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El lingüista impartirá una serie de conferencias en universidades del país

El progreso ha cambiado el concepto de lectura, asegura Daniel Cassany

La ideología se ha constituido como un tema que condiciona lo que se lee, afirma

ERICKA MONTAÑO GARFIAS

Ampliar la imagen Daniel Cassany, durante la entrevista con La Jornada Foto: Cristina Rodríguez

El concepto tradicional de la lectura como un proceso lingüístico o cognitivo ha cambiado. Hoy leer ya no significa "sentarse en un sillón y leer un libro", afirma el investigador y lingüista catalán Daniel Cassany cuyo libro más reciente, Tras las líneas. Sobre la lectura contemporánea, explora los cambios en el proceso de lectura que han ocurrido en décadas recientes.

Para leer, explica Cassany, no utilizamos sólo las palabras y la mente sino que ahora leemos también textos que son sociales, es decir, instrumentos físicos de una época y de un lugar.

"Quizá las palabras no han cambiado mucho. Las que utilizaba mi abuelo son bastante parecidas a las que utilizo yo, mi mente tampoco es bastante diferente de la de mi abuelo, la diferencia radica en que hoy existen cosas que no había en su época. Hay variaciones a lo largo de la geografía y de la historia. La idea de que todos leemos del mismo modo es muy bonita, pero es esquemática y falsa: todos tenemos la misma mente y un lenguaje parecido, en el caso del español, pero en cada lugar se hacen cosas diferentes con esta mente y con este lenguaje".

Los cambios básicos son cinco: en la actualidad se producen muchas actividades que hoy se resuelven leyendo y apretando botones, por ejemplo el uso de máquinas que expenden boletos cuando hace unos años resolvíamos esa necesidad hablando con una persona en una taquilla.

Otro de los cambios es Internet que se ha convertido en una actividad cotidiana, uno más es que leemos en distintas lenguas o leemos discursos que han sido traducidos desde otras lenguas, desde otras culturas, desde otros lugares y entonces empleamos otros parámetros culturales. También estamos más interesados en leer sobre ciencia, que emplea un lenguaje determinado y que a veces no entendemos por lo que nos enfrentamos con un tipo nuevo de lectura.

Sin embargo, una de las diferencias fundamentales es que "es mucho más importante la ideología. Tenemos más interés de profundizar en la democracia, reconocer la libertad de expresión, dejar que el mundo diga lo que piensa y eso significa que tenemos que darnos cuenta de la ideología que hay detrás de un discurso", añadió Cassany, profesor de análisis del discurso de la Universitat Pompeu Fabra y autor de libros de análisis como La cocina de la escritura, Describir el escribir, Construir la escritura y Taller de textos.

En su obra, Tras las líneas... es el primero que dedica a la lectura y en él, además de ese análisis de los cambios, propone al lector un juego: encontrar tres errores dentro del texto.

Este juego "es para transmitir la idea de que no todo lo escrito es cierto. En una cultura pretérita, arcana, de la lectura, supuestamente el significado de un texto es único, estable, el mismo para todos y objetivo; es La Verdad -con mayúsculas- y no existe nada escrito que sea mentira.

"Esa es la concepción tradicional, creo que todos aprendemos a leer de esa manera, cuando en realidad lo que encontramos son perlas y basura; hay mentiras tanto en los libros, como en Internet, en los discursos. Así que el objetivo del juego es decirle al lector 'ponte en actitud crítica, encuentra mentiras, discútelo todo, no te creas todo lo que leas'".

Daniel Cassany se encuentra en México para ofrecer cursos en universidades de la ciudad de México, Hermosillo, Colima y Monterrey. Asimismo participará en el seminario internacional Otros géneros, otras lecturas, en el contexto de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, con la conferencia Vivir y leer en el siglo XXI.

 
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