Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 15 de octubre de 2006 Num: 606


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
¡Hoy marchamos, mañana…!
ROBERTO GARZA ITURBIDE
Ante Tàpies
JACQUES DUPIN
Para Antoni Tàpies
ANTONIO SAURA
París d’Antoni Tàpies
PERE GIMFERRER
Cuatro fragmentos para Antoni Tàpies
JOSÉ ÁNGEL VALENTE
Con la misma inquietud de cuando era joven
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ
Entrevista con ANTONI TÀPIES
El cine y el Guinness
RICARDO BADA
Al vuelo
ROGELIO GUEDEA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
Y Ahora Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Danza
MANUEL STEPHENS

Tetraedro
JORGE MOCH


Directorio
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JAVIER SICILIA

A LAS PUERTAS DEL TEMPLO
LA VITA BREVIS, DE VICENTE LEÑERO


Vicente Leņero

El sábado 22 de septiembre un grupo de amigos nos reunimos en casa de Vicente Leñero a escuchar la lectura de la adaptación que el propio Leñero hizo para teatro de la obra de Jostein Gaarner, Vita brevis. La pieza, escrita en 2004, no ha sido, por desgracia, ni representada ni publicada. Sin embargo, fue un placer escuchar en boca de Leñero esta maravillosa adaptación.

La obra de Leñero, a diferencia de la de Gaarner, que se desarrolla como una carta escrita por la concubina de San Agustín –Floria en la novela y en la pieza, anónima para la historia– al propio Agustín, no es un monólogo –como podría haberlo hecho un adaptador ajeno a la vida de la creación literaria– sino una confrontación teológico-espiritual entre Floria, San Agustín y Santa Mónica. En este sentido, la Vita brevis de Leñero, al igual que El padre Amaro y otras adaptaciones que ha hecho de obras famosas para cine es, más que una adaptación, una obra personal. Pertenece a esa escuela medieval y renacentista de la que soy devoto, en la que los autores abordan temas que otros han tocado para crear una obra nueva, distinta y original.

Fuera del anacronismo que siempre he criticado en la obra de Gaarner –la concubina de San Agustín, una mujer del siglo iv, jamás habría pensado como Floria cuya mentalidad pertenece a las conquistas feministas del siglo XX – la pieza de Leñero es magnífica. Al igual que la de Gaarner –y esto exculpa su anacronismo–, no quiere ser una obra histórica, sino una confrontación entre el espiritualismo, influido por el maniqueísmo que arrastraba el San Agustín de antes de su conversión, y el platonismo que sirvió como base interpretativa de la Revelación a ciertas corrientes de los primeros siglos del cristianismo y que aún pesa en la Iglesia contemporánea, y una visión encarnacionista representada por Floria; es también, como tela de fondo, una reflexión freudiana en la que San Agustín, que no tuvo el psicoanálisis y que le endilgó a la Iglesia ese terror por el cuerpo, el sexo y el mundo que tanto mal nos ha hecho, sucumbe ante el Edipo de una Mónica dominante y castradora que ha hecho del espiritualismo cristiano el refugio de un matrimonio atroz y el camino en que podrá por fin poseer al hijo en la totalidad de un mundo espiritualizado.

A mí, sin embargo, la parte que más me conmueve es la primera. En ella, Leñero, fiel al drama del cristiano moderno, nos narra la historia de una tensión. Para San Agustín y Santa Mónica –el rostro de la Iglesia institución– escapar a la ambigüedad de la carne y del amor humano "frente al gozo de la vida espiritual, el placer de los sentidos carnales [...] no tiene punto alguno de comparación"; para Floria –el rostro del laico moderno– es la de asumir la alegría del mundo y del amor humano en su pura gratuidad y concretud: "En mi humilde opinión no es más que soberbia el impulso de rechazar esta vida [...] en favor de una existencia que quizá no sea más que una abstracción." A medida que la tensión crece en la conciencia de los personajes, la solución queda diferida. Fiel al punto de vista inaugurado por Henry James, del que Leñero es un gran conocedor, el escritor mexicano deja resonar los dos puntos de vista sin tomar partido: la exaltación de un espiritualismo que niega la carne en nombre de un poder total y el descubrimiento del peso del mundo y del amor humano: los sobrenatural que se enfrenta a lo maravilloso: el sueño de la desencarnación, que ha cobrado formas demenciales en los poderes tecnológicos del hombre moderno y sus máquinas que nos crean la ilusión de escapar a nuestros límites carnales, y la afirmación de la encarnación en donde el hombre encuentra las alegrías de lo cotidiano.

Quizá la verdad se encuentre en medio: ahí donde el hombre, ese ser de carne, al descubrir el rostro de lo increado en la sencillez de lo creado, encuentra en los límites de su carne el punto de equilibrio entre el más allá y el acá; ahí en ese sitio que Floria deja entrever al decir: "No temo a Dios, Agustín. Tengo la sensación de que vivo con él. Es un Dios cariñoso que nos ha credo el mundo para que vivamos en él."

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-cm del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro y liberar a los presos de Atenco.