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Javier Flores

Desafíos de la prevención*

¿Por qué la enorme vigencia de la prevención en un país como México? Somos una nación con grandes necesidades en todos los órdenes, por lo que es preciso evitar, en lo posible, que el peso de la atención médica recaiga en los niveles secundario y terciario (clínicas y hospitales de alta especialidad). Los costos de la atención hospitalaria son cada vez más elevados, sin mencionar las pérdidas sociales por la reducción de horas/trabajo. Pero no me refiero aquí solamente a los aspectos económicos, que son sumamente importantes, sino principalmente al sufrimiento de los enfermos y sus familias, y la pérdida de vidas humanas por causas que pueden ser evitadas antes de que constituyan una merma en la salud.

El aumento en la disponibilidad de vacunas se correlaciona sin duda con la reducción de las tasas de mortalidad. Hemos tenido logros muy importantes, pues han podido ser erradicadas de México enfermedades como viruela, difteria, poliomielitis y rabia. Los avances científicos y tecnológicos han conducido a la creación de nuevas vacunas, y en nuestro país hemos logrado la reducción de los tiempos para tener acceso a ellas. Pero simultáneamente nos encontramos ante una paradoja, pues en el terreno de la vacunación los costos se han incrementado de manera notable. En otras palabras, el costo de la atención hospitalaria se ha incrementado sustancialmente y el de la prevención también muestra ahora tendencia creciente.

Un ejemplo claro es la reciente aparición y comercialización de una vacuna contra el virus del papiloma humano, principal causa de cáncer cérvico uterino. La vacuna, patentada y comercializada por la industria farmacéutica, tiene un costo muy elevado para la realidad socioeconómica de países como México. Pensemos en los municipios de bajo índice de desarrollo humano y en comunidades que se componen mayoritariamente de población indígena. La vacuna, que es sin duda un gran avance científico y tecnológico, resulta inaccesible. Los sistemas de salud tendrán que hacer un gasto enorme para alcanzar la cobertura universal.

Además de la vacuna contra el papiloma humano, se están desarrollando otras que deberán ser incorporadas en los programas de prevención de las naciones en desarrollo. Si pensamos, además de los avances, en la investigación científica, en las contingencias sanitarias, como la amenaza que representan, por ejemplo, la influenza aviar o el bioterrorismo, estamos ante la exigencia de crear en tiempos breves métodos de prevención, cuyos costos son monumentales.

Entonces, en perspectiva, el costo de la prevención comienza a proyectarse a niveles que quizá llegarán a ser comparables con los de la atención en los niveles secundario o terciario. ¿Qué hacer?

En mi opinión deben combinarse los programas de prevención actuales con un impulso decidido a la investigación científica y tecnológica. Me refiero no sólo al campo de la sociomedicina y la salud pública, cuya importancia es incuestionable, sino al desarrollo de capacidades propias para la creación de vacunas, fármacos e insumos que son indispensables para la prevención, cuyos costos pueden convertirlos en el futuro en inaccesibles para las naciones en desarrollo.

Para lograr esta meta se requieren programas de investigación basados en la cooperación, es decir, proyectos multinacionales que puedan ser financiados por países que compartan los mismos objetivos, convocando a sus comunidades científicas, universidades e instituciones de investigación a encarar este desafío. Se requeriría de programas que promuevan la movilidad entre especialistas y la formación de recursos humanos. Las academias nacionales de medicina, junto con los gobiernos de los países participantes, pueden ser los elementos impulsores de programas de este tipo.

Pero hay además otro universo en el que debemos actuar. Los programas de prevención requieren de la participación consciente de la sociedad. De nada serviría contar con vacunas, fármacos e insumos si la población no está informada y no participa activamente en su propio cuidado. En este sentido, debe ponerse mayor énfasis en la difusión de los conocimientos que propicien el cuidado de la salud personal y de las familias. La difusión de la ciencia y la medicina es una tarea altamente especializada que no puede quedar en manos de improvisados. Aquí cobra relevancia la formación de recursos humanos en ese campo que, pese a su importancia, tradicionalmente ha sido de los más descuidados.

En el momento actual de México, cuando se produce un cambio de gobierno, es indispensable que no se modifiquen los programas de prevención que están en marcha; por el contrario, deben fortalecerse. Y también debe darse impulso decidido a la investigación científica y tecnológica en el área de prevención, así como a la difusión de la ciencia y la medicina para lograr mejorar la calidad de vida de toda la población.

*Una versión más amplia de este texto fue leída en el Foro Interacadémico en Problemas de Salud Global, organizado por la Academia Nacional de Medicina, celebrado en octubre pasado

 
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