Usted está aquí: lunes 11 de diciembre de 2006 Cultura Fruta verde, novela de aprendizaje sobre amor cínico: Enrique Serna

El texto es una defensa de la libertad de amar por encima de las prohibiciones, afirma

Fruta verde, novela de aprendizaje sobre amor cínico: Enrique Serna

Señala que persiste un fuerte peso de la moral represiva de una sociedad conservadora e hipócrita

Descarta etiquetar su más reciente trabajo como gay o bisexual; es para gente sensible, asegura

ARTURO GARCIA HERNANDEZ

Ampliar la imagen El autor, durante la presentación de su obra Foto: Carlos Ramos Mamahua

Fruta verde se llama un viejo bolero de Luis Alcaraz. También es el título de la novela más reciente de Enrique Serna. Novela-bolero: historia de amor, cínica y sentimental; génesis de una vocación literaria; relato de un enfrentamiento entre madre e hijo; crítica a la hipocresía de la sociedad; exploración de la diversidad sexual.

Serna es autor de los libros Uno soñaba que era rey, Señorita México, Amores de segunda mano, Angeles del abismo, El seductor de la patria y El orgasmógrafo, entre otros. Ahora en Fruta verde, a partir de "elementos autobiográficos" elabora la historia ficticia de Germán Lugo, "un aprendiz de escritor muy parecido a mí cuando yo tenía 18 años, pero estructurado dentro de una trama novelesca de la que resulta un personaje bastante diferente al original".

Lo mismo pasa con los personajes que rodean al protagonista: su madre, Paula Recillas, y Mauro Llamas, un dramaturgo que corteja a Germán.

­Uno podría identificar a Mauro Llamas con el fallecido dramaturgo Carlos Olmos, tu amigo en la vida real. ¿La novela es un homenaje a él?

­Paula y Mauro no son personajes de la vida real con nombres cambiados, sino que se transfiguraron sustancialmente al pasar por el tamiz de la ficción. Carlos Olmos era un personaje muy complejo, yo no hice un retrato fiel de su personalidad porque le hubiera tenido que dedicar un libro entero. Igual que Paula, Mauro habita una realidad paralela que tiene ciertas similitudes con la realidad porque uno de los impulsos que tuve para escribir esta novela es el de, digamos, resucitar a los muertos más queridos de mi tzompatli, pero me di cuenta de que realmente era una tentativa imposible y opté por crear personajes de ficción.

Dos escritores

­En tus novelas vas de la crítica social al tema histórico y ahora al tema intimista, ¿cómo es este proceso?

­Creo que dentro de mí hay dos escritores: uno es estudioso, disciplinado, que reconstruye muy acuciosamente épocas del pasado para ubicar en ellas sus historias. El otro es más provocador, más insolente, se burla del matadito perfeccionista, del escritor erudito, desde una trinchera contracultural para impedirle caer en la solemnidad, y utiliza más sus experiencias vividas que sus experiencias literarias. Por supuesto que ambos no están completamente separados y uno irrumpe en los libros del otro. Entonces creo que en todo lo que he escrito hay una lucha entre esas dos mitades beligerantes de mi alma.

­¿Le pusiste nombre de bolero a esta novela porque apelas más que nada a las emociones?

­Quise alcanzar una fuerte compenetración emotiva con mis personajes, en vez de observarlos con la distancia del escritor satírico. A veces la ironía impide que brote la simpatía. Creo que a estas alturas de mi carrera, después de nueve libros publicados, me hacía falta escribir una novela donde el cinismo tuviera el contrapeso del sentimentalismo. Y por supuesto que en ese sentimentalismo es muy importante el bolero que le da título a la novela.

El arte de amar

"El mejor arte de amar se encuentra en los boleros pero, aclaro, en los boleros pecaminosos y prostibularios, en la tradición de Alvaro Carrillo, Agustín Lara y Luis Alcaraz, que son los que siempre me han gustado, más que la rama del bolero fresa de la trova yucateca, de canciones para la noviecita, que ha seguido de manera nefasta Armando Manzanero, por ejemplo."

­¿En tanto que novela-bolero, Fruta verde también es una historia de amor?

­Desde luego. Hay dos historias, una es la de las tribulaciones de un jovencito de 18 años cuando un dramaturgo que le dobla la edad trata de seducirlo, la otra es la de su madre, que también se enfrenta a un cortejo igualmente perturbador cuando un adolescente trata de conquistarla.

­Otra lectura posible de la novela es como una reflexión sobre la moral, el sexo y el amor.

­Creo que esta novela también es una defensa de la libertad de amar por encima de todas las prohibiciones. Creo que todavía hay un peso muy fuerte en la moral represiva y conservadora de México, la mayoría de la población tiene fama mundial como conservadora e hipócrita. Acabo de verlo en Monterrey, el público no sabía si reírse o espantarse cuando se hablaba del tema.

­La historia se sitúa a finales de los años 70, ¿persiste esa moral pública, estamos igual?

­Ha cambiado, porque finalmente el movimiento gay ha conquistado muchos espacios en el terreno de los derechos civiles, pero creo que sigue habiendo un tabú muy fuerte en contra de la bisexualidad, no sólo por parte de las clases conservadoras, sino de la propia comunidad gay que considera a los bisexuales como impostores. Es algo absurdo. Muchos estudios de sexología demuestran que mucha gente siente atracción por ambos sexos. Lo vemos en la cotidianidad, por ejemplo en los talleres mecánicos de México donde los trabajadores se la pasan picándose el culo y al mismo tiempo tienen un calendario con una mujer en pelotas. Eso a mí me dice que tienen una libido muy versátil.

­A riesgo de parecer etiquetador, ¿podemos considerar Fruta verde como una novela gay o bisexual?

­El público y los críticos pueden etiquetarla como quieran. Yo creo que la novela gay está encerrada en su propio gueto sexual, sobre todo cuando tiene un contenido panfletario. Yo traté de escribir una novela que pudiera interesarle a cualquier persona inteligente y sensible. En todo caso, si se trata de poner etiquetas, creo que también es una novela de aprendizaje y en ese sentido entronca con la tradición que va desde La educación sentimental, de Flaubert, hasta Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, donde se narra el surgimiento de una rebeldía.

 
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