Usted está aquí: martes 31 de octubre de 2006 Opinión Felipe Calderón y la institucionalización de la migración

Ana María Aragonés

Felipe Calderón y la institucionalización de la migración

El muro, tal parece, ya es una realidad. Habría poco que agregar en relación con lo que ya se ha dicho: que es una estupidez, una afrenta a un socio, denigrante para un vecino, sobre todo, para la administración foxista que ha respondido siempre a sus requerimientos, entre ellos, aceptando hacer el trabajo sucio en la frontera sur contra los hermanos centroamericanos. Sólo hubo un momento de independencia de posiciones, cuando en Naciones Unidas Aguilar Zinser votó en contra de la guerra en Irak. Ahora la reacción del gobierno mexicano es de lamento y de ofensa, reacción poco efectiva, pues en ningún momento mostró decisión real para revertir la tendencia migratoria, que pasa por la instrumentación de una política de desarrollo nacional y soberana alejada de los intereses de Estados Unidos.

La migración en la administración foxista se ha disparado, y aun cuando se habla de una selectividad más fina aduciendo mayor escolaridad, que en algunos casos puede alcanzar niveles de estudios superiores, la realidad es que la gran mayoría de los migrantes siguen siendo campesinos, éstos sí, con mayores niveles de educación, que se insertan no sólo en labores agrícolas, sino en los servicios y en la construcción, industria en expansión en Estados Unidos. Están claros los enormes requerimientos de fuerza de trabajo extranjera del país vecino para cubrir las necesidades internas de su mercado laboral.

Hay que recordar que en la globalización Estados Unidos es uno de los principales agroexportadores mundiales, pero en tremenda competencia con la Unión Europea y otros países que se están incorporando, como India. Para mantenerse Estados Unidos requiere un reservorio de fuerza de trabajo barata en condiciones de inmigrar, situación que ha sido posible al haber sido devastado el campo mexicano a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio. Las comunidades producen para exportar no productos, sino personas, que resultan excedentarias como resultado del modelo implantado y, por lo tanto, en posibilidad para movilizarse hacia nuevos y viejos mercados laborales en Estados Unidos. Hemos perdido autosuficiencia alimentaria y las necesidades en productos agrícolas se cubren mediante importaciones provenientes del otro lado de la frontera. Se confirma así lo que David Harvey llama "los métodos de la nueva acumulación por desposesión": hacer que los sectores más pobres paguen los costos de la crisis de la sobreacumulación del capital.

Con Fox se continuó el modelo y se incrementó la migración, fiel a los designios del modelo neoliberal. Por eso no cumplió los acuerdos firmados con El campo no aguanta más y su estrategia de los changarros estuvo lejos de lograr el desarrollo del país, si acaso pudo servir en algunos casos como estrategia de supervivencia. No hubo inversiones masivas en industrias, sino, por el contrario, se abrió a la inversión extranjera directa que nos coloca como un importante país, pero maquilador. La política de la administración foxista no atacó frontalmente las estructuras de la desigualdad, que son las que restan recursos a la población para escapar de la pobreza y alcanzar el sueño de todos los migrantes, es decir, poder vivir en su país.

Con Calderón el futuro no se presenta mejor, si acaso peor, pues en su encuentro con el primer ministro Harper, de Canadá, su estrategia parece ser la "institucionalización de la migración" de plano, ya que pretende crear "un programa para que no sólo trabajadores agrícolas tengan estancias temporales en Canadá, sino médicos, enfermeras, expertos en energía y servicios financieros que puedan ser exportados (...) Capacitar de manera intensiva a jóvenes mexicanos para que hablen inglés y obtengan empleos 'altamente remunerados' en sectores donde hay alta demanda de mano de obra" (La Jornada, 29/10/06).

Queda claro que el próximo gobierno no va a revertir la tendencia migratoria, sino que la va a fomentar. Para colmo, se va a invertir en recursos humanos con alto capital social para que otro país se beneficie de lo que los mexicanos en su totalidad invierten a través de los impuestos. Se sigue esperando que las remesas, que ya han alcanzado los 20 mil millones de dólares, sean parte fundamental de la entrada de divisas, no para sacar a las comunidades de la pobreza, sino para profundizar sus estrategias privatizadoras.

Acabo de participar en el vigésimo octavo Coloquio de Antropología e Historia Regionales, en Zamora, Michoacán, donde importantes investigadores de muy diversos centros de investigación del país analizaron la situación del campo mexicano bajo diferentes perspectivas y visiones. Se discutieron y debatieron temas tales como biodiversidad, movimientos sociales, migración, situación del agua, el maíz, las organizaciones campesinas e indígenas, el TLCAN, entre otros. Y si bien fue devastador conocer la situación en la que las políticas neoliberales han colocado al campo mexicano, al mismo tiempo fue alentador conocer que la situación es reversible, pues los recursos del país son extraordinarios, tanto humanos como naturales. Lo que hace falta es un proyecto nacional que incorpore y salve al campo y a los campesinos mexicanos. Ni las remesas pueden sustituir las responsabilidades del Estado en el desarrollo regional ni la falta de desarrollo se resuelve con migración, sino con políticas de desarrollo. Lo que sí nos queda claro es que éste no es el proyecto de Calderón.

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