Usted está aquí: sábado 28 de octubre de 2006 Capital San Lorenzo Tezonco: fuerte contraste entre los panteones civil y vecinal

El primero está en el abandono y el segundo en óptimas condiciones

San Lorenzo Tezonco: fuerte contraste entre los panteones civil y vecinal

Uno está a cargo de la delegación Iztapalapa y el otro de pobladores originarios

ALEJANDRO CRUZ FLORES

Ampliar la imagen Celebración del Día de Muertos en el panteón vecinal de San Lorenzo Tezonco Foto: La Jornada

En el panteón vecinal de San Lorenzo Tezonco todos los domingos son de "faena". Los habitantes de este pueblo, ubicado en Iztapalapa, se reúnen para llevar a cabo trabajos de mantenimiento: cortan el pasto, recolectan basura y limpian las tumbas, porque "ésta es nuestra casa y lo va a ser para siempre", dice Elizabeth Zacarías.

Las jornadas de trabajo comunitario propician una gran convivencia, cuando en los momentos de descanso los vecinos se juntan para comer y platicar. Pero también es día para visitar a sus muertos; "hablamos, gritamos, reímos y lloramos con ellos", expresa Elizabeth.

El buen estado en que se encuentra este cementerio, así como la tranquilidad que se respira, contrastan con las condiciones de abandono que prevalecen en el Panteón Civil, que se encuentra a un costado, el cual es administrado por la delegación.

En el Panteón Civil no se ven las tumbas, debido a que el pasto está muy crecido, además de que hay basura por todas partes. Incluso "se ha convertido en refugio de delincuentes y se cometen robos, violaciones y se lucra con el dolor de la gente", señala Roberto Fuentes, presidente del patronato que se hace cargo del panteón vecinal.

Este es uno de los 77 panteones vecinales que hay en la ciudad de México, los cuales son administrados y operados por los habitantes de los barrios de acuerdo a sus usos y costumbres, y donde sólo pueden ser enterrados los descendientes directos de los nativos de los pueblos originarios.

En el panteón vecinal de San Lorenzo Tezonco los mismos familiares se encargan de cavar la fosa del difunto, que es velado en la pequeña capilla que se construyó en el lugar para darle la última despedida a sus seres queridos. A esos funerales asisten todos los habitantes del pueblo y no puede faltar la música.

Un patronato vecinal -elegido por los propios habitantes del lugar y que se renueva anualmente- se hace cargo de la operación, administración y mantenimiento del camposanto, por medio de cuotas anuales de 40 pesos por persona. Este año se trabajó principalmente en pintar la barda, que mide mil 800 metros.

Sin embargo, cuando se requiere alguna obra especial, como la electrificación, con el objetivo de hacer más seguro el cementerio, los habitantes del pueblo aportan un poco más de dinero para que se pueda llevar a cabo.

Pero los vecinos exigen a las autoridades delegacionales que hagan la parte que les corresponde; por ejemplo, la recolección de basura, ya que, señala Fuentes, sólo una vez al año -antes de la celebración del Día de Muertos- llegan los camiones para llevarse los desechos, que permanecen durante varios meses amontonados en un rincón del cementerio, alejado de las tumbas.

Los habitantes también se quejan por los "abusos" de las autoridades, que para sepultar a un difunto les cobran más de 500 pesos, y lo mismo cuesta la exhumación de un cuerpo, señala Dante Ramírez. Ante esta situación, el patronato se da a la tarea de acompañar a los deudos en la realización de los trámites, "para evitar que lucren con el dolor de la gente, aunque no siempre es posible evitar estos abusos".

El panteón vecinal tiene una extensión de aproximadamente 10 mil metros cuadrados, de un terreno que fue donado por ejidatarios del lugar. Aquí hay alrededor de dos mil 400 tumbas; la más antigua data de 1936, y corresponde a Josefina Castro López.

Preparativos para la convivencia anual con los difuntos

En estos días las faenas son más intensas, por la proximidad de las festividades de Muertos, y hay que tener el panteón en óptimas condiciones para recibir a los visitantes que pasarán día y noche "conviviendo" con sus muertos. Se oficiarán misas para recordarlos y se comerá junto a las tumbas, como todos los años.

Los pobladores de San Lorenzo Tezonco no ocultan el orgullo que sienten por su cementerio; es su casa y por eso la cuidan tanto; ahí descansan sus seres queridos, y pueden recordarlos, hablar y llorar con ellos.

 
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