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Teresa del Conde/ II

Germán Cueto, vigente

Cueto murió en 1975 a los 82 años. Para algunas personas resulta vigente; en cambio, hay otras, inclusive pintores actuales tan connotados e informados como Roberto Cortázar, que no lo conocen. Pero un reducido número de especialistas y de coleccionistas le rinde culto. La Fundación Blaisten conserva varias de sus máscaras estridentistas, algunas son las mismas que se exhibieron en El café de nadie en 1924. El Museo de Arte Moderno exhibe siempre la que quizá sea su obra más conocida, Tehuana, escultura en láminas de metal de aproximadamente 110 cm de alto sin atisbo de folclorismos. Miguel Angel Alamilla se inspiró en ella para la realización de una de sus esculturas también allí exhibida, y yo encuentro ecos de Cueto en piezas organicistas de Alberto Castro Leñero y también en los ensamblados deconstruidos sobre plano de Pablo Vargas Lugo.

La "modernidad" de Cueto es incontestable, con todo y que quienes contribuímos como autores al libro que acompañó la importante exhibición del MUNAL (1991) Modernidad y modernización en el arte mexicano 1920-1960, antecedida por el seminario coordinado por uno de los curadores: Olivier Debroise, pasamos por alto a Cueto, con una sóla excepción: Jorge Alberto Manrique sí se refirió a él. "Se sentía exluído y desanimado: su obra no interesaba a los compradores mexicanos, nueva burguesía política o financiera... estaba casi por definición excluido de los encargos públicos: no esculpía héroes ni familias campesinas..."

¿Quiénes, entre los mexicanos, tuvieron contacto directo con los movimientos europeos originales? Fueron más de los que se cree, aparte de Marius de Zayas, Diego Rivera, Alfaro Siqueiros, Carlos Orozco Romero, Roberto Montenegro y Agustín Lazo (pues la incursión de Rodríguez Lozano en ese ámbito parece ser aleatoria, aunque él haya afirmado lo contrario). En cambio, Germán, que no se ocupó de vanagloriarse ni de hacerse valer a través de sus estancias europeas, conoció a Lipchitz, a Juan Gris, a André Lothe y, probablemente, a Picasso, gracias a su prima María Gutierrez Cueto y Blanchard (1881-1932), conocida como María Blanchard, íntima amiga por años de Angelina Beloff, muy cercana ésta a Juan Gris.

Cueto, junto con su esposa Dolores Gutiérrez (Lola Cueto) y con sus dos hijas, propiciaron el viaje de Angelina desde París a México en 1932, después de más de seis años de estancia europea y de una primera incursión de él en España, efectuada entre 1916 y 1917. Dos años después de ese primer viaje, (incluída breve estancia en París pese a la guerra) contrajo matrimonio con Lola, procrearon dos hijas y la familia se instaló en Francia en 1926 después de viajar por otras capitales. Se dice que la muerte de Maria Blanchard (jorobada desde su nacimiento y deforme, pero muy activa) determinó el regreso de ellos a México.

La absorción diríase "natural" de lo que se producía en Europa marcó a Germán desde sus participaciones en el movimiento estridentista, que sobrevivió hasta el fallecimiento del capitán Heriberto Jara, auspiciador del movimiento en Jalapa.

La modernidad de Cueto no fue bien recibida en estos ámbitos y él se conformó con su suerte, no era belicoso. Inés Amor lo acogió en la Galería de Arte Mexicano, mas como él se interesaba en todo (también escribía), sus acciones abarcaron varios ámbitos, entre los que destaca el despunte del teatro guiñol en México (cosa que hizo en absoluta mancuerna con Lola) y también su incursión como director en la escuela de danza del INBA.

Cueto dibujaba en el aire con alambre, cosa que también hizo Picasso y luego Calder. La maqueta en este material que realizó para El corredor, aquella escultura en la Ruta de la Amistad en el área de Ciudad Universitaria -que recientemente causó polémica cuando se propuso su desplace-, es una obra maestra en el contexto de toda la exposición. Otras obras, como el Napoleón, en piedra caliza, alarde de síntesis y de gesto; la Máscara de Don Quijote, El viento en piedra de Tultepec o Diálogo, dos planos ensamblados de madera policromada, dan cuenta no sólo de su absorción de formas, sino también, de su entonces inusual predilección por la experimentación. No fue al acaso que Joaquín Torres García lo considerara "de vanguardia" y que lo introdujera a Mondrian, tanto que llegó a adherirse al grupo Cercle et Carré (1930), cuyo teórico fue Michel Seuphor.

En México fue colega de sus colegas, profesor notable, y a la vez algo así como exiliado en su patria. En vida nunca tuvo una exposición en el Museo de Arte Moderno, que abrió sus puertas en 1964. La fotografía que le tomó Kati Horna manipulando una de sus piezas de alambre, es la que aparece en la invitación a la exposición. Esperamos con profundo interés el libro-catálogo que pronto saldrá a la luz. Los autores de los textos son Evodio Escalante y Sylvia Navarrete.

 
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