Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 29 de octubre de 2006 Num: 608


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Miguel Hernández:
Rayo que no cesa

RODOLFO ALONSO
El Espía
GRAHAM GREENE
Una legendaria tertulia
ALEJANDRO MICHELENA
entrevista con ABELARDO CASTILLO
Rastros de un amor perdido
OCTAVIO OLVERA
Cartas de Zweig a Freud, Rilke y Schnitzler
RICARDO BADA
Siete días para la eternidad
ODYSSEAS ELYTIS
Al vuelo
ROGELIO GUEDEA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
Y Ahora Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Tetraedro
JORGE MOCH

(h)ojeadas:
Reseña de Arnoldo Kraus sobre El túmulo nunca cavado

Novela
Reseña de Jorge Alberto Gudiño Hernández sobre La reinvención de un estilo

Revista
Once años de mala vida
RICARDO VENEGAS


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Graham Greene

El Espía

El espionaje hoy es realmente una rama de la guerra psicológica. El objetivo principal es sembrar la desconfianza entre los aliados del campo enemigo. Fuchs y Nunn May pueden haber capacitado a Rusia para avanzar unos pocos años en su fabricación de bombas atómicas, pero tarde o temprano en cualquier caso los soviéticos habrían alcanzado paridad suficiente en la habilidad para destruir al mundo y el intervalo, ya bien corto o largo, no entrañaba ningún peligro. Occidente, después del shock traumático de Hiroshima, no estaba preparado para realizar otro ataque atómico unilateral.

El verdadero valor de los dos científicos para los soviéticos no era el beneficio que recibieron de su información científica sino el de su captura, y el quiebre en las relaciones anglonorteamericanas que siguió. Un espía al que se le permite continuar su trabajo sin interferencias es mucho menos peligroso que el espía atrapado. Cuán atinado estaba el sis1 al defender a Philby y cuán equivocado el mI52 al forzarlo a descubrirse. Occidente sufrió más por su escapatoria que por su espionaje.

A veces me gusta imaginar qué habría ocurrido si Kim Philby3 se hubiera convertido realmente, como muchos pronosticaron, en c, el jefe del Servicio Secreto. La clase de información que habría tenido a su alcance como c difícilmente habría aumentado mucho en interés, e incluso habría disminuido: nada que ver con las tripas del asunto, sólo las minutas de grandes conferencias vacuas de alto nivel. Tarde o temprano ciertamente habría llegado el momento en que la kgb pensara que era tiempo para arreglar una filtración al mI5, seguida del escape exitoso de c y la carcajada del mundo.

Desde que el espionaje se dio a la guerra psicológica, se dio, también, a la literatura, así que es bueno también examinar cuidadosamente cualquier memorial de espías. En cualquier caso My Silent War (Mi Guerra Silenciosa) no es el libro que esperaban los enemigos de Philby. Su autobiografía es honesta, bien escrita, a menudo divertida, y la historia que tiene que contar, después de la escapatoria de Burgess y Maclean, atrapa más que cualquier novela de espionaje que yo pueda recordar. Se nos dijo que debíamos esperar mucha propaganda, pero no contiene ninguna, a menos que la digna exposición de sus creencias y motivos pueda ser llamada propaganda. El fin, por supuesto, se presenta ante sus ojos para justificar los medios, pero esa es una visión asumida, tal vez menos abiertamente, por la mayor parte de los hombres involucrados en la política si hemos de juzgarlos por sus acciones, así el político sea un Disraeli o un Wilson. "Traicionó a su país"; sí, tal vez lo hizo, ¿pero quién de nosotros no ha cometido traición contra algo o alguien más importante que un país? A los ojos de Philby, él trabajaba para dar forma a las cosas que vendrían, de lo cual se beneficiaría su propio país. En cualquier caso, los juicios morales están singularmente fuera de lugar en el espionaje. "Envió hombres a la muerte" es el tipo de frase de archivo que se ha usado contra Philby o Blake. Así lo hace cualquier comandante militar, pero la carne de cañón en el espionaje al menos se compone sólo de voluntarios. Uno no puede llorar razonablemente ante el destino del espía tránsfuga Volkov, que estaba traicionando a su país por motivos tal vez menos idealistas que los de Philby.4

Como muchos de los católicos que, en el reinado de Elizabeth, trabajaron por la victoria de España, Philby tiene una pasmosa certeza en lo correcto de sus juicios, el fanatismo lógico de un hombre que, una vez que halló una fe, no va a perderla por las injusticias o las crueldades inflingidas por la falibilidad de los instrumentos humanos. Cuánto católico bondadoso debe haber soportado los largos tiempos malos de la Inquisición con esa fe en el futuro como ancla salvadora. Los errores de política no habrían tenido ningún efecto sobre su fe, ni el mal cometido por algunos de sus líderes. Si hubiera habido un Torquemada entonces, en su corazón él habría sabido que un día habría un Juan XXIII. "No puede sorprender mucho que yo haya adoptado un punto de vista comunista en los años treinta; muchos de mis contemporáneos hicieron la misma elección. Pero muchos de los que hicieron su elección en aquellos días cambiaron de bando cuando algunos de los peores rasgos del estalinismo se hicieron evidentes. Yo sostuve el rumbo", escribe Philby, y pregunta con justicia qué alternativa posible podía haber en la mala era de Baldwin-Chamberlain. "Vi que el camino me llevaba hacia la posición política del exiliado quejumbroso, de la variedad Koestler-Crankshaw-Muggeridge, enfrentando al movimiento que me había decepcionado, al Dios que me había fallado. Esto parecía un destino horrendo, por más lucrativo que pudiera haber sido."

Su recuento del servicio secreto británico es devastadoramente cierto. "La facilidad de mi entrada me sorprendió. Después se supo que la única investigación que hicieron de mi pasado fue la referencia de rutina al mI5, que pasó mi nombre a través de sus registros y regresó con el lacónico señalamiento: ‘Nada registrado en contra.’" (Tuvo más suerte que yo. Yo tenía un antecedente policíaco porque los papeles de una demanda por difamación contra mí por la señorita Shirley Temple habían llegado al director de la fiscalía pública, y por eso la referencia había sido enviada precisamente a c.) Incluso hubo un momento en el que Philby dudó que de fuera realmente el servicio secreto donde había entrado. Sus primeros reportes concretos hicieron que su contacto soviético se inclinara a pensar que había entrado en la organización equivocada.

Su estudio de personajes es admirable mas no cordial. No me hablen de escritores fantasmas: sólo Philby pudo haber sido responsable por esto. Cualquiera que haya sido parte de la sección v estaría de acuerdo en la apreciación de su jefe. "Cowgill se solazaba en su aislamiento. Era una de esas almas puras que denunciaba a todos sus oponentes como ‘políticos.’" El subjefe del servicio secreto se reconoce de inmediato. "Vivian había dejado muy atrás su mejor momento; si en verdad tuvo alguna vez uno. Con su figura de carrizo, los rizos de su cabello bien peinados, los ojos húmedos." Con el propio c, el brigadier Menzies, Philby es inesperadamente amable, aunque tal vez las estrictas limitaciones de su elogio y una cierta nota de alta condescendencia no hayan encarecido el retrato del sujeto. Hacia Skardon, el interrogador del mI5 que quebró a Fuchs, tiene un verdadero respeto de artesano.5

Si este libro requiriera un subtítulo, yo sugeriría: El espía como artesano. Nadie pudo tener mejor jefe que Philby cuando estuvo a cargo de la sección ibérica v. Trabajaba más duro que cualquiera y no daba nunca la impresión de faena. Siempre estaba relajado, por completo inalterable. En esos días él estaba, claro está, luchando la misma guerra que sus colegas: la tensión extrema debió venir después, cuando organizaba una nueva sección para contender con el espionaje ruso, pero a pesar de que entonces luchaba una guerra bien distinta, mantuvo su prestigio de artesano. Estaba decidido a que su nueva sección debía estar mejor organizada que cualquier otra parte del desvencijado sis. "Cuando nuestro voluminoso reporte estuvo listo para ser presentado al jefe, sentimos que habíamos producido el diseño de algo como un servicio, con bastantes alicientes serios para tentar al hombre joven capaz para verlo como una carrera para toda la vida." Se dedicó al reclutamiento con cuidado y entusiasmo. "Lo importante es hacerse de la gente valiosa cuando aún está disponible. Con las economías de tiempos de paz ya a la vista, sería mucho más fácil descartar el personal excedente que hallar gente más tarde para llenar los huecos que pudieran aparecer." Esta vez ningún contacto soviético sería capaz de preguntarse si había penetrado al equipo correcto. Un orgullo de artesano, sí, y claro que algo más. Sólo una sección eficiente podría probar minuciosamente la seguridad del servicio soviético. Era una maniobra fascinante pese a que sólo una parte sabía que era una guerra falsa.

La historia de cómo, para obtener su posición, eliminó a Cowgill hace, como admite él, una "lectura amarga, tanto como hace una escritura amarga"; uno siente por un momento el toque agudo de la espina de hielo en el corazón. Yo vi el principio de este asunto; de hecho renuncié antes que aceptar la promoción que era una pieza minúscula en la maquinaria de su intriga.6 Entonces lo atribuí a una ambición personal de poder, la única característica en Philby que pensé que era desagradable. Ahora me alegra haber estado equivocado. Estaba sirviendo a una causa y no a sí mismo, y así vuelve mi viejo gusto por él, cuando recuerdo con placer aquellos largos almuerzos de domingo en St. Albans en los que toda la subsección se relajaba bajo su liderazgo durante unas pocas horas de bebida abundante, y más tarde los encuentros con una pinta en las noches de guardia contra incendio en el pub atrás de St. James Street. Si uno cometía un error de juicio es seguro que él lo minimizaría y lo cubriría, sin crítica, con su vacilante ingenio tartamudo. Tenía todas las pequeñas lealtades hacia sus colegas, y claro que su gran lealtad era desconocida para nosotros. No me parece la menos admirable entre las cualidades humanas de Philby que durante todos esos años peligrosos hospedó a Burgess, sin que le fallaran los nervios o el humor, o su afecto.

Unos años más tarde, después de su exoneración por Macmillan en la Cámara de los Comunes, yo y otro amigo de Kim estábamos en Crowborough y pensamos buscarlo. El pasto crecido no mostraba ningún signo de atención y no hubo ninguna respuesta a la campana cuando la sonamos. Miramos a través de las ventanas de una fea y gran casa eduardiana, en los límites del bosque Ashdown, en este Surrey de los pobres. La correspondencia no se había recogido en mucho tiempo; el piso bajo la puerta estaba inundado de folletos publicitarios. En la cocina había algunas botellas de leche vacías y una solitaria taza sucia y un plato en el fregadero. Era más como un campamento gitano abandonado que la morada de un hombre con esposa e hijos. No lo sabíamos, pero ya había partido hacia Beirut; la última etapa de su viaje hacia Moscú, el hogar que nunca había visto. Es seguro que después de treinta años encubierto se ha ganado el derecho a descansar.

Notas

1 sis (también llamado mI6) es el departamento de servicio secreto, con actividad fuera de Gran Bretaña y a cargo de todo el trabajo de inteligencia, tanto el de espionaje como el de contraespionaje.

2 mI5, policía y servicios de seguridad dentro del territorio inglés, incluidas las áreas ultramarinas.

3 Kim Philby, hijo del establishment inglés, trabajó durante treinta años como agente encubierto y llegó a ser jefe de contrainteligencia soviética en el sis. Así, el hombre que realizaba operaciones contra los soviéticos estaba trabajando realmente para ellos. Fue el enlace del sis con la cia y el fbi en Washington, donde su memoria causa agudo escozor hasta la fecha. En 1963 su situación se hizo insostenible y debió escapar hacia la urss. Allá fue nombrado coronel de la kgb, recibió la Orden de la Bandera Roja y la Orden de Lenin. Graham Greene siguió siendo su amigo, lo visitó en Moscú cuatro veces, y para el asombro del mundo literario y el establishment inglés, hizo este escrito como prólogo a su autobiografía. Philby fue enterrado con honores en el Kremlin cuatro meses antes de la caída del bloque soviético.

4 En 1945 un hombre con acento ruso penetró en la embajada británica en Estambul y pidió hablar con un diplomático de alto rango. Dijo llamarse Konstantin Volkov, pertenecer a la nkdvd (luego kgb) y tener una propuesta a cambio de un salvoconducto a Chipre y una cifra exacta, 27 mil 500 libras esterlinas. Ofrecía un gran bagaje de información sobre los soviéticos; entre otras cosas, nombres de agentes que trabajaban para los rusos en el gobierno de Londres, dos de ellos en el Foreign Office y un funcionario de contrainteligencia, presumiblemente Philby. El diplomático que lo entrevistaba se comunicó a Londres y, después de una considerable demora (veintiún días), llegó a Estambul el propio Kim Philby (quien más tarde señaló que ese fue un momento verdaderamente difícil). A Volkov no se le vio más. En el típico estilo soviético, un avión ruso fuera de programa aterrizó en Estambul, un auto se le aproximó antes de que la torre de control reaccionara y unos hombres subieron un bulto vendado a bordo y el avión despegó. El bulto vendado era, muy probablemente, el infortunado Volkov.

5 Es sabido que la información confiable se obtiene mejor cuando se interroga a un sospechoso con base en una masa de información que la organización de inteligencia ya posee previamente. William Skardon describió así el momento decisivo: "Él [Klaus Fuchs] estaba obviamente sometido a una presión mental considerable. Yo sugerí que debía despejar su mente y aclarar su conciencia contándome la historia completa. Él dijo: ‘Usted nunca me convencerá para que hable.’ En ese punto nos fuimos a almorzar. Durante la comida pareció muy abstraído y estar resolviendo la cuestión […] Sugirió que volviéramos de inmediato a su casa. Al llegar dijo haber decidido que sería de su mayor interés contestar mis preguntas. Entonces le hice ciertas preguntas y en respuesta me dijo que estaba comprometido con el espionaje desde mediados de 1942 hasta hacia un año aproximadamente. Dijo que había un flujo continuo de información relativa a la energía atómica, mediante encuentros irregulares pero frecuentes." (Reporte de W. Skardon, agente de la contrainteligencia inglesa mI5, enero 31, 1950). El interrogador no sólo se ganó la confianza del científico nuclear para que confesara su parte, sino además para que identificara por fotografías a su contacto en Estados Unidos, Harry Gold. Gold, quien también estaba con ánimo platicador, permitió seguir la cadena que llevaba inexorablemente a Julius y (supuestamente) a Ethel Rosenberg. Ambos fueron ejecutados en la silla eléctrica. El presidente Eisenhower no perdonó la vida a esa mujer, con la divisa de que entonces los soviéticos emplearían más mujeres para su espionaje.

6 Cuando Greene renunció la guerra estaba prácticamente ganada. El escritor dijo muchas veces que estaba aburrido del trabajo de oficina y deseaba volver a ser escritor de tiempo completo.

Traducción y notas de Rubén Moheno