Usted está aquí: martes 17 de octubre de 2006 Opinión Por mi raza

Javier Flores

Por mi raza

El año pasado la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ocupó el lugar 95 entre las mejores universidades del mundo. Hoy ocupa el lugar 74. ¿Qué significa para un país como México contar con una institución de educación superior e investigación de clase mundial?

"Por mi raza el espíritu hablará." Esta frase, que es una modificación de su lema, es parte del himno de la UNAM que aprendí gracias a mi maestro de música en la preparatoria número 2. En esa escuela, inicialmente situada en San Ildelfonso y luego en la calle Licenciado Primo Verdad, en el Centro Histórico de la ciudad de México, tuve a los mejores maestros de matemáticas, el mejor laboratorio de biología (con sus balanzas analíticas y sus pequeñas pesas; con las cuidadosas disecciones en conejo y rana) y el laboratorio de física. Las mejores lecciones de francés y de literatura. Leímos completas la Ilíada y la Odisea, el Quijote, El lazarillo de Tormes, entre muchos otros textos clásicos. Y con mis compañeros fuera de clases, a Hemingway, Marx, Engels, Lenin, Mao, Rosa Luxemburgo, León Trotsky, el Che Guevara, Hermann Hesse, Jean Paul Sartre, Herbert Marcuse, Juan Rulfo, Octavio Paz y Carlos Fuentes, entre otros. Un privilegio para la adolescencia. Esto es la UNAM. Por supuesto, nada de esto forma parte de la evaluación de la que hablamos... pero sí.

La universidad siempre asediada por el mal. Antes, los porros ligados al poder, como ahora los que ocupan por la fuerza instalaciones universitarias. Pero siempre se ha impuesto la libertad de pensamiento, de cátedra e investigación. La universidad siempre ha estado perturbada por el mal, por quienes se quieren aprovechar de su apertura, su generosidad. ¿Por qué no se van a molestar a otros? Déjenla en paz. Pero si no quieren, sepan que siempre habrá una mirada sobre ustedes, sobre quienes quieren dañar a la universidad más importante de Iberoamérica, y en este sentido nadie, ni ustedes, se pueden hacer tontos. Están a la vista de todos.

Un amigo muy crítico, al que respeto mucho, me dijo el año pasado: "Por qué estar orgullosos de que la UNAM esté entre las mejores 100 del planeta, es una tontería, para hacer tanta alharaca debería estar por lo menos entre las primeras cinco". Yo respondo que tiene razón, pero hay que ver que la UNAM está, no entre las primeras cinco, sino en el primer lugar entre las universidades de habla hispana (que incluye a todas las universidades españolas) y es la mejor en Latinoamérica. A mí me parece un logro impresionante, a mi amigo no, pues ni modo (y los dos hablamos en español).

A diferencia del año pasado, hoy la mayoría de los medios se han ocupado de este logro de la UNAM. Pero la pregunta es sobre los significados de contar en México con una universidad de clase mundial. Para mí el tema principal es cómo preservarla. Cómo fortalecerla, cómo aprovecharla para el desarrollo del país. Estamos en la transición entre dos gobiernos. Lo primero es respetarla. Debe quedar muy claro que los universitarios no toleraremos políticas en contra de la UNAM por parte del nuevo gobierno. Un atentado contra la universidad sería una locura, pues sería ir contra la mejor institución de educación superior de Iberoamérica. Por el contrario, hay que fortalecerla, incrementando sus recursos, sí, su presupuesto. ¿Para qué? Para extender la presencia de la UNAM en todo el país. Los jóvenes de todos los rincones de nuestra patria merecen tener acceso a una de las mejores instituciones de educación superior del mundo. También es la vía para desarrollar una política de ciencia y tecnología, dado que en la UNAM se realiza más de la mitad de la investigación científica y tecnológica del país. También cuenta con la experiencia histórica en la educación media superior, como en la época gloriosa de la Escuela Nacional Preparatoria.

La Universidad Nacional Autónoma de México cumple con su tarea en beneficio del país. Hoy es una de las mejores universidades del mundo. Es un orgullo para todos los mexicanos. Es el resultado de muchos años de esfuerzo, del trabajo de varias generaciones. No menciono a su rector actual, porque este artículo no es propagandístico, ni él lo necesita para nada, ni yo tampoco.

Pero la universidad es además el lugar de encuentro con las mejores personas, es el sitio en el que conocí a Rafael Longi Rojas. Leímos todo lo que pudimos, desde Homero hasta Mao, pasando por Cortázar, escuchamos sin cesar a los Beatles, vimos juntos El acorazado Potemkin, nos enamoramos de las mujeres más hermosas, nos fumamos todos los cigarros posibles, jugamos ajedrez como locos y en nuestras charlas transformamos el mundo.

A la memoria de Rafael Longi Rojas

 
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