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Ese rubro no es el único; evitaré que bloquee la relación bilateral, señala el michoacano

En EU, Calderón se desmarca de la política migratoria del actual gobierno

''Yo sé que tendré que enfrentar mis propias circunstancias; no soy ni Salinas ni Zedillo... ni Fox''

CLAUDIA HERRERA, DAVID BROOKS

Ampliar la imagen Felipe Calderón Hinojosa y George W. Bush, durante su encuentro en la Casa Blanca Foto: Ap

Washington, 9 de noviembre. El mandatario de Estados Unidos, George W. Bush, recibió al presidente electo de México, Felipe Calderón Hinojosa, calificando los comicios del 2 de julio de ''abiertos y honestos'', y declaró que cree ''profundamente'' en una reforma migratoria amplia. Pero el mismo Calderón se encargó de quitar peso al tema migratorio, al señalar que ''no es el único'' y que inclusive evitará que ''bloquee'' la relación bilateral.

Con esta declaración marcó distancia del gobierno de Vicente Fox Quesada, que convirtió el tema migratorio en su apuesta principal. De hecho, cuando la prensa le preguntó qué lo distingue de otros presidentes que llegaron a decir lo mismo a Washington, respondió: ''No soy ni pretendo ser ni Salinas ni Zedillo (hizo una pausa) ni Fox; yo sé que tendré que enfrentar mis propias circunstancias".

Para seguir con este desmarque de Vicente Fox, insistió en que no es afecto a ''generar expectativas ni hacer anuncios espectaculares; prefiero que si esas cosas se dan, pues se anuncien cuando verdaderamente se tengan''. De esa manera concluyó como inició su tercera gira internacional: pidiendo que no se generen expectativas en torno a él.

Fiel a esta idea de no centrarse en lo migratorio frente a Bush y a la prensa que estuvo presente en el salón Oval, Calderón fue cauteloso y nunca reprobó, ni siquiera hizo alusión a la construcción del muro fronterizo, aunque después aseguró que en su conversación con el mandatario estadunidense sí planteó que es una equivocación.

Y de alguna manera justificó el apoyo que Bush dio a esta iniciativa. ''El (Bush) explicó que se trataba de una medida que respondía a la preocupación de los estadunidenses por tener una frontera segura, al menos así lo dijo, particularmente los temas de tráfico de drogas, de armas y de migración, obviamente migración ilegal''.

En los hechos, el único ''acuerdo'' concreto que amarró en su visita a Washington, aun sin ser presidente en funciones, fue acelerar el diálogo de un grupo de trabajo que buscará un ''aterrizaje suave'' por la entrada en vigor del capítulo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que desgrava aranceles a maíz y frijol.

En términos llanos implica la creación de un grupo que analizará el tema, según lo acordó en un desayuno de trabajo con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que fue ''estrictamente privado''.

El panista mantuvo la intensa agenda del día anterior. Antes del encuentro con Bush, se reunió con líderes de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, quienes le habrían planteado su preocupación por los monopolios que hay en México, sobre todo en materia de comunicación. A decir de uno de los miembros de la comitiva, Calderón les dijo que estaba consciente de esa situación y que él sabrá en qué momento y contra cuál de esos monopolios va a emprender batallas.

Protestas ante la Casa Blanca

Al entrar el convoy a la Casa Blanca había 12 personas afuera que gritaron: ''Asesino, asesino'', y antes coreaban: ''¡Felipe, entérate, el pueblo no te quiere!'', ''¡Oaxaca no es cuartel, fuera Ejército de él!'', ''¡Ellos son, ellos son, los que venden a la nación!''

Los manifestantes pertenecen a la organización Migrantes sin Fronteras, y un día antes habían protestado a la llegada del panista. Lejos ya de la protesta, en el acceso al ala oeste, corazón de las oficinas del presidente estadunidense, Calderón bajó de una limusina negra blindada, que el cuerpo de seguridad diplomático destina habitualmente a los huéspedes distinguidos, para dirigirse a la reunión con Bush al salón Oval, que duró 45 minutos, esto es, más de la media hora programada.

Adicionalmente hubo otro encuentro en el que participaron las comitivas de ambos mandatarios. Del lado mexicano, Josefina Vázquez Mota, Juan Camilo Mouriño, Agustín Carstens, Arturo Sarukhán, Ernesto Cordero y Maximiliano Cortázar. Por parte del gabinete de Bush estuvieron el vicepresidente Richard Chenney, Rice, el secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, y el vocero Tony Snow; Joshua Bolden, jefe de gabinete, Stephen Hadley, consejero de Seguridad, y el embajador Antonio Garza.

Calderón Hinojosa se encontró con un George W. Bush debilitado por la derrota republicana ­lo más grave se confirmó hoy: que el Senado pasó a manos de los demócratas. De hecho, antes de recibir al mexicano había almorzado con la legisladora demócrata Nancy Pelosi, futura lideresa de la Cámara de Representantes y tercera en la línea de sucesión presidencial.

Y el panista no pudo eludir la política doméstica estadunidense. Declaró al diario The Washington Post, en breve entrevista publicada en la página 18, que Bush está enfrentando un ''momento difícil'' y mostró confianza en que la victoria de los demócratas podría servir como catalizador para mejorar las relaciones bilaterales.

En medio de este reacomodo de fuerzas, resultó que el presidente electo tuvo más encuentros con los republicanos, los derrotados de la elección, que con los demócratas. Si bien se reunió con Howard Dean, presidente del Comité Nacional del Partido Demócrata, le faltó hablar con Pelosi, la que será a partir del mes de enero la mujer más poderosa de la política estadunidense.

Ya en el salón Oval, entre cuadros con las imágenes de los próceres de este país, los ex presidentes Benjamín Franklin y George Washington, Bush se mostró cordial con Calderón y hasta declaró estar ''muy orgulloso'' de las elecciones presidenciales en México. En su breve mensaje sólo mencionó como tema candente de la conversación el del narcotráfico y aseguró que la relación con México es ''prioridad'' de su gobierno.

En respuesta, el panista advirtió que la única solución al problema migratorio de fondo es crear empleos bien pagados en México y para ello necesitan impulsar la inversión en nuestro territorio para demostrar que el ''comercio, el mercado libre, la democracia, el respeto a los derechos humanos le dan resultados a la gente''.

En medio de su tormenta política, Bush ya no dio oportunidad para que los reporteros formularan sus preguntas. Quizás para compensarlo, se despidió en español con un ''adioooooós''.

Después, ya en conferencia de prensa, el michoacano insistió en hacer a un lado el tema migratorio y puso énfasis en las exigencias de los estadunidenses: encontrar un equilibrio entre una frontera segura y la búsqueda de una prosperidad común.

Aseguró que, sin quitar el dedo del renglón del asunto migratorio, aprovechará las áreas de oportunidad que tiene México en materias comerciales y de inversión, así como perfeccionar los mecanismos bilaterales, y eso no implica necesariamente ceder o claudicar absolutamente en nada.

Si bien pareció desmarcarse de la estrategia foxista, que se enfocó en conseguir la llamada enchilada completa, eludió criticar abiertamente al guanajuatense por ese motivo.

''Yo no digo que haya sido un error haber convertido el tema migratorio, no sólo en el centro, sino casi en el único tema de la relación bilateral; creo que es una cosa que simple y sencillamente ocurrió dada la importancia de ese rubro y también dadas las expectativas que se fueron cavando alrededor de él.''

Reconoce descomposición en la seguridad de México

Sin el énfasis que había puesto en sus conferencias en México, señaló que hablaron del desafío que representa el tema del narcotráfico y el crimen organizado. Según Calderón Hinojosa, Bush reconoció la imperiosa necesidad de que los estadunidenses hagan su parte en términos de reducir la demanda de estupefacientes, que al final de cuentas es lo que impulsa precisamente estos flujos perniciosos para los países.

Aquí, donde el Departamento de Estado ha emitido varias alertas a sus ciudadanos para que no viajen a México por la inseguridad, Calderón reconoció en la entrevista con The Washington Post que México ha experimentado una ''descomposición en el ámbito de la seguridad'', reflejado en un aumento en la violencia que ha alcanzado a su estado natal, Michoacán.

Finalmente, cuando estaba por recibir el espaldarazo de George W. Bush por los resultados de la elección del 2 de julio, consideró que las divisiones generadas por la controversia en torno al cerrado resultado que tuvo con respecto al perredista Andrés Manuel López Obrador ''están desapareciendo''.

 
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