Usted está aquí: martes 31 de octubre de 2006 Opinión Ansiedad

Javier Flores

Ansiedad

Los trastornos de ansiedad se han convertido, junto con la depresión, a la que frecuentemente se asocian, en los males característicos de nuestro tiempo. Comprenden varias modalidades, como el desorden generalizado de ansiedad, en el que todos los hechos cotidianos generan gran preocupación o miedo anormal y extremo; la fobia social, en la que la angustia proviene de asistir a una reunión en una oficina, a la presentación de un libro o a la escuela, o las fobias específicas, también llamadas agorafobias, como el temor exagerado a las arañas o las alturas. También comprenden los ataques de pánico, cuyos síntomas pueden ser tan graves como los de un ataque cardiaco; o los episodios obsesivo compulsivos, en los que la persona se encuentra invadida por pensamientos persistentes que le generan gran preocupación y temor y la llevan a conductas repetitivas, como lavarse las manos todo el tiempo, o a frases recurrentes.

Todas estas variedades son terribles, pues implican gran sufrimiento para quienes las padecen... Que en mayor o menor grado somos casi todos los que habitamos el siglo XXI.

Todas las modalidades de los trastornos de ansiedad tienen en común el miedo. De acuerdo con autores como Reber, el miedo es un estado emocional que surge ante la presencia o la anticipación de un estímulo nocivo. Es normal experimentarlo, especialmente cuando el estímulo amenazante está frente a uno. Pero cuando no es así, una reacción exacerbada ante una amenaza imaginaria conduce a los territorios de la ansiedad, que pueden llevar a los ataques de pánico, o a alguna de las variedades ya señaladas.

Pero en el mundo en que vivimos es verdaderamente difícil no sentir miedo; por eso pueden dispararse estos padecimientos, lo que explicaría, en mi opinión, su alta incidencia. Por eso es posible proponer que los trastornos de ansiedad tienen, entre otros orígenes, una base social.

Estos padecimientos tradicionalmente habían sido considerados temas de la sicología, el sicoanálisis o la siquiatría. Pero un trabajo reciente muestra que pueden estar asociados también a males físicos como enfermedades respiratorias, de la glándula tiroides, a artritis (enfermedad del tejido colágeno que afecta y deforma, entre otras partes, las articulaciones), afecciones gastrointestinales, alergias o migraña (dolor de cabeza poco entendido, pero persistente). Quiere decir que algunos daños físicos también pueden conducir a los trastornos de ansiedad.

El trabajo publicado el 23 de octubre pasado en Archives of Internal Medicine por Jiteren Sareen y sus colaboradores de la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá, sugiere que los trastornos de ansiedad pueden tener una base biológica.

Aunque los autores no lo señalan, muchos de los síntomas y signos de los trastornos de ansiedad son cardiovasculares, por ejemplo, las fobias o los ataques de pánico se acompañan de un aumento de la frecuencia cardiaca o palpitaciones, dolor en el pecho y sudoración, que se parecen mucho a los de diversas anomalías cardiacas, entre ellas la hipertensión arterial. En este caso la relación entre una entidad y otra parecería confusa. Pero no hay duda de que es necesario determinar o descartar la posible relación entre un mal físico y uno puramente síquico.

A fin de cuentas los humanos somos una combinación entre cuerpo, sique y cultura. Aunque no sabemos cómo se establecen los vínculos entre cada uno de estos universos, los trastornos de ansiedad son un buen modelo para enfrentar uno de los mayores retos del conocimiento acerca de lo humano: ¿cómo se relacionan los aspectos socioculturales con la enfermedad mental? ¿Cómo entre la biología y la sique? ¿Cómo entre la sociedad y la biología? Se trata de un triángulo eterno que nos persigue y no hemos sido capaces de explicar cabalmente... Y eso nos produce gran ansiedad.

 
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