Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 31 de diciembre de 2006 Num: 617


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
El hombre tan puro
como Lucifer

GRAHAM GREENE
Las cinco dificultades
para decir la verdad

BERTOLT BRECHT
"La lección del águila"
GILBERTO OWEN
Tierra de dos soles
RICARDO VENEGAS
Entrevista con ANTONIO DELTORO
Don Lupe Reyes: el
oficio del destino

AGUSTÍN EECOBAR LEDESMA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Señales en el Camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Ensayo
Reseña de Javier Buenrostro sobre El otricidio de Occidente


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Ricardo Venegas
Entrevista con Antonio Deltoro

Tierra de dos soles


Foto: Patricio Luco

Los sueños, las ficciones del poeta, la infancia y otros territorios emergen en esta conversación. Antonio Deltoro (Ciudad de México, 1947) ha publicado Algarabía inorgánica (1979), Hacia dónde es aquí (1984), Los días descalzos (1992) y Balanza de sombras (1997), libro por el que obtuvo en México el Premio de Poesía Aguascalientes. En 1999, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó su Poesía reunida (1979-1997).

–Usted escribió un poema que se llama "Arquitecturas" en el que la inteligencia y la atmósfera de lo lírico están muy presentes, también el límite entre vida y muerte que el poeta confronta. Lo que más me llama la atención es la conciencia de los sueños y de una realidad que al poeta se le presentan, ¿qué puede decir de este aspecto en su obra?

–Yo diría que en primer lugar cada poema surge de una manera particular, creo que no hay una forma única en donde a mí en lo personal me viene el poema; el poema que mencionas ("Arquitecturas") es simplemente un sueño, es de esos sueños raros que se pueden escribir. No todos los sueños se pueden escribir, cuando en poesía se habla de los sueños hay que diferenciarlo de lo lírico, es decir, por ejemplo, Antonio Machado decía que él no era partidario de verter los sueños al poema, sino que cuando hablaba de sueño hablaba un poco de ensoñación o de la otra acepción de la palabra sueño, que es una especie de sinónimo del deseo. Bueno, este sueño, este poema, "Arquitecturas", es un sueño que es muy literal. Lo único que hice es escribirlo. Tiene una particularidad, soñé, vinculé un sueño que tuve sobre una catedral hecha con huesos a una ciudad que era Praga que todavía no conocía, y cuando fui a Praga me di cuenta de que era la ciudad de ese sueño, de ese poema, y no sólo eso, sino que me enteré que también había cerca de Praga una iglesia hecha con huesos, entonces esto es un poco lo que podría decir de ese poema. De pronto no todos los sueños son poéticos, pero a veces se tienen sueños poéticos y el poeta, si está en un estado de alerta, puede captarlos. A veces el poeta necesita una elaboración lingüística, un trabajo de lenguaje muy arduo para hacer el poema, pero a veces simplemente necesita captar lo poético de afuera, de la realidad.

–Hay un poema que se llama "Los paisajes hundidos",y ya dentro del poema el verso: "No soy ni un águila, ni un tigre, ni una coralillo aunque a veces salto fuera de lo humano."

–Mi poesía también surge justamente de esta frontera entre lo animal y lo humano. Siempre me he preguntado cómo sienten los animales y siempre he ambicionado volar como el águila o dar un zarpazo como el tigre, o irme en la noche con el gato y con el perro. Entonces, a veces, de pronto he sentido eso que sienten los chamanes que es convertirse en tigre, convertirse en perro, convertirse en gato, estar en la ciudad y al mismo tiempo en el campo, y ese poema trata sobre eso y al mismo tiempo saber que uno simplemente es un hombre como todos los demás, por eso trato en ese poema, que es uno de los poemas finales de un libro mío (creo que es Hacia dónde es aquí), es uno de los poemas donde hago un recuento. Tengo un poema de piedras, de gallinas, de escarabajos; hago un poco el balance y me doy cuenta que soy, al fin y al cabo, un animal domesticado, un hombre. Cuando lo escribí pensaba que eso era negativo, ahora reivindico un poco más esta naturaleza civilizada. Al fin y al cabo no sabemos cómo perciben el vuelo los pájaros, y si tienen de alguna manera lo que les envidia el poeta, que es esa visión estética de la realidad.

–Sabemos que estudió economía, ¿qué tan importante ha sido para desembocar en este trabajo, en este oficio que es la poesía?


Foto: archivo La Jornada

–Ha tenido ventajas e inconvenientes. A veces pienso que me hubiera convenido más estudiar literatura desde el principio, que hubiera llevado una vida más estable, porque a los amigos que estudiaron literatura, que son profesores en la universidad, les pagan por hacer las cosas que a mí no me pagan o me pagan mal, además, creo que están mucho más formados que yo, que tienen una formación mucho más rigurosa, menos autodidacta; esos son los inconvenientes; ahora, las ventajas: a través de los múltiples trabajos que he desempeñado me he hecho yo mismo con una especie de tamiz entre lo prosaico y lo poético. He seleccionado mis lecturas, me he hecho mi propia concepción de la poesía, del poema, y aunque llegue a lo mismo que ellos, llego por diferentes caminos, es un poco lo que platicaba antes del jueves, no es una cosa tan definida. Empecé estudiando física, luego economía, después me interesó la política, en el sentido no de la política del poder sino de la política en contra del poder, y de pronto me di cuenta de que –o mejor dicho no de pronto, sino con lucha y con sufrimiento–, lo que a mí me había interesado desde niño era la poesía.

–Ahora que toca la infancia, me gustaría que abundara un poco sobre esa imagen en un poema que se llama "Papalote" cuando dice: "halcones de papel en el cielo de marzo".

–En el Valle de México, no sólo en el Valle de México, sino en todo el país, hay dos meses, que son febrero y marzo, que son ventosos. Todos los juegos infantiles son juegos estacionales; sin que nos demos cuenta de pronto se ponen de moda las canicas, de repente el papalote, el yoyo, el trompo. Yo ya no era niño sino joven y vivía en un sitio que está cerca del camino al Desierto de los Leones, en Tetelpan, y veía papalotes a lo lejos. Este poema lo hice en marzo y me pregunté por qué de pronto aparecen tantos papalotes y de pronto ya no los hay; entonces me parecía como que luchaban los papalotes unos contra otros, había como combates de papalotes. Justamente el halcón es un ave de presa, y me parecía que eran esos halcones de papel en el cielo de marzo textualmente. Quizás haya un reflejo. Para ser un poco prosaico: en aquella época Mao Tse Tung decía que el imperialismo era "un tigre de papel"; a lo mejor se colaron ahí esos papalotes chinos, ese tigre de papel de Mao Tse Tung. Me parece que en el juego del papalote el niño aprende la condición de hombre, que es una condición vertical con los pies en tierra y al mismo tiempo viendo hacia lo alto. El hombre es justamente eso, un animal bípedo que puede ver, tiene cuello y puede voltear hacia el cielo y preguntarse qué hay más arriba, o pensar en Dios, y eso lo hace el papalote nada más con un hilo, se vuelve eso, un artífice del hilo, aprende a manejar el aire, que es lo menos manejable, y además, unos elementos tan sutiles como son el hilo y el papel. Esa serie de poemas surgen de ahí, de darme cuenta de que el juego es algo muy serio, no sólo para los niños sino para el hombre en general; que si nos hubieran quitado el juego, si no tuviéramos esa posibilidad seguramente andaríamos en cuatro patas, no manejaríamos el lenguaje.

–Su poema "Esqueleto del agua" alude a este vínculo entre el poeta y el científico, cuando trabajan por una especie de compromiso, por el mero interés: "a medida que avance el rio que nace de una llave de agua". Hay aquí una gran congruencia entre una tecnología como la llave de agua y la vida.

–El agua que corre se origina, en nuestro ambiente urbano, en las llaves, estamos, sobre todo en Ciudad de México, muy lejos de los ríos, incluso de los ríos que poblaron este valle. Incluso su condición lacustre es una condición fantasmal, histórica, desaparecida. Cuando abro la llave recuerdo el origen de ese verso, porque había justamente en el patio de la escuela una llave, la abríamos y veíamos cómo se hacía un río lodoso, entonces esa imagen de río es una imagen universal de Heráclito, una imagen del tiempo, el río y el tiempo son sinónimos en poesía, "Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir", decía Jorge Manrique; "Saber que el río hecho de tiempo y agua" dice Borges, pero antes que la reflexión sobre lo que presupone abrir una llave y que salga agua, hay ese asombro, ese pasmo, y además que se llame llave; si nos detenemos un poquito a pensar y a sentir esas dos palabras, llave de agua, ahí esta toda la poesía del mundo: ¿dónde esta la llave de agua?, ¿está en el cielo, en el mar? ¿dónde está la verdadera fuente de agua? Nadie puede responder esa pregunta tan elemental, pero ante un niño urbano, alejado de los ríos, justamente esa es la posibilidad de hacer un rió, de volverse Dios; imagínense qué portento el tener la posibilidad de simplemente girando una llave hacer un río. ¿Quién hace un río? Solamente Dios. Esa cuestión está en ese verso y luego hay un poema que todavía no he escrito y que tal vez no escribiré: esas dos llaves gemelas que hay en los lavabos son una maravilla: abro una llave y sale por un lado el agua, la cierro y sale el por otro, abro las dos y sale un río paralelo, van a dar a un mismo agujero o pozo. Ese poema es un poco eso y al mismo tiempo es como una reconstrucción, por eso se lo dedico a mis padres.

–En algún momento ha mencionado que la fuente de su poesía a veces son las cosas más elementales, como cuando planteó la idea de la existencia de dos soles y lo que haríamos sin la oscuridad, o sea, vivir en una tierra de dos soles.

–Exactamente, acabo de hacer un poema en el que vinculo al alcoholismo con una tierra de dos soles. Los borrachos siempre están alumbrados, por eso entran a las cantinas que no tienen ventanas, para dormir un poco o para encontrar una penumbra suave donde cerrar los ojos.