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El basurero de la muerte deja estela en Morelos

Al tiradero de Milpilla ya no llega la basura, pero quedaron contaminación y enfermedades

JUAN BALBOA ENVIADO

Cerro de Milpilla, Morelos, 23 de octubre. Lo conocen ahora como el basurero de la muerte porque de los cerros de desperdicios a cielo abierto emanan arroyos de lixiviados (residuos color petróleo) que desaparecen en la tierra porosa, se estancan en represas pestilentes y caen como "maldición" al río del pueblo de Alpuyeca.

Se cumplió un mes desde que se cerraron los caminos a la basura -unos 400 toneladas diarias- generada por "los ricos" de Cuernavaca, pero aparecieron otros flagelos: múltiples enfermedades causadas por tres décadas de convivir con millones de toneladas de desechos domiciliarios y comerciales, así como hospitalarios.

En el cerro de Milpilla, mejor conocido como el basurero de Tetlama, en el municipio morelense de Temixco, una solitaria máquina intenta cubrir con tierra los montones de desechos que están a la intemperie. La lluvia ha puesto a la vista la basura enterrada hace ocho años en otros dos cerros: bolsas negras, ropa, fierros retorcidos y miles de llantas aparecen como si fuera un edificio de 10 pisos de altura.

De esos promontorios emana un río del color del petróleo. El temor se apodera de los habitantes de Tetlama, Alpuyeca, Xoxocotla, Contetelco, Tlaltizapán, Ahuehuexingo, entre otros, porque las filtraciones provocan la contaminación de ríos, pozos, tuberías y, en general, del manto freático de la región.

El basurero a cielo abierto del cerro de Milpilla fue el destino de los desechos de unos diez municipios de Morelos -recibía en promedio mil 200 toneladas diarias- y lo siguió siendo hasta el 25 de septiembre, cuando pobladores de Tetlama y Alpuyeca cerraron los caminos de acceso al cerro de Milpilla.

Promesas de Estrada Cajigal

El basurero fue punto de discordia durante el gobierno panista de Sergio Estrada Cajigal, quien se comprometió a construir un relleno sanitario regional antes de que finalizara su sexenio. No cumplió y volvió a utilizar, primero con engaños y después de forma clandestina, el tiradero a cielo abierto, exactamente frente a las famosas ruinas de Xochicalco.

El profesor Juan Oriañequi Cosme, integrante de la comisión de resistencia en contra del basurero en Alpuyeca, recuerda que desde su campaña para ocupar el Ejecutivo estatal el ahora ex gobernador Estrada Cajigal prometió construir un relleno sanitario que cumpliera con todas las condiciones (NOM-083-Semarnat) y cerrar de inmediato el tiradero del cerro de Milpilla.

Ante el incumplimiento oficial los habitantes de Alpuyeca decidieron movilizarse para lograr el cierre del basurero, el cual afecta la salud de cientos de personas. "La lucha se inicia desde marzo cuando un grupo de personas acuerdan empezar los movimientos de protesta", explica Oriañequi Cosme, quien recuerda que la exigencia de cierre se dio desde 1994.

En marzo pasado, Alpuyeca no permitió el paso de los camiones de basura del municipio de Cuernavaca. Estrada Cajigal envió granaderos y al subsecretario de Gobierno, Rafael Martínez, para negociar tres meses de tregua y lograr la construcción de un relleno sanitario regional.

"Pasó el tiempo y nos llenaron de engaños. Teníamos una manta con una cuenta regresiva, notificábamos cuántos días quedaban y nada.

Se cumple el plazo y aceptaron que no tenían el lugar para un nuevo relleno. La respuesta del gobierno fue que el basurero de Tetlama seguiría existiendo", afirma, y señala que el problema fue trasladado al Congreso local.

Tres meses duró la espera de los habitantes de Alpuyeca. En junio pasado, los diputados morelenses se vieron presionados por el segundo cierre de la carretera y aceptaron firmar el 14 de junio la clausura definitiva del basurero del cerro de Milpilla, y entregaron un documento de cierre técnico por no cumplir con las normas adecuadas.

Pero el gobierno de Estrada Cajigal no se dio por vencido. Cuernavaca, Jiutepec, Emiliano Zapata, Temixco, Xochitepec, Yautepec y Zacatepec empezaron a buscar otros caminos para tirar la basura "de forma clandestina" en el cerro de Milpilla, dice don Francisco Espíndola Blancas, uno de los hombres mayores que se encuentran en el plantón ubicado en Tetlama.

A la entrada de un pueblo que sobrevive de la siembra del sorgo y el cacahuate, pero sobre todo de los hombres que trabajan en la capital de Morelos como peones y albañiles, se encuentra un grupo mayoritariamente integrado por mujeres que vigilan que "ni un solo pedazo de basura" sea tirado en Tetlama.

"Camión que entre con basura, camión que se quema", gritan Lorenza García y Noemí Salgado entre el bullicio del grupo. Son dos de las diez mujeres que comparten la vigilancia de la entrada principal del pueblo y ayudan en la elaboración de la comida para el grupo inconforme.

El nuevo camino a la basura se abrió gracias a que las autoridades del gobierno estatal y municipal lograron convencer, con una cuota generosa de más de 60 mil pesos mensuales, al presidente de bienes comunales de Tetlama, Glorio Ramírez. En junio había nuevo rico en el pueblo, dice en broma y en serio Miriam, otra de las mujeres activistas que se rebelaron en contra de continuar con los olores hediondos y las enfermedades constantes en la piel.

A Glorio Ramírez y su gabinete comunal sólo les duraron tres meses los nuevos ingresos que compartían con un pequeño grupo de comuneros del pueblo. El pasado 25 de septiembre la mayoría de los habitantes de Tetlama se rebelaron en contra de la decisión de la autoridad comunal y del gobernador. Ese día cerraron para siempre los accesos al que ahora llaman el basurero de la muerte.

Tiradero de desechos
hospitalarios y basura electrónica

El cerro de Milpilla era también el basurero preferido por los hospitales para tirar los desechos humanos. Manos, dedos o pies fueron encontrados en varias ocasiones entre las toneladas de basura que llegaban de Cuernavaca, principalmente, pero también de Temixco, Tuxtepec, Zacatepec, Jiutepec, Emiliano Zapata, Xochitepec, Yautepec y Zacatepec.

Ricardo Castañeda, documentalista autodidacta de Alpuyeca, confirmó que los pepenadores encontraban de vez en cuando partes de personas, órganos humanos o bolsas llenas de líquidos tiradas por alguno de los hospitales de esos municipios. Explica que no existía ningún control para tirar desechos humanos, material contaminante o basura electrónica.

"Todo era tirado sin ningún control. Los propios choferes de los camiones no sabían lo que tiraban. Llegaban, descargaban y se marchaban sin ver el daño que causaban al dejar basura contaminante", apunta.

Los riesgos para la salud son constantes en la región, aseguran. Afecciones respiratorias, alergias de piel, ojos y pulmones y fuertes dolores de cabeza son parte de las consecuencias de más de 30 años de vivir con desechos.

Hipólito García Ramírez, habitante de Tetlama y uno de los dirigentes del movimiento, deja en claro que en tres décadas el gobierno del estado nunca cumplió con la normatividad para tirar sus desechos, "el gobierno es el dueño de las leyes y él mismo las está violando, con ese tiradero a cielo abierto, en una contaminación al cien por ciento".

Y lamenta que hasta ahora reaccionan a un tiradero que está provocando la muerte de habitantes de los pueblos alrededor del cerro de Milpilla.

Hipólito García en Tetlama, y Juan Oriañequi, en Alpuyeca, coinciden en que la convivencia con la basura ha traído efectos devastadores: muertes por cáncer, diabetes, infecciones respiratorias y de la piel, además de afecciones en la hipófisis, la glándula endocrina más importante, que regula la mayor parte de los procesos biológicos del organismo.

Las mujeres y hombres de Tetlama y Alpuyeca no tienen duda de que la historia de la basura será pronto una historia del pasado para los pueblos que habitan alrededor del cerro de Milpilla, pero auguran un negro destino para Cuernavaca, donde en tan solo dos semanas la acumulación de la basura fue de unas 4 mil toneladas.

 
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