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''Disfrutaba su soledad y el momento de creación'', según su hijo Eduardo

Ernesto Tamariz convirtió a los panteones en espacios artísticos

FABIOLA PALAPA QUIJAS

Ampliar la imagen Arcángel San Miguel, 1956, escultura en mármol de 2.50 metros de altura de Ernesto Tamariz Foto: Roberto García Ortiz

Heredero de la plástica de los grandes escultores del Renacimiento y del arte trascendental de Rodin, Despiau, Bourdelle y Maillol, Ernesto Tamariz (1904-1988) destaca en el panorama de la escultura mexicana contemporánea por sus monumentales piezas con temáticas social, política, religiosa y funeraria.

Considerado maestro fundador de la Escuela Mexicana de Escultura, Tamariz fue capaz de expresar los más vivos sentimientos e ideales de su tiempo, marcados por la Revolución Mexicana.

El escultor nacido en la Villa de Acatzingo, Puebla, con su creatividad convirtió a los panteones de la ciudad de México en espacios artísticos, donde se puede apreciar estilos como el art decó, el art noveau, el nacionalista y el eclecticista.

Dentro de la iconografía del arte funerario del siglo XIX, sobresalen ángeles, arcángeles, dolientes y retratos.

El ángel de la muerte que porta una espada y vela el sueño de los infantes muertos es el más representado, pues la función principal atribuida al ángel es conducir almas al paraíso.

De 1943 a 1957, Tamariz realizó varias esculturas para la antigua Basílica de Guadalupe, como la estatua con mármol de Carrara del papa Pío X y del padre Plancarte, emplazadas en la entrada del antiguo templo.

También hizo las esculturas de los cuatro arcángeles, en mármol italiano, y de una sola pieza que están colocados en la parte más alta de la escalinata del cerro y panteón del Tepeyac. Son los arcángeles Uriel, Rafael, Gabriel y Miguel, los cuales resolvió con estilo un tanto barroco. Posteriormente cinceló las esculturas de ónix pulido del nuevo altar central de la Catedral metropolitana.

Libertad creativa

La escultura de carácter religioso debe a Tamariz una de las producciones artísticas más relevantes del país, mientras que con la obra funeraria, pondría de relieve el arte depurado de la talla directa en mármol, ónix y otros materiales.

En el panteón civil de Dolores hizo el mausoleo de Alfonso Reyes para la Rotonda de las Personas Ilustres, y en el de San Fernando ejecutó la tumba de Ignacio Zaragoza.

En 1932, Tamariz escribió sobre su trabajo de marmolería artística:

''Además de ejecutar varias decenas de estatuillas, bustos, estatuas de santos para panteones y templos, también logré ejecutar piezas de mejor calidad por haberme dejado los clientes en libertad creativa."

El escultor ejecutó el Viacrucis en mármol de la Catedral de Chihuahua -el Cristo resucitado de la obra está en su tumba en el panteón Español- que tiene 14 relieves con marcos de bronce que representan la pasión y muerte de Cristo.

La escultura de mármol de la cripta Mundet en el panteón Español tiene dos figuras con expresión dolorosa que cargan una pequeña pero pesada cruz; en el interior hay un crucifijo grande también de mármol de Carrara. La cripta es de arquitectura moderna, pesada y de reluciente granito natural. El conjunto impresiona por su perfección.

Tamariz trabajó en el taller de marmolería de Adolfo Ponzanelli, quien le mando hacer un Cristo sin cruz en un enorme bloque de mármol.

De la pintura a la escultura

En entrevista, Eduardo Tamariz, hijo del escultor, comentó que su padre vivió 84 años y prácticamente trabajó 70 años. ''Se inició como pintor y encontró su camino por la escultura".

De acuerdo con el también pintor y escultor, su padre creó infinidad de cristos y medallones de retratos de vírgenes para las tumbas; sin embargo, ''se ha perdido mucho el colocar todas estas imágenes religiosas en los cementerios, ahora lo único que llegan a poner es un crucifijo de bronce".

En los panteones -agregó Eduardo Tamariz- hay cosas muy interesantes, lamentablemente la gente no aprecia el arte funerario; además, como los propietarios o herederos han desaparecido, muchas de las criptas se han deteriorado o han sido saqueadas.

Al rememorar aquellos años en los que acompañaba a su padre en el taller, Eduardo expresó que nunca salían los domingos porque Ernesto Tamariz trabajaba ese día. ''Disfrutaba enormemente su soledad y su momento de creación. No descansaba. Era un placer y puedo recordar con claridad el gusto y la pasión que él tenía, sobre todo cuando iniciaba una obra; era como la esperanza de que fuera la mejor".

Tamariz también creó las estatuas de Ignacio Vallarta y Mariano Otero, así como los relieves para la puerta principal del edificio de la Suprema Corte de Justicia, y el Monumento a don Vasco de Quiroga, en Michoacán (1943), entre otras obras.

 
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