Usted está aquí: jueves 19 de octubre de 2006 Mundo Washington perdona todo, menos el sexo

Washington perdona todo, menos el sexo

Afloran por doquier sobornos y escándalos de la clase política en vísperas electorales

DAVID BROOKS CORRESPONSAL

Nueva York, 18 de octubre. Cibersexo, sexo a la antigua, sobornos, y mil favores pagados en efectivo, con viajes, con comidas de lujo y con asegurar la relección de los comprados definen la vida cotidiana de la clase política más corrupta que Washington ha conocido en años.

"Condi (Condoleezza Rice) fue a una visita sorpresa a Bagdad la semana pasada: imaginen qué tan mal ha de estar la cosa aquí en Washington si nos quieren distraer con el desastre de Irak", comentó aquí un veterano periodista estadunidense.

La tortura, más mentiras sobre Irak, las empresas que lucran con la guerra, la anulación del habeas corpus, la respuesta federal al huracán Katrina y varios otros desastres y escándalos más no han tenido costos políticos graves en Washington, pero el sexo es otra historia.

El caso de Mark Foley, representante federal republicano que renunció al ser enfrentado por ABC News con copias de intercambios cibernéticos sexuales con jóvenes menores de edad que hacen labores en el Congreso -los llamados pajes-, detonó un escándalo que podría acabar con el monopolio republicano del Congreso por primera vez en seis años.

El escándalo de Foley creció con rapidez hasta amenazar al liderazgo de la Cámara, ya que, como siempre ocurre en estos casos en Washington, el encubrimiento a veces es peor que el delito. Resulta que ya habían circulado quejas sobre el comportamiento de Foley desde hace por lo menos dos años y tal vez hasta seis, y que los informes llegaron hasta la oficina de Dennis Hastert, el presidente de la Cámara. Poco después de revelarse el escándalo, varios líderes legislativos empezaron el acostumbrado juego de echarse la bolita, y llegaron al grado de señalar a su propio líder, mientras todos los ahora ex amigos de Foley se desligaron de él en un instante.

Pero el daño político fue peor por el escándalo. Ya no se trataba de algo tan común como aceptar dinero a cambio de favores, o de aprobar leyes que violan la Constitución, sino de sexo. Y no sólo sexo, sino con menores de edad. No sólo con menores, sino que Foley también confesó ser gay. Para los republicanos y sus bases conservadoras, y en particular su ejército de cristianos fundamentalistas, es desastroso. Y para colmo, Foley fincó su reputación política como campeón de la causa que destruyó su carrera: la defensa de los menores de edad ante acosadores sexuales cibernéticos.

De hecho, si es procesado, podría serlo con arreglo a la misma ley que él impulso. Entre las pruebas: un intercambio cibernético con uno de sus jóvenes predilectos, en el que charlaban de orgasmos en los momentos precisos en que la Cámara votaba sobre fondos de emergencia para la guerra en Irak y otros asuntos de importancia supuestamente "vital" para la nación.

Mientras tanto, en otro frente, el viernes el representante federal republicano Bob Ney se proclamó culpable de corrupción por aceptar sobornos a cambio de favores políticos, el primero de lo que se espera será una fila de políticos y funcionarios involucrados en la conspiración del cabildero Jack Abramoff, uno de los escándalos de corrupción más grandes de la historia reciente de la capital. Pero Ney sorprendió a sus colegas y al liderazgo de su partido al rehusar renunciar su puesto a pesar de su confesión ante un tribunal, lo que provocó otra pesadilla ya que los estrategas deseaban dejar atrás este asunto en la recta final hacia las elecciones legislativas nacionales de principios de noviembre.

El caso Ney es sólo la punta del iceberg de un amplio grupo de políticos y funcionarios que han estado bajo investigación desde que el antes "supercabildero" Abramoff fuera arrestado y haya aceptado cooperar con las autoridades sobre su gran negocio de corrupción.

Aunque el escándalo al comienzo pareció sólo afectar al Congreso, hace unas pocas semanas se logró documentar que hubo unos 485 contactos entre Abramoff y/o sus representantes y funcionarios de la Casa Blanca durante los últimos años. Peor aún, Susan Ralston, importante asistente de Karl Rove, estratega político del presidente George W. Bush, era una de las principales asesoras de Abramoff, y debido a que todo indicaba que ella era la interlocutora entre ambos hombres (se vieron directamente en por lo menos 10 ocasiones), se vio obligada a renunciar a su puesto. La investigación continúa.

El ex líder de la mayoría republicana Tom DeLay fue obligado a renunciar este año, y ahora enfrenta cargos por maniobras ilegales de financiamiento de elecciones y está bajo sospecha por su íntima relación con Abramoff.

En un escándalo por separado, el ex representante federal republicano Randy Cunningham ahora está en la cárcel por aceptar 2.4 millones de dólares en sobornos a cambio de lograr que el Congreso otorgara contratos federales por 80 millones de dólares a las empresas de dos colegas. Los contratos fueron obtenidos con el Pentágono y la CIA, escándalo que también obligó a la renuncia de Kyle Foggo, el entonces número tres de la jerarquía de la agencia.

Foggo participó al ofrecer regalos al personal del Comité de la Cámara encargado de aprobar estas partes del presupuesto, incluyendo tapetes con lemas de "Guerra Global contra el Terror", reportó el Daily News de Nueva York. Se reveló que los conspiradores solían reunirse en hoteles para jugar póker y contratar prostitutas.

El viernes, la cadena de periódicos McClatchy reveló que otro representante federal republicano, Curt Weldon, podría estar bajo investigación de la FBI por tráfico de influencias para beneficiar el negocio de cabildeo de su hija.

Estos son sólo algunos de los varios políticos que están o en la cárcel o bajo investigación por corrupción en este país.

A la vez, un nuevo informe del Comité de Finanzas del Senado emitido a finales de la semana pasada concluye que unas cinco organizaciones sin fines de lucro probablemente violaron la ley al "blanquear pagos y después distribuir fondos" bajo órdenes de Abramoff, aceptar pagos a cambio de escribir columnas periodísticas o boletines de prensa promoviendo los clientes de Abramoff y presentar a éstos a políticos y funcionarios del gobierno, reportó el Washington Post.

A veces parece que la corrupción es la norma, y los políticos honestos la excepción, y el público, según encuestas, considera que la gran mayoría de los políticos no representan al pueblo, sino a don Dinero.

Los últimos escándalos de corrupción han afectados principalmente a los republicanos y los demócratas acusan a aquellos de nutrir "una cultura de corrupción" en Washington. Pero tienen que tener mucho cuidado ya que los demócratas se benefician del mismo sistema de financiamiento de campañas y de intercambio de favores.

Los casos de corrupción sólo revelan un exceso de un sistema político que está envinado por el dinero. Lo que en otros países sería considerado sospechoso, o corrupto por definición, es legal aquí y hasta cierto grado transparente.

El Center for Responsive Politics, organización no partidista que investiga los fondos en las elecciones, calcula que los candidatos han recaudado casi mil millones de dólares para los comicios legislativos de noviembre en contribuciones por industrias e individuos. Hasta la fecha, los cinco contribuyentes de fondos más grandes son la Asociación Nacional de Bienes Raíces, con un total de 2.7 millones de dólares, seguido por la empresa bursátil Goldman Sachs, con 2.6 millones; el sindicato electricista IBEW, con 2.2 millones; la empresa AT&T, con 2.18 millones, y la asociación nacional de vendedores de cerveza a mayoreo, con 2.17 millones de dólares.

La lista continúa con varias de las empresas más conocidas del país y/o asociaciones industriales junto con unos cuantos sindicatos (la información completa está disponible en www.opensecrets.org).

El veterano periodista Bill Moyers, presidente del Schumann Center for Media and Democracy, escribió recientemente que Washington "es una ciudad ocupada, un pueblo bajo dominio empresarial y el gobierno es una subsidiaria servil de los patrones de gran riqueza".

Agregó que "érase una vez cuando la Cámara de Representantes se conocía como 'la casa del pueblo'. Ya no. Pertenece a la Calle K ahora. Esa es la dirección de los cabildistas que abundan por todo el Capitolio. Hay 65 cabilderos por cada miembro del Congreso. Gastan 200 millones de dólares por mes en envinar, alimentar y seducir a funcionarios federales. ¡Cada mes!"

Pero a pesar de lo que algunos observadores de Washington, como el propio Moyers, consideran como el escándalo de corrupción más grande desde los tiempos de Watergate, aún no estaba cobrando un gran costo electoral. Para eso, al parecer, se necesita un poco de sexo.

 
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