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Magdalena Gómez

Con la ley en las botas

Las imágenes de la furtiva protesta de Felipe Calderón son apenas la punta del iceberg de lo que tal "asunción" contiene. Tendríamos que sobreponer a esa escena ominosa la de los oaxaqueños de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) conducidos hacia un penal de mediana seguridad en Nayarit en abierta violación al principio de presunción de inocencia, del debido proceso y a sus derechos más elementales, y si acercamos la mira observaremos los golpes producto de la tortura. ¿Qué pasó en Oaxaca el 25 de noviembre? ¿Quién provocó a quién? ¿Quién planeó la cadena de agresiones? ¿Dónde estaban los paramilitares príistas que aparecen cada vez en enfrentamientos y crímenes donde se estigmatiza y generaliza a la APPO como un movimiento "violento"? ¿Qué hizo la Policía Federal Preventiva en todo esto? ¿Cómo actuó? ¿Tiene o no responsabilidades? Nada de esto sabemos, lo único cierto es que de la noche a la mañana se colocó a los dirigentes de la APPO a salto de mata, pues son perseguidos y ahora acudirán a Gobernación en una posición defensiva después de haber sido golpeados.

Podríamos preguntarnos cuál es el nexo entre las imágenes del "protestas y te vas" con la subsecuente oaxaqueña. Para responder tenemos que agregar la escena de la entrada príista por la puerta de atrás en el recinto de San Lázaro, prestos a alcanzar el quórum el primero de diciembre pasado, seguidos de los muy agitados Vicente Fox y Felipe Calderón, sin contar con la colaboración ya estructural del PRI con el PAN en clara correspondencia ante sus históricas componendas. Y si nos parece insuficiente sólo veamos a Ulises Ruiz mostrando su "normalidad" como gobernador plenamente validado en la reunión de sus análogos con Calderón. A la APPO, cárcel, tortura y persecución; a Ulises impunidad, protección y puntual pago de facturas. Y todo ello sin contar con la escena, que también dice mucho, de las decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas de la convención nacional democrática que marcharon con su presidente legítimo, Andrés Manuel López Obrador, mostrando el rechazo a la usurpación y reafirmando la continuidad de su movimiento para contribuir al rescate de la nación, que hoy aparece encadenada a la continuidad y profundización del proyecto neoliberal en nuestro país, cuya foto se expresa en la conformación del gabinete calderonista, mezcla de nietos de los cristeros, neoliberales y profesionales de la seguridad nacional.

En este contexto leemos el discurso pronunciado por Felipe Calderón ante sus simpatizantes, fuera del recinto del Congreso de la Unión, en el cual se observa la preocupación por asentar la tesis de la aplicación de "la ley", lo mismo para la delincuencia organizada que para los movimientos sociales y políticos de oposición. Ninguna mención al compromiso de respeto a los derechos humanos, al contrario, todo está preparado en la lógica de "la mano dura"; basta ver el currículum del flamante secretario de Gobernación y el de los integrantes del gabinete de Seguridad para confirmarlo. No hubo deslices en ese discurso, no se consignaron las herencias del régimen príista en cuanto a impunidad: ni Chiapas ni Acteal ni Aguas Blancas ni 1968 ni 1971 ni la guerra sucia, ni hubo mención respecto a la continuidad de la fiscalía para investigar esos crímenes de Estado ni referencia alguna a las herencias foxistas: ni Atenco ni Oaxaca, menos Sicartsa o Pasta de Conchos.

El nuevo gobierno pasará a la historia por su ilegitimidad de origen y su presidencia ocupada por Felipe El Débil, aun cuando anuncie y vocifere mano firme y diálogo sólo con quienes ya están convencidos de tratar con él porque ha dicho que tampoco los va a esperar. No hay noción de mediación, de negociación, de privilegiar la política una y otra vez antes que usar la fuerza pública. Por ejemplo, Oaxaca aparece arropado en los hechos y se ignoran los problemas reales de la entidad y las responsabilidades penales a su titular.

Ante este panorama, los diversos movimientos de oposición tendrán que abrir las fronteras y acudir a instancias internacionales de derechos humanos. Por lo pronto, los gobiernos extranjeros invitados el primero de diciembre ya pudieron observar una muestra de la ilegitimidad manifiesta con la que iniciamos un sexenio más.

Por otra parte, está por verse la complicidad del Poder Judicial que no ha sido proclive a defender su independencia y ni qué decir del Poder Legislativo, del que deberíamos, por lo menos en el bloque del Frente Amplio Progresista, observar congruencia.

Por lo pronto, no podemos llamarnos a engaño: el nuevo ocupante de Los Pinos no ofrece esperanza alguna para abatir la desigualdad, rescatar la soberanía nacional, defender nuestros recursos naturales, propiciar la autonomía de los pueblos indígenas, elevar la calidad de la educación, entre tantas y tantas asignaturas pendientes; pero, en cambio, se privilegiará la relación con el Ejército y las diversas fuerzas policiacas. Todo parece indicar que gobernará con la ley, sí, pero con la ley en las botas.

 
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