Usted está aquí: domingo 24 de diciembre de 2006 Estados Los hermanos Cortés Vergara: policías por necesidad, alfareros por tradición

Desde niños elaboran réplicas de instrumentos musicales prehispánicos en Texcoco

Los hermanos Cortés Vergara: policías por necesidad, alfareros por tradición

JAVIER SALINAS CESAREO CORRESPONSAL

Ampliar la imagen Gregorio Cortés Vergara elabora instrumentos musicales de barro en su pequeño taller, en el poblado de Santa Cruz de Arriba, en Texcoco, estado de México Foto: Agustín Martínez

Texcoco, Méx., 23 de diciembre. En el poblado alfarero de Santa Cruz de Arriba, ubicado en este municipio, los hermanos Gregorio y Mario Cortés Vergara luchan cada día por mantener viva esa herencia. Por necesidad son policías, pero por gusto y tradición, artesanos en la creación de réplicas de instrumentos musicales de origen prehispánico.

Gregorio, de 36 años de edad, es policía estatal en el área de información de la región 20. Mario, de 34 años, es policía municipal de Texcoco. Ambos combinan su actividad con el legado familiar en la creación de réplicas de instrumentos musicales prehispánicos.

Las ocarinas, flautas y vasos silbadores de barro que trabajan desde hace años, son su pasión. Actualmente han pasado de elaborar réplicas a investigar sobre el tema.

Santa Cruz de Arriba es un pueblo alfarero por tradición; la mayoría de familias se dedican en pequeños talleres a elaborar ollas, platones y cazuelas de barro. Inclusive, cada año, en junio, en su fiesta patronal, celebran la Feria de la Cazuela. Sin embargo, a últimas fechas el festejo ha ido decayendo en el interés público.

En los talleres que quedan, las artesanías de barro son elaboradas por agrietadas, pero diestras manos. Ahí, la familia Cortés fue de las pocas que comenzó a combinar la elaboración de cazuelas de barro y la de réplicas de instrumentos prehispánicos.

Fue en los años 70 cuando el artesano Mario Cortés, padre de Gregorio y Mario, junto con el académico Jorge Dajer, conjugaron la labor de alfarero e investigador.

"Dajer visitó Santa Cruz y el taller familiar, y desde el primer momento comenzó a trabajar con mi padre. Desde niño aprendí de las pláticas de mi papá con Jorge y cómo trabajaban el barro. Ahí me nace el amor y el interés", cuenta Gregorio.

"Yo jugaba con el barro que mi papá trabajaba; a veces le ayudaba pero era para mí sólo un juego. A los siete u ocho años elaboré mi primer instrumento musical: un silbato en forma de tortuga", recuerda.

Durante casi dos décadas la actividad prevaleció, pero principalmente como venta de artesanías y elaboración de cazuelas, y se ponía menos interés en las réplicas de instrumentos.

Fue hasta 1985 cuando varios músicos se interesaron por las réplicas. Se elaboraban flautas dobles, triples o cuádruples; ocarinas en diversos tamaños y vasos silbadores de todo el país. Además, flautas de émbolo "cuya característica es que lleva una canica dentro".

Gregorio Cortés explica que cada instrumento prehispánico tiene su peculiaridad. "En México hay más de 400 y es increíble que no exista interés por impulsar esta actividad; no hay un solo museo en el que se proporcione información del tema o para que los niños aprendan a tocarlos; es un rubro poco aprovechado", comenta.

Ya como jóvenes, Mario y Gregorio se hicieron cargo del pequeño taller artesanal y fundaron el taller Ah-pax-chul (palabra de origen maya que significa constructor y ejecutante de flautas). Con la muerte de su padre, hace 10 años, su convicción se reforzó.

"El último día de vida de mi padre recuerdo que se puso muy grave y lo llevamos al hospital; una de sus últimas preocupaciones fue: no quiero que dejes lo de los instrumentos musicales. Si en ese momento me gustaba mi actividad, ¡imagínate!, me dice que no la deje por nada del mundo", rememora el también policía estatal.

Mitad artesanos, mitad policías

Ante el desinterés de instituciones gubernamentales para impulsar la actividad y la baja venta de las réplicas de instrumentos prehispánicos, los hermanos Cortés Vergara combinan su actividad policiaca con el oficio que aman. Van de su casa a la comandancia; de ahí a realizar sus labores y por las tardes o días de descanso, acuden a su taller.

En un cuarto de cuatro metros cuadrados manipulan el barro y con algunos moldes elaboran las piezas; ya terminadas prueban el sonido que producen, hasta llegar al tono exacto.

Algunas de sus réplicas han sido utilizadas por músicos como Humberto Alvarez, Antonio Cepeda, Gonzalo Ceja, Luis Márquez y el Grupo Zazhil, en las grabaciones de sus melodías.

Su labor ha alcanzado el ámbito internacional, pues investigadores, músicos o amigos han llevado sus réplicas a exposiciones en otros países. La más reciente de ellas fue en un museo de Austria.

 
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