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Juan Carlos Botero promueve aquí su novela El arrecife, editada por Seix Barral

''La gente está acabando de manera justa con las elites de América Latina''

La niñez, los indígenas y los ancianos no figuran en las prioridades políticas de muchos gobernantes, deplora

Su libro describe el rito de iniciación a la adultez de un muchacho

MONICA MATEOS-VEGA

Ampliar la imagen En mi país, Colombia, la seguridad y no la pobreza es el tema preponderante de la agenda política, manifiesta Juan Carlos Botero a La Jornada Foto: Cristina Rodríguez

En América Latina, las elites y las clases dirigentes son grupos sociales en extremo egoístas, ''miopes a las necesidades de la población en general y le han dado la espalda al pueblo; por tal motivo, la gente está acabando con ellos de manera espectacular y justa", afirma el escritor Juan Carlos Botero (Bogotá, 1960).

De visita en México para presentar su novela El arrecife (Seix Barral), en la cual describe el rito de iniciación a la adultez de un muchacho proveniente de ''una típica familia con una madre obsesionada por los factores sociales de qué dirán y ese tipo de tonterías", el escritor explica que le llevó siete años concluir el relato, que tiene como escenario el mar.

''Empezó como un cuento y se convirtió en una novela de 500 páginas; tiene mucho de autobiográfico, por ejemplo cuando describo el hechizo que provoca el mar en el joven protagonista", dice Botero en entrevista con La Jornada.

Es una lástima, agrega, ''que nuestra cultura haya perdido esos ritos de iniciación que existían, en los que se entrenaba a los muchachos para dejar atrás la niñez, para asumir su condición de seres adultos, hombres o mujeres, y ante todo para asumir nuevas responsabilidades.

Ignorancia de las cosas esenciales

''Nosotros ­prosigue Juan Carlos Botero­ ingresamos a la edad adulta por cumplir cierto número de años y nada más. Inclusive una de las conquistas de mayor refinamiento y lucidez en épocas actuales, el derecho al voto, algo que se ha conseguido luego de duras batallas sociales, es algo a lo que uno se hace merecedor al cumplir cierto número de años.

''Es decir, no es algo meritorio, no hay que pasar ninguna prueba ni hay que demostrar nada para poder contribuir a trazar el destino de un país. En el pasado, pueblos como los griegos o los romanos eran mucho más lúcidos en este aspecto, pues había un proceso de entrenamiento, de iniciación, para convertir al muchacho o a la mujeres en buenos seres humanos.

''Ahora se nos entrena para ser buenos profesionales, pero no buenas personas. En cosas esenciales de nuestra vida demostramos una ignorancia total."

En este contexto, Botero lamentó que en América Latina las personas que po-seen mecanismos de influencia o fuerza sean las que tracen las agendas nacionales, ''por eso la niñez no figura en las prioridades políticas de muchos gobernantes, ni los indígenas ni los ancianos; es decir, aquellos que no contribuyen con su voto o con su dinero están marginados de los procesos de toma de decisiones.

''Aunque ha cambiado un poco eso en Colombia de los años 80 a la fecha, el tema primordial de las agendas políticas en mi país es la seguridad, un tema preponderante y de inquietud para los ricos, pero el problema principal es la pobreza; durante años este aspecto no figuraba para nada en los discursos oficiales."

Preparación ante los peligros

Para el autor del cuento El descenso (con el cual ganó la versión 19 del Concurso de Cuento Latinoamericano en México, en 1990) el arte y, en particular, la literatura tienen un papel fundamental: ''contamos historias con una finalidad instructiva, vital y necesaria.

''Porque sólo a través de nuestras historias nos educamos para los peligros que se nos presentan en la vida. Los escritores tienen una finalidad totalmente pedagógica; por eso describo en mi novela un ritual de iniciación antiguo, adaptado al presente, en torno al fuego, con un brebaje especial ­en este caso es el ron­; los ancianos instruían a los jóvenes acerca de los aspectos más importantes de su cultura, los preparaban para los peligros.

''Primero la palabra y luego la acción. Ese papel fundamental lo cumplen hoy los escritores."

 
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