Usted está aquí: sábado 28 de octubre de 2006 Opinión El reinado de lo imaginario

Leonardo García Tsao

El reinado de lo imaginario

Hace poco más de 20 años, un joven cineasta llamado Guillermo del Toro estableció su potencial promisorio con la proyección de su corto Doña Lupe (1986), en la primera Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara. Esa promesa se cumplió a lo largo del par de décadas, aún en los trabajos de encargo, y ahora, con El laberinto del fauno, ha alcanzado su apogeo. Coproducido entre España y México, su sexto largometraje se emparenta directamente con las películas más personales del director, Cronos y El espinazo del diablo, llevando sus propuestas a un nivel superior de elaboración.

Como la segunda, El laberinto del fauno se sitúa en el contexto de la guerra civil española. En este caso, en 1944, cuando se combate a los maquis ocultos en las montañas. A ese entorno llega la niña Ofelia (Ivana Baquero), fervorosa lectora de cuentos de hadas, y su embarazada madre Carmen (Ariadna Gil), a reunirse con su segundo marido, el sádico capitán Vidal (Sergi López), cuya misión es acabar con los focos locales de resistencia republicana. Nutrida por sus fantasías, la niña visiona seres fantásticos, hadas y, sobre todo, un fauno (Doug Jones), que proclama su verdadera naturaleza: es la princesa del reino subterráneo, a donde ella debe regresar si cumple tres pruebas. Mientras tanto, Vidal le encarga al doctor Ferreiro (Alex Angulo) el cuidado de su frágil esposa, porque su prioridad es el nacimiento de su primogénito; el capitán ignora que tanto el doctor como el ama de llaves Mercedes (Maribel Verdú) colaboran con los maquis.

Del Toro conduce ambos hilos narrativos sobre la base de la perspectiva infantil. Así, la realidad informa a la fantasía y viceversa. Si por una parte los episodios fantásticos son descritos como parte real de la cotidianidad de Ofelia, por otra, el conflicto entre los personajes adultos es visto como un cuento de hadas, en el que Vidal cumple el papel del perverso rey usurpador, Carmen es la reina amenazada y los maquis funcionan como los caballeros del bosque en combate contra el tirano.

Gracias a la mancuerna creativa que el cineasta ha formado con el fotógrafo Guillermo Navarro, el diseño visual de cada escena despliega una coherencia acorde con su carácter. Lo fantástico es lo único colorido, pues la realidad alterna entre lo oscuro de los interiores y el tono monocromático de los exteriores (el bosque es visto como un ambiente misterioso de sombras y lluvia frecuente).

Si bien la prestancia formal de Del Toro se manifiesta en cada escena -es ejemplar la elegancia con que enlaza sus secuencias, valiéndose de cortinillas efectuadas sobre árboles y muros- lo más notable de El laberinto del fauno es su madurez temática. El realizador ha hecho a un lado los divertimentos de género -que hicieron tan disfrutable su anterior Hellboy-, concentrándose en la naturaleza trágica de su historia, sin asomos de su habitual humor macabro. La película está signada por el dolor. Una y otra vez -en las torturas efectuadas por Vidal, el malestar obstétrico de Carmen, la pierna gangrenada de un guerrillero- la sangre tiñe al relato, como sucede gráficamente con las páginas de un libro en blanco. En ese sentido, Del Toro nos recuerda la crueldad inherente al verdadero cuento de hadas (en un significativo guiño de ojo, viste a su heroína exactamente como la Blanca Nieves disneyana para luego mostrar ese traje arruinado por el fango).

Igualmente, los elementos identificados con el cine del director están ahí, no sólo para fomentar el juego de referencias encontradas, sino como parte intrínseca de una visión del mundo. Los insectos en metamorfosis, los mecanismos de relojería, el cruce claustrofóbico de pasadizos y la imaginería católica están integrados al tejido mismo de la historia, como la ambigua delineación de los personajes. Ofelia (la sensible Baquero) no es la inocente niña de los cuentos, así como el villano Vidal (un López matizadamente odioso) es susceptible de un acto de desprecio ante el espejo (cumplido posteriormente, de manera salvaje, por una mano ajena). Del Toro es inclusive capaz de rematar con uno de los finales más católicos que se pueda concebir. Y dejar la salvedad de que también estamos ante una fantasía.

Aunque la imaginación del cineasta está arraigada en la tradición fantástica, tanto gráfica como literaria, la resonancia universal de El laberinto del fauno le ha permitido trascender el gueto genérico. No es accidental que la película haya sido seleccionada en espacios normalmente influidos por el esnobismo académico -la competencia de Cannes, el festival de Nueva York. El ingreso de Del Toro a las ligas mayores ya es oficial.

El laberinto del fauno

D y G: Guillermo del Toro/ F. en C: Guillermo Navarro/ M: Javier Navarrete/ Ed: Bernat Vilaplana/ I: Sergi López, Maribel Verdú, Ivana Baquero, Doug Jones, Alex Angulo/ P: Estudios Picasso/Telecinco, Tequila Gang, Esperanto Filmoj, España-México, 2006.

[email protected]

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.