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Fue importante promotor de la educación gastronómica

Murió Ríos Gamboa, pieza esencial de la cocina mexicana

TANIA MOLINA RAMIREZ

En una ocasión, un cliente le pidió foie gras para un banquete. En aquellos días era difícil conseguirlo en México, así que envió a una chica a París a que lo trajera: se bajó del avión, lo compró y se regresó a México con la exquisitez en la maleta.

Así era Guillermo Ríos Gamboa, uno de los banqueteros más importantes del país, director general del Grupo Ambrosía del Bosque, quien falleció el pasado 6 de diciembre.

Y, al parecer, murió en medio de dos de sus pasiones: la comida y el trabajo. Se le había reventado una vena en el cerebro, y había sido operado a tiempo. Sin embargo, el trabajo lo llamó antes de lo indicado y, tras una comida, falleció.

"Fue un innovador", dice a este diario Paulina Vélez, directora de Viña Terra y cercana amiga del banquetero. Un generoso innovador: constantemente buscaba maneras de impulsar a chefs, como hizo "con Ricardo Muñoz, Enrique Farjeat (brazo derecho de Martha Ortiz Chapa, del restaurante Aguila y Sol) y Federico López", por mencionar algunos destacados.

Junto con el chef Federico López, Ríos Gamboa fundó el Centro Culinario Ambrosía, del cual López es actualmente director. Esta destacada escuela de alta cocina ha sido clave en la formación de chefs mexicanos (otorga becas a muchos de ellos).

Ríos fue "uno de los más importantes promotores de la educación gastronómica de nuestro país", describe en su portal electrónico Restaurantes de México (www.restaurantesdemexico.com.mx).

Por si fuera poco, Ríos Gamboa estaba construyendo un spa, en el sur de la ciudad.

El banquetero también inició el Concurso Nacional del Joven Chef Mexicano, mediante el cual ayudó a dar a conocer a destacados en este oficio.

Además, el empresario restaurantero creó la revista Gastronomía, cuando aún había pocas publicaciones del estilo. "Nunca fue un negocio, se aferró a tenerla; escribía artículos para ella", dice Vélez.

"Antes de Gastronomía, hizo agendas que regalaba (tiraba como 20 mil ejemplares); éstas incluían una guía de restaurantes", sigue la directora de Viña Terra, quien aún conserva una.

"Era un hombre que se esmeraba con el servicio, con el montaje de los platos", dice Vélez. Actualmente organizaba un brunch los domingos: "No era caro, lo montaba en San Jerónimo, podías llegar a las siete de la mañana y permanecer ahí hasta las dos o tres de la tarde, e iban sacando platillos que elaboraban los alumnos de la escuela."

La gastronomía mexicana "tiene mucho que agradecerle", concluye Paulina Vélez.

 
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