de la música, su visionario sentido del ser contemporáneo, donde las atmósferas y las texturas dejan de ser meros recursos de apoyo para convertirse en ejes protagónicos del quehacer jazzístico, pero sobre todo (y va de nuez) donde la búsqueda se convierte en encuentro para que los músicos puedan seguir viviendo y creyendo que vale la pena intentar.

NADA COMO ACUATIZAR en el futuro remando a brazo partido.

TURBULENCIA (ED. DE Autor, 2006) comienza con un groove que pareciera nos va a llevar al swing orquestal de los años cuarenta, y lo que hace es lanzarnos en catapulta a un laberinto multiforme (que valga el pleonasmo) donde al escucha no le queda de otra más que poner todo de sí para integrarse a la propuesta y escribir su propia versión de los hechos.

DESPUES DE HABER recorrido meticulosamente el silabario y los principios elementales del jazz, Los Dorados sacan sus alforjas, pródigas en ecos rocanroleros y en matices vanguardistas, los hierven entre la furia y lo sublime, eventualmente los aderezan con pizcas de scratch o de riffs setenteros, y emprenden viajes compartidos por el micro y el macrocosmos, que no es lo mismo pero es igual, diría Silvio.

EL CLIMAX SURGE a mitad del camino, en un reverente canto tribal que invoca a los espíritus ancestrales, y éstos, cautelosos y sonrientes, complacidos, bajan a ras de suelo para saludar el quehacer artístico y la gritería mística del jazz de vanguardia. Salud.

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