Usted está aquí: viernes 15 de diciembre de 2006 Opinión Economía Moral

Economía Moral

Julio Boltvinik

La pobreza en el Distrito Federal / IV

Indicador de pobreza permite programar el gasto público

Milagro neoliberal

La economía moral es convocada a existir como resistencia a la economía del "libre mercado": el alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente

En la entrega anterior de Economía Moral (08/12/06) argumenté que, incluso para expresar la relación entre "espacio y sociedad", los indicadores de pobreza son mejores que los de marginación. Expliqué el significado de las principales medidas agregadas de pobreza: número de pobres (q), incidencia (H), intensidad (I), pobres equivalentes (qI) e incidencia equivalente (HI). Narré que, para poder llevar a cabo un análisis por grupos de delegaciones en el año 2004 en el que sólo se cuenta con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares que no permite obtener resultados válidos por delegación, se agruparon las delegaciones en estratos según los valores de HI que cada delegación tuvo en el año 2000 (con datos censales) (Para la conformación de los estratos, véase nota del cuadro 1).

Los resultados de la medición de la pobreza por estratos de delegaciones se han resumido en los cuadros 1 y 2. la mayor parte de los 5.4 millones de pobres del DF (3.45 millones, 63.8 por ciento) se concentra en las siete delegaciones que conforman los dos primeros estratos y que en términos poblacionales participan con 57.4 por ciento (cuadro 2). Como se aprecia, la diferencia entre ambas participaciones no es muy fuerte. En la población indigente hay mayor contraste: en los dos primeros estratos vive 70.6 por ciento de los indigentes. El estrato de pobreza alta (Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac e Iztapalapa) donde vive 32.3 por ciento de la población del DF, participa con 36.8 por ciento de los pobres no indigentes y con 40.9 por ciento de los indigentes, pero sólo con 23.3 por ciento de los no pobres. La diferencia más fuerte entre este estrato y el de pobreza media (Contreras, G. A. Madero y Tlalpan), radica en la incidencia (H), (72.4 por ciento vs 64 por ciento), pues en intensidad (I) están igual (0.3498) (cuadro 1).

Los estratos de pobreza media y de pobreza media baja (Alvaro Obregón, Venustiano Carranza, Iztacalco y Cuajimalpa), con similares niveles en H (64 por ciento vs 63.5 por ciento) su diferencia básica se establece en la composición de la pobreza: en el primer estrato es mucho mayor la incidencia de la indigencia (17.7 por ciento vs 12.6 por ciento), mientras en el segundo es mayor la de la pobreza no indigente (46.3 vs 50.9 por ciento). Pero el mayor contraste es el que separa al estrato de pobreza media baja del de pobreza baja (Cuauhtémoc, Azcapotzalco, Coyoacán, Miguel Hidalgo y Benito Juárez), entre los cuales hay una diferencia de más de 18 puntos porcentuales en H (63.5 por ciento vs 45.2 por ciento), que se expresa tanto en la indigencia (12.6 por ciento vs 8.8 por ciento) como en la pobreza no indigente (50.9 por ciento vs 36.3 por ciento). Donde más se separa el estrato de pobreza baja de los demás; sin embargo, es en la participación de la población no pobre: 54.8 por ciento vs 36.5 por ciento, 36 por ciento y 27.6 por ciento en los estratos de pobreza media-baja, media y alta respectivamente, como se ve, duplica al estrato de pobreza alta.

Todos estos elementos se reflejan y se sintetizan en los indicadores I, qI y HI. HI es el mejor indicador para comparar (y ordenar) áreas geográficas, u otras agrupaciones de diferentes poblaciones, en términos de la masa carencial per cápita o incidencia equivalente de la pobreza.1 Mientras la HI del DF es de 0.2081, las de los estratos van desde 0.2533 en el de pobreza alta, hasta 0.1391 en el de pobreza baja, pasando por 0.2238 en el de pobreza media y 0.2019 en el de pobreza media-baja. Estas cifras (recuerde el lector que HI=qI/n) significan que hace falta elevar en una quinta parte del nivel de vida normativo (definido con las normas mínimas, para no ser pobres, de ingresos, NBI y tiempo) por cada habitante para que, adecuadamente repartida esta elevación (sólo) entre los pobres, éstos dejen de serlo. La intensidad, I, es similar a HI excepto que la masa carencial total se divide entre los pobres y no entre la población total (en efecto, I= qI/q, expresión que sólo difiere de HI en el denominador, donde hemos sustituido la población total por los pobres). La I del DF en su conjunto (=.3364), nos indica que es necesario elevar el nivel de vida de los hoy pobres en una tercera parte en promedio (adecuadamente repartida la elevación) para que todos ellos dejen de serlo. La relación entre estas dos cifras (0.2081 y 0.3364), como puede comprobarlo el lector, es la incidencia de la pobreza (ya que H=HI/I).

El número de pobres equivalentes (qI) cumple una función muy importante. Es el indicador adecuado para asignar recursos de lucha contra la pobreza. Justo porque expresa la masa carencial sin dividirla entre nada, si conociéramos la cantidad de recursos que se requieren para disminuir en una unidad la masa carencial, sabríamos los recursos requeridos para erradicar la pobreza en cada área. Lo demás sería un asunto de programación en el tiempo. La penúltima columna del cuadro 1 expresa qI por estrato y la última columna del Cuadro 2, la proporción que la qI de cada una de ellas representa de la qI del DF. El número total de pobres equivalentes del DF es 1.817 millones, cifra que se obtuvo multiplicando los 5.4 millones de personas que viven en la pobreza por la intensidad media de ésta (0.3364). Por tanto, los pobres equivalentes son el número hipotético de personas en pobreza con intensidad de la pobreza igual a 1.0 (el máximo posible del indicador) que iguala la masa carencial observada. (Lo observado es 5.4 millones de pobres que, en promedio, tienen una I de 0.3364: 5.4m*0.33=1.817m; esto es igual a 1.817 m*1.0=1.817m). Estos 1.817 millones se distribuyen, entre los estratos de la siguiente manera: 714 mil (39.3 por ciento) en pobreza alta; 491 mil (27 por ciento) en pobreza media; 305 mil (16.8 por ciento) en pobreza media-baja y 307 mil (16.9 por ciento) en pobreza baja (cuadros 1 y 2). Los recursos de los programas para eliminar la pobreza tendrían que asignarse entre estratos de delegaciones en estas proporciones.

Un neoliberal dejaría fuera a todos los pobres no indigentes y recalcularía la qI de los indigentes, ya que la que se presenta en los cuadros refleja la masa carencial de los indigentes no para dejar de ser indigentes, si no para dejar de ser pobres. Si los indigentes del MMIP tienen una I de 0.6013 y hemos definido la indigencia como la situación de los hogares que cumplen menos de 0.5 de las normas, el neoliberal intentaría llevarlos a una I de 0.5. Por tanto, la brecha de nivel de vida que tendrá que reducir es de sólo 0.1013 y no de 0.6013. Con ello: 1) qI se reduciría de 1.817 millones a 133 mil (¡al 7.3% de la cifra original!) y el presupuesto requerido se habría reducido también a 7 por ciento; auténtico milagro neoliberal 2) la participación del estrato de pobreza alta será ahora mucho mayor y el del estrato de pobreza baja mucho menor; 3) si se ahonda en las dimensiones y componentes del MMIP se comprobará que la composición requerida del gasto sería totalmente distinta; que, en promedio, los indigentes por ingresos tienen una brecha de 0.6428 referida a la línea de pobreza y que, por tanto, su brecha para salir de la indigencia es de sólo 0.1429, por lo que es necesario proveerles, en promedio, de una transferencia de ingresos igual al 14.3 por ciento de la línea de pobreza; se encontrará también que resultará innecesario el gasto en educación secundaria, que bastará con gastar hasta quinto año de primaria, nivel con el cual las personas dejan de ser indigentes educativos; que no se requerirá seguridad social si no sólo atención a la salud; que las viviendas no requerirán dos recámaras para una pareja con dos hijos, si no que bastará con una sola recámara; etcétera.

1 La mayor parte de los economistas que miden pobreza está en contra de esta afirmación. Sostienen que en lugar de HI es necesario usar una medida agregada de pobreza sensible a la distribución entre los pobres (HI no lo es), como el Indice de Sen o el de Foster, Greer y Thorbecke (FGT). Sin embargo, estos índices se basan en un fuerte supuesto implícito: que la utilidad marginal del consumo es decreciente incluso debajo de la línea de pobreza, que empieza desde la segunda cucharada de sopa. Este supuesto es falso, según lo muestran las evidencias de la nutrición humana. Para más detalles véase Julio Boltvinik, Ampliar la mirada. Un nuevo enfoque de la pobreza y el florecimiento humano, tesis doctoral, CIESAS Occidente, abril de 2005, capítulo 14, sección 14.2, pp.70-74.

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