Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 22 de octubre de 2006 Num: 607


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
El humor según Bergson
RICARDO GUZMÁN WOLFFER
Una nueva vida de Gianfalco*
MIRCEA ELIADE
Papini: el escepticismo
de la cruz

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GARCÍA
Lúcido y contradictorio
GIOVANNI PAPINI
La historia de la historia de la caricatura
AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Aniversarios no todos redondos
RICARDO BADA
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 


JUAN DOMINGO ARGÜELLES

POESÍA Y SIGNIFICADO

Leemos la poesía con los nervios. Tal advierte, en Los adagios, el poeta estadunidense Wallace Stevens (1879-1955), de quien en 2005 conmemoramos medio siglo de su muerte.

Ante esta forma entrañable de leer poesía, una de las pruebas de fuego que recomienda Stevens es que el poema consiga resistirse a la inteligencia casi con éxito, porque la poesía, añade, es una cura de la mente y, en gran medida, debe ser irracional o, para ser más exactos, irracionalmente inteligente: aprehendida a través de los sentidos.


Ilustración de Arturo Souto

En Los adagios (hay una edición mexicana, en Verdehalago, con traducción de Moisés Ladrón de Guevara, que data de 1996), Wallace Stevens asegura que "un poema no necesita tener un significado y, como la mayoría de las cosas en la naturaleza, a menudo no lo tiene".

Será quizá por esto que hay tanta gente que se desespera ante la poesía y asegura, con pena, no entender nada, cuando lee, por ejemplo, la "Rapsodia para el mulo", de José Lezama Lima, o el "Nocturno de San Ildefonso", de Octavio Paz.

La gente quiere leer poesía, de un modo llano, como si leyera la nota de sociales o la crónica roja del periódico o, en su defecto, añadiéndole una dificultad artificial: como si estuviera descifrando un acertijo. Stevens aclara que no hay un material específicamente poético, puesto que el mundo entero es material para la poesía, pero cuando ésta se lee (cuando el mundo se organiza en un poema), la poesía "debe estimular cierto sentido de vivir y de estar vivos".

Enfatiza el poeta estadunidense que la poesía es una cura de la mente, es salud, es un medio de redención, incrementa el sentimiento de la realidad, contribuye a la felicidad del hombre y es una experiencia diferente a cualquier otra que, en su mayor intensidad -a través de las palabras, la música y el sentimiento- nos dice que "no hay nada bello en la vida que no sea la vida misma", pues "la más alta búsqueda es la búsqueda de la felicidad en la tierra" y lo que intentamos obtener en el poema, ya sea como lectores o como escritores, es la vida misma.

La poesía es irracional, pero con esa lúcida irracionalidad que la sola inteligencia no alcanza a explicar. Para Jorge Luis Borges, el resultado más palpable al leer un poema "es la modificación física que suscita cada lectura"; eso mismo que Gabriel Zaid diría del siguiente modo: "Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, como se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales."

Hay quienes no saben leer poesía porque buscan las respuestas o bien en la absoluta racionalidad o bien en la imaginación, pero no así en las sensaciones, en la más honda experiencia del espíritu que invade plenamente nuestros sentidos. En uno de sus mejores poemas, Wallace Stevens escribe: "La música es sentimiento, pues, y no sonido;/ y así sucede lo que siento/ aquí en este cuarto, deseándote..."

Stevens encuentra que la imaginación aplicada a la totalidad del mundo es insípida y que "a la larga un mundo imaginario carece por completo de interés". Por ello, "el mundo del poeta depende del mundo que ha contemplado" y que suele trasladar al poema comunicándolo y haciéndolo revivir en el lector. En otro de sus poemas, Stevens dice que el lector deviene libro: inclinado sobre las páginas se lee a sí mismo, y no hay nada más importante que lo que siente y percibe.

Cierta crítica, sea académica o no, ha hecho creer a la gente que para "comprender" la poesía se necesita pensar como crítico y tener amplios y altos estudios de exegética. Pero hay explicaciones "cultas" que dan risa. Descabelladas o pedantes pretenden convencer a la gente de que la poesía es impenetrable en tanto no se aplique en su lectura una serie de valores de postgrado. (En cierta ocasión, un connotado crítico halló, en un texto pretendidamente poético, profundas significaciones filosóficas en la palabra "guacamole", situada, decía él, como centro de irradiación verbal hacia todos los puntos cardinales.)

Leer poesía con la emoción alerta nos vacuna contra esos contagios ridículos de la cursilería intelectual de quienes andan buscando la forma más incomprensible de "interpretar" la poesía, a pesar de que ésta siempre se entiende, por sí misma, en toda su profundidad, gracias a los sentidos y a la emoción.