Usted está aquí: jueves 12 de octubre de 2006 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega

Gil Díaz encabezó la asfixia del Bancomext

A ese banco se lo obligó a participar en el rescate de consorcios que quebraron

Amediados de 2004, el presidente Vicente Fox anunció el "proceso de reinvención total" de la banca de desarrollo en México, aunque el objetivo central se limitó a lograr que el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) se fusionara con Nacional Financiera, comandada por Mario Laborín, uno de los cachorros del Grupo Monterrey en el gobierno del "cambio".

Felizmente la Comisión Permanente del Congreso rechazó la intentona, por considerarla "una solución inadecuada que lesiona aún más la capacidad del Estado mexicano y del sistema financiero para apoyar el desarrollo sostenido y equitativo de México... El Congreso estima que preservar estos dos bancos es un imperativo nacional, dado que la banca extranjera no apoya a la planta productiva. Liquidarlos o fusionarlos es privar al país de instrumentos eficaces de política".

No obstante la oportuna intervención legislativa, el gobierno federal se empeñó en desaparecer, por la vía de los hechos, al Bancomext, retirándole cualquier tipo de asignación presupuestal y trasladándole la responsabilidad de empréstitos autorizados por Los Pinos, más por razones políticas que financieras.

Así, de 1994 a 2005 el crédito de esta institución se desplomó 60 por ciento y la cartera vigente 63 por ciento, mientras se desmoronaban las utilidades hasta acumular 146 millones de dólares en pérdidas. Como siempre, a los trabajadores de la institución se les pasó la factura: la plantilla de personal se redujo 42 por ciento. En el sexenio foxista se aplicaron cuatro recortes. Además, se cerraron consejerías en el exterior, módulos comerciales y centros de operación en diversos estados de la República, debilitándose el capital humano y la infraestructura de apoyo integral a la cadena producción-exportación.

El gobierno federal ''obligó a seguir ese camino, pero nunca se preocupó por resolver el quid del asunto: la ausencia de una política industrial y de competitividad sistémica, combinada con la creencia de que, por razones de costos, era conveniente fusionar o desaparecer al Bancomext. Esta creencia derivó en acciones y omisiones que redujeron sensiblemente la histórica contribución de la banca pública al desarrollo económico'', como lo subrayan el Sindicato Unico y Democrático de los Trabajadores y de la Asociación de Jubilados y Pensionados del Banco Nacional de Comercio Exterior.

El impulso de la actividad exportadora, pues, se vio mermada por un gobierno que presumía lo "fuertes que somos" en este renglón. De 1994 a 2005 el financiamiento de la banca comercial al sector privado, como porcentaje del PIB, se desplomó de 43 a 8 por ciento, pero sus utilidades netas -especialmente a partir de 2000- crecieron como la espuma.

Esa es parte de la "reinvención total" presumida por el actual inquilino de Los Pinos, que en el caso de Bancomext se traduce en arrinconamiento, porque el gobierno asignó recursos presupuestales a otras entidades del sector público para programas y acciones de promoción del comercio exterior, como en el caso de la Sagarpa y la Secretaría de Economía: 2 mil 400 y mil millones de pesos, respectivamente, en "apoyos" y "gastos" relacionados con la promoción del comercio exterior, mientras a la institución que por ley está encargada de tales funciones se le retiró todo recurso fiscal para ese fin.

La banca privada y otras instituciones de la banca del Estado se han beneficiado con el "saneamiento" de su cartera por el Fobaproa-IPAB, el otrora Fideliq y el Ficorca o Fiderca. Bancomext no recibió el mismo trato; fue obligado a participar en el "rescate" de algunos consorcios (entre ellos el WTC, Gutsa y Juan Diego Gutiérrez Cortina, con todo y familia) que han significado cuantiosos quebrantos, y ha tenido que asumir las consecuencias del conflicto diplomático con el gobierno cubano, sin que operara para Bancomext la garantía del gobierno federal.

Las citadas agrupaciones advierten sobre "la gran responsabilidad de las autoridades en el deterioro de de Bancomext. No reconocieron los cambios dramáticos del entorno y las oportunidades de acción para la banca de desarrollo, y aplicaron normas y sistemas de controles absurdos y extremadamente estrictos, lo que asfixió a la institución. Su falta de visión y flexibilidad se combinaron con un claro conflicto de intereses de algunos miembros del consejo directivo (la Asociación de Bancos de -en- México) más dedicados a proteger los intereses de la banca privada y algunas organizaciones empresariales que los del Bancomext y los de México".

No sólo eso : "las autoridades financieras (Francisco Gil a la cabeza), con el ánimo de favorecer a la banca privada, obligaron a Bancomext a tomar operaciones crediticias no atractivas para aquella, a privilegiar la solución y el litigio jurídico versus la solución negociada. Todo ello, más el hecho de sujetar a sus funcionarios y órganos de gobierno a una normatividad que privilegia la mediocridad y la falta de decisión, han deteriorado la imagen, operación, cartera y resultados de una institución que fue ejemplar en el mundo, como banco e institución de desarrollo".

Las rebanadas del pastel:

Uno de los prohombres de la elite empresarial del país, Gastón Azcárraga, presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, sólo sirvió de "puente" para extranjerizar a Mexicana de Aviación. El gobierno se la regaló diez meses atrás y ya anuncia el "riesgo de quiebra" de la aerolínea... Es la "reinvención total", pues.

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