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Raoul Vanegeim*
Traducción: Raúl Ornelas Bernal

Llamado de un partisano de la autonomía individual y colectiva

Ampliar la imagen Aspecto de la barricada de Cinco Señores en las inmediaciones de Ciudad Universitaria, durante la madrugada de este viernes en la ciudad de Oaxaca Foto: Francisco Olvera

Considerando que los habitantes de Oaxaca tienen derecho de vivir como deseen, en la ciudad y en la región que son las suyas.

Considerando que han sido víctimas de una agresión brutal de los policías, de los militares y de los escuadrones de la muerte a sueldo de un gobernador y de un gobierno corruptos, a los que no les reconocen ya ninguna autoridad.

Considerando que el derecho de vivir de los habitantes de Oaxaca es un derecho legítimo y que son las fuerzas de ocupación y represión las que están en la ilegalidad.

Considerando que la resistencia masiva y pacífica de la población de Oaxaca testimonia a la vez su resolución de no ceder ante la amenaza, el miedo, la opresión, así como su voluntad de no responder a la violencia de los policías y de los asesinos paramilitares con una violencia que justificaría la obra de sufrimiento y de muerte realizada por los enemigos de la vida.

Considerando que la lucha del pueblo de Oaxaca es la lucha de millones de seres que reivindican el derecho de vivir humanamente y no como animales, en un mundo en que todas las formas de vida son amenazadas por los intereses financieros, la ley de la ganancia, las mafias de los negocios, por la transformación en mercancías de los recursos naturales, el agua, la tierra, las especies vegetales y animales, la mujer, la niñez y el hombre, esclavizados todos, en sus cuerpos y en su conciencia.

Considerando que la lucha global emprendida en nombre de la vida y en contra de la influencia totalitaria de la mercancía es lo que puede evitar que el pueblo de Oaxaca caiga en la desesperanza que sirve siempre y fielmente al poder, paralizando el pensamiento, despojándonos de la confianza en nosotros mismos y obstaculizando la facultad de imaginar y de crear soluciones nuevas y nuevas formas de lucha.

Considerando que la solidaridad internacional se contenta a menudo de rollos emocionales, de discursos humanitarios y de declaraciones huecas, en los que sólo halla satisfacción la fatuidad del orador.

Deseo que un respaldo práctico sea dado a las asambleas populares de Oaxaca con el fin de que eso que no es aún una comuna pueda llegar a serlo. Lo que se esboza en Oaxaca se sitúa en la línea de continuidad de la Comuna de París y de las colectividades andaluzas, catalanas y aragonesas creadas durante la revolución española de 1936-1938, en las que la experiencia autogestiva sentó las bases de una nueva sociedad.

Para ello, hago un llamado a la creatividad de cada cual a fin de que sean abordadas las preguntas que, sin prejuzgar su pertinencia ni su relevancia, deben aparecer, con razón o sin ella, en la constitución de un gobierno del pueblo para el pueblo, es decir, de una democracia directa en la cual las reivindicaciones individuales sean consideradas, examinadas desde el ángulo de una eventual armonización y dotadas de un reconocimiento colectivo que permita su satisfacción:

­¿Qué tan posible y deseable es que los familiares de las víctimas de la represión y de la ocupación policiaca levanten una demanda contra el gobierno y las instancias responsables de los asesinatos y las violencias? ¿Cómo garantizarles un apoyo internacional?

­¿Cómo impedir los encarcelamientos, la acción de los paramilitares y el que la región regrese a las manos ensangrentadas de los corruptos?

­Más allá del sobresalto de indignación suscitado por la barbarie policiaca y mafiosa, ¿cómo ayudar a la población de Oaxaca a dar garantías efectivas a la aspiración que no deja de expresar: ya no queremos ser presas de ninguna violencia?

­¿Cómo actuar de modo que ninguna opresión sea ejercida sobre el derecho de vivir de los individuos y de las colectividades ligadas a la defensa de este derecho universal?

­¿Qué respaldo puede aportar la solidaridad internacional a la resistencia civil de Oaxaca de modo que esta resistencia civil devenga simplemente la legitimidad de un pueblo para gobernarse a sí mismo mediante el recurso a la democracia directa?

Y en una perspectiva de mediano plazo:

­Si ella lo desea, ¿cómo podemos colaborar con la comuna de Oaxaca en la organización del aprovisionamiento de alimentos y bienes de utilidad individual y colectiva?

­¿Cómo podemos ayudar a las asambleas populares para que ellas mismas y sin intervención de los poderes "de arriba" realicen la gestión de los transportes, de los servicios de salud, del aprovisionamiento de agua, de electricidad, etcétera?

­¿Qué aporte internacional puede ser dado al proyecto de "educación alternativa" que, tras la larga huelga de los maestros, se bosqueja en Oaxaca?

­¿No existe alguna asociación científica que pueda facilitar el desarrollo de energías naturales y no contaminantes en la región de Oaxaca? El objetivo sería doble. Por una parte, evitar que estas energías sean implantadas autoritariamente en beneficio del Estado y de las multinacionales, como ha sucedido en el Istmo. Por otra parte, recordar que para nosotros, la preocupación energética y ambiental sólo tiene sentido en su relación con la autogestión, pues sólo en este contexto las nuevas fuentes de energía estarían al servicio de comunidades autogestionadas. Las energías naturales y no contaminantes permiten no sólo volverse independientes respecto de las mafias petroleras y tecnológicas, sino que instauran poco a poco la gratuidad que su carácter renovable y su fuente inagotable garantizan, una vez cubiertos los costos de la inversión. Y esta idea de la gratuidad de las energías, que implica, a su vez, la gratuidad de los medios de transporte, de la salud, de la educación, es, además de una arma absoluta contra la tiranía mercantil, el mejor garante de nuestra riqueza humana.

Cada vez que una revolución ha despreciado considerar como su objetivo prioritario la tarea de enriquecer la vida cotidiana de todos, ha dado armas a la represión.

 
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