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Santa Rosa Xochiac: tres días de fiesta de un ritual anual

ROCIO GONZALEZ ALVARADO

Alejados de la vorágine urbana, habitantes del pueblo de Santa Rosa Xochiac, en la delegación Alvaro Obregón, conservan sus tradiciones y celebran el paso del año viejo al nuevo, con una fiesta colectiva que se ha convertido en una "postal" de las tradiciones de la vida rural en la ciudad de México.

Dirigidos por un grupo de mayordomos, que con meses de antelación reúnen los recursos económicos y humanos, los festejos que duran tres días comienzan el 31 de diciembre con la elaboración de un extenso y colorido tapete artesanal de 1.2 kilómetros de largo, continúa con un festival artístico al día siguiente y concluyen con un baile popular el 2 de enero.

Elaborar el programa de los tres días, con la participación de los gremios que existen en el poblado: albañiles, choferes, electricistas, textileros, jardineros y trabajadores de la SEP y de la UNAM, encargados de amenizar el segundo y el tercer día de la celebración con diferentes grupos musicales,

Gerardo Reza, quien desde agosto pasado asumió la mayordomía, explica que aunque en el transcurso del año cuatro son cuatro las festividades principales del poblado, es el ritual de fin de año, en el que también rinden honores a la virgen de Guadalupe, el que acapara la atención de propios y extraños.

Alfombra multicolor

La realización de una singular alfombra hecha con aserrín de colores que se extiende desde la parroquia a la capilla de la patrona del lugar, actividad que se incorporó a los festejos hace 35 años, emulando a las que se realizan en las fiestas de Huamantla, en Tlaxcala, ocupa a los habitantes del poblado el último de día del año.

Niños, jóvenes y adultos se dan a la tarea de elaborar el tapete multicolor que se suma a los llamados adornos aéreos que se colocan en los estrechos callejones, de fachada a fachada de cada una de las casas. Desde los tradicionales, con papel picado, hasta los más inusuales con canastos, cazuelas de barro, y todo tipo de ar-tículos, que la creatividad y los recursos permiten.

Claudio Zamora y Miguel Angel Morelos Chávez, coordinadores del equipo responsable de estos trabajos, detallan que cada una de las familias es responsable de adornar el frente de sus casas, mientras que el tapete se realiza de manera colectiva. Para esta ocasión, agregaron, se optó por plasmar los nombres en náhuatl con los que se conocía antiguamente a los parajes que integraban al pueblo, sin faltar las aportaciones de cada uno de los pobladores.

"Lo que se hizo fue recuperar los nombres, su significado y su glifo, y narrar a través de las imágenes lo que ha sido la historia de México, desde el auge de los aztecas, la conquista, la evangelización hasta la aparición de la virgen y las tres imágenes que veneramos en el pueblo, Santa Rosita, el Divino Rostro y la Guadalupana", precisa Morelos Chávez.

Las mayordomas, apoyadas de familiares y vecinos, preparan la comida para los que trabajan en este efímero trabajo artesanal, que a las nueve de la noche es destruido por el paso de la procesión que lleva a la virgen de Guadalupe de la parroquia a la capilla, donde en punto de las 11 se inicia la misa para recibir el año nuevo.

 
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