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Reditan su libro Negro marfil, poema de largo aliento nacido del lenguaje plástico

Myriam Moscona lamenta que no se instruya a los niños para apreciar la poesía

MONICA MATEOS-VEGA

Ampliar la imagen Miriam Moscona, ayer, durante la entrevista con La Jornada Foto: Roberto García Ortiz

Para Myriam Moscona (DF, 1955), la poesía no se circunscribe a la palabra escrita. Sus versos brincan del alma a su mente, a su corazón, a su piel, a la tinta, al óleo, al pincel, al papel y de ahí a una tela, a un tubo lleno de agua, a una tortilla.

Por eso, explica que su poemario Negro marfil (UAM, 2000) el cual acaba de reditar la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) marca una especie de frontera con lo que ha escrito antes, ''porque no surgió del lenguaje verbal, sino del lenguaje plástico.

''Con este libro aprendí a conocer el lenguaje de otra forma, comenzó por ser una expresión gráfica que hizo conectarme por primera vez con la materia, las tintas, los colores, los pinceles. En un cuaderno comencé a llevar un diario de imágenes.

''Alguien me regaló por primera vez un tubito de color que se llamaba así, negro marfil. Empecé a hacer y deshacer, y mucho después vinieron las palabras. Por eso no comulgo con la idea de ver las expresiones gráficas que acompañan los poemas como una ilustración. Son parte del libro, parte de la misma trenza."

La edición de Negro marfil estuvo a cargo de Sandra Lorenzano, vicerrectora de la UCSJ, con prólogo de la escritora chilena Soledad Bianchi. Se trata de un poema de largo aliento, ''una suma de fragmentos que construyen el conjunto" de versos que, en algunos tramos, se pueden leer de diversas maneras: de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo y viceversa.

Búsqueda del ''milagro''

Myriam Moscona considera que ''quizá la poesía como género tiene pocos lectores, pero cumple una función vital. La poesía no trata de algo, ni trata sobre algo, es algo en sí misma.

''Nada ni nadie pone en una balanza a las palabras, ni nadie las valora como en una pesa de joyero como lo hace el poeta. Y es una lástima que haya una falta de educación desde pequeños para apreciar la poesía.

''Esta cumple un papel fundamental: es como el corazón dentro del cuerpo que recibe la sangre, la oxigena, la bombea y se la regresa. Con lectores o sin lectores, la poesía tiene esa función.

''Al respecto, la poesía está donde debe estar. Si vivimos en una especie de aislamiento endogámico, en el cual los poetas leemos a los poetas y difícilmente ese círculo de abre, de todos modos la función existe: la poesía como género experimenta con el lenguaje. Aunque sólo en el siglo XX mexicano hay suficientes nombres que han hecho sentir el milagro de la poesía."

Moscona acaba de publicar también, en Ediciones Era, El que nada, libro breve que es una consecuencia de Negro marfil en cuanto a la exploración de un lenguaje, ''búsqueda de una desnudez que elude las metáforas, una especie de reacción a la retórica, pues a veces la poesía latinoamericana peca de demasiadas palabras".

La autora de títulos como Las preguntas de Natalia (1992) y Las visitantes (1989, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes), se dedica también a la poesía visual, elaborando ediciones muy limitadas que lo mismo pueden ser el verso viajando mediante un delgado tubo lleno de agua, o plasmados en una tortilla dura o bordados en seda, siempre a la búsqueda de lo que ella llama ''el milagro", el cual, concluye, ''es difícil hallar. En un festival de poesía se pueden escuchar 60 lecturas y de éstas tal vez sólo una produce el milagro. La poesía es un género difícil."

 
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