Usted está aquí: martes 14 de noviembre de 2006 Opinión La Muestra

La Muestra

Carlos Bonfil
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Las mantenidas sin sueños

Humorismo y desenfado verbal

VERA FOGWILL ES es una estupenda actriz argentina. En México se le ha visto en el papel de taxista harta de su rutina laboral en El viento se llevó lo que, de Alejandro Agresti (1998), y también, este año, en la delirante comedia Chile 672, de Pablo Vardauil y Franco Verdoia.

ES LA GUIONISTA y directora, a lado de su pareja, Martín de Salvo, de Las mantenidas sin sueños, éxito internacional instantáneo. En esta cinta, Fogwill se reserva el papel central, el de Florencia, una madre adicta al alcohol y a las drogas, aquejada de indolencia crónica, que día a día batalla con su hija de nueve años, Eugenia (Lucía Snieg), quien sin hacerle demasiado la moral le asesta sus disquisiciones filosóficas sobre el sentido de la vida.

COMO YA ES un tema recurrente en el cine argentino actual, la disección de la vida familiar se confunde con la radiografía de un país en crisis, donde aún subsisten el desánimo y el desempleo. Quienes rodean a Florencia tienen también conductas estrafalarias: un marido cómplice en el consumo de estupefacientes y padre doblemente irresponsable; una amiga de infancia frívola y maniática, rodeada de lujos pero eternamente insatisfecha, y una abuela hipocondriaca que ingiere al azar los medicamentos a su alcance ("El rohypnol ­tranquilizante supremo­ es mi salvación").

A ESTA GALERIA pintoresca la contempla, de modo un tanto desdeñoso, la precoz Eugenia, quien no deja de impacientar y hostigar, pero también de proteger, a cuanto ser tiene a su lado, de modo especial a su madre, heroína casi almodovariana al borde casi siempre de un ataque de nervios.

AUNQUE EL TONO dominante en Las mantenidas sin sueños es la comedia, el relato tiene momentos de intensa melancolía. El punto de vista es el de una niña inteligente, consciente todo el tiempo de la desesperanza y fatiga existencial de las personas con las que intenta comunicar infructuosamente.

NO HAY UN elemento dramático tan violento, como en la cinta israelí, Mi tesoro, de la realizadora Keren Hedaya, exhibida hace un año en La Muestra, en la cual una adolescente intentaba en vano retirar a su madre de la prostitución, padeciendo ambas un clima moral opresivo. Lo que retrata Vera Fogwill es distinto y por momentos muy cómico: los personajes descubren la solidaridad afectiva, único asidero en la situación de crisis por la que atraviesan, con humorismo y desenfado verbal, con la ironía como el recurso más confiable.

EL PADRE DE Eugenia sólo visita el hogar para procurarse la poca droga disponible y, sin éxito en su cometido, arrasa ­con ayuda de la hija­ con las escasas pertenencias que habrá de empeñar o vender, mientras la madre permanece narcotizada. En una secuencia a ratos divertida, a ratos melancólica, Florencia se transforma en sirvienta de una amiga de la infancia y ambas rememoran los tiempos pasados, sin olvidar el abismo social que ahora las separa, percatándose también de la soledad infinita que comparten.

DE ESTAS VIVENCIAS está hecha esta comedia de título ambivalente, donde mujeres de tres generaciones ven transcurrir la existencia a la vez insomnes y desencantadas.

Las mantenidas sin sueño:

Sala 1 de la Cineteca Nacional, Av. México-Coyoacán 389, colonia Xoco. Funciones 12, 16, 18:30 y 21 horas.

 
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