Usted está aquí: sábado 14 de octubre de 2006 Opinión Desfiladero

Desfiladero

Jaime Avilés

Tabasco: la guerra contra AMLO

Torturan brutalmente a perredistas en Villahermosa

Ahora el odio lo esparce el venezolano J.J. Rendón

Televisa se negó a difundir espots a Raúl Ojeda

Ampliar la imagen Aspecto de Cuernavaca, donde desde hace tres semanas miles de toneladas de basura son apiladas en las calles FOTONotimex

Anteayer, jueves 12 de octubre, víctima de una penosa enfermedad, murió el periodista Javier Orellana en un hospital de Monterrey. Activista que luchó por las causas más nobles, tenía apenas 46 años. En honor a su memoria van los párrafos que siguen.

Un peligro para Tabasco

Se equivocan quienes dicen que las elecciones de mañana en Tabasco reditarán la vieja pugna local entre Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador. No es así. Es un nuevo episodio, el tercero -el segundo transcurrió hace dos meses en Chiapas-, de la guerra de la ultraderecha empresarial contra el hombre al que más de un millón de personas, reunidas el pasado 16 de septiembre en el centro de la ciudad de México, reconocieron como "presidente legítimo" de este país.

No, esta vez Madrazo no cuenta. Desde que fue derrotado el 2 de julio, sobre todo por los gobernadores de su propio partido que favorecieron al PAN, Madrazo ha pasado la mayor parte de estos meses en el departamento de lujo que tiene en Miami, junto a los de Arturo Montiel y Joaquín López. Está muy deprimido, según mis fuentes, y "prácticamente no se ha metido" en el proceso tabasqueño, entre otras cosas porque no se lleva con el candidato del PRI, el químico Andrés Granier, ni con la dirigente estatal, Gina Trujillo; ambos rompieron con él cuando era "gobernador" de aquellas verdes, ricas y pantanosas tierras, donde por cierto no usaba como herramienta de trabajo la violencia brutal que está desplegando el PRI en estos días bajo la batuta del gobernador saliente y prominente, Manuel Andrade, y con la asesoría del fabricante de propaganda negativa, el tétrico venezolano J.J. Rendón, a los cuales apoyan la dirección nacional del PAN, es decir, el Yunque; la oficina de Vicente Fox (antes llamada "Presidencia de la República") y, por supuesto, Televisa.

Una fuente de la coalición Por el Bien de Todos me contó que las repetidoras de Televisa en la zona se negaron a transmitir mensajes de la campaña de Raúl Ojeda Zubieta, pero no tuvieron empacho en difundir, a toda hora, los del PAN, partido sin peso político en la entidad, que repetían frenéticamente "Ojeda es un peligro para Tabasco". La tramposa fórmula probada con relativo éxito en la "elección" nacional, usada después en Chiapas ("(Juan) Sabines es un peligro para Chiapas"), volvió a esparcir su veneno en Tabasco, a ciencia y paciencia de las autoridades locales.

A lo anterior agréguese la intervención de Hildebrando, la empresa del cuñado del presidente "electo" (sic), que maneja en favor de Granier el padrón de los programas asistenciales del "gobierno" foxista, lo cual no es novedoso de ningún modo. Como tampoco lo es, de manera complementaria, la existencia de bodegas clandestinas atiborradas de bicicletas, materiales para construcción y enseres domésticos que la estructura del PRI va a repartir mañana, junto con dinero en efectivo, para comprar el voto de los más pobres.

Lo decididamente nuevo es la violencia feroz de días recientes, que es un recurso desesperado para contener al aparato del PRD, fortalecido por activistas y militantes procedentes de todo el país. Como en elecciones locales anteriores, los servicios de espionaje de López Obrador en Tabasco, es decir, la gente que está en todos lados y todo lo sabe y lo cuenta, desde la semana pasada denunció la ubicación de bodegas repletas de mercancías adquiridas por el PRI.

Y, como en elecciones anteriores, éstas fueron ocupadas a la brava por la estructura estatal del PRD y sus refuerzos procedentes de la ciudad de México y del resto del país, evocando, por ejemplo, una escena de hace seis años, cuando Carlos Imaz y el entonces senador por Chiapas, Rutilio Morales, encabezaron la toma de un centro secreto de cómputo, en una acción en la que hasta un balazo hubo, porque se le fue al encargado del establecimiento.

Siempre, al menos desde 1994, las cosas en Tabasco habían sido así. Pero en esta contienda hay dos elementos extras. Uno es J.J. Rendón, que identificó a los activistas no tabasqueños del PRD como una especie de "extranjeros" para propiciar su linchamiento en los medios. Y el otro es la saña desplegada por la policía estatal en contra de esos "invasores" que, según repetían ayer los merolicos radiofónicos de la ciudad de México, "llegaron a Tabasco para acabar con la elección (sic)".

Avanza el museo de Fox

En realidad, ante el incremento de la capacidad operativa de los perredistas, que la semana pasada le quitaron al PRI más de 20 mil bicicletas guardadas en bodegas clandestinas, el prominente Andrade jugó al contragolpe el pasado martes. Primero mandó una camioneta con 12 judiciales con armas largas a "investigar" el robo de un coche en una de las casas de campaña de Ojeda, donde la gente obligó a los policías a retirarse, y después, en pos de un supuesto "cuarto de guerra", envió a más judiciales que buscaban a una niña presuntamente secuestrada.

No lograron entrar en ninguno de los inmuebles, pero desataron una cacería de brujas que, hasta el momento, ha metido en la cárcel a 21 perredistas, todos no tabasqueños, de los cuales ocho fueron consignados ya a la prisión estatal, y todos, todos sin excepción, torturados brutalmente; a uno, por ejemplo, le desprendieron una retina.

Pero mientras la violencia foxista arrecia en Tabasco, en Chiapas amenaza con quitarle la gubernatura a Juan Sabines y en Oaxaca sigue fomentando la ingobernabilidad, todo lo cual habla ya de una crisis política mayor que bien puede incendiar al sureste.

Para fortuna del país, sin embargo, el museo de Fox y Marta Sahagún tiene ya un boceto muy avanzado en Cuernavaca, donde desde hace tres semanas miles de toneladas de pestilente basura se amontonan en las calles, evocando la integridad moral del primer presidente panista y dando cuenta a la vez de la obra material de su sexenio.

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