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El Centro Histórico del DF, un lugar listo para ser redescubierto

Plazas, museos, cafés, jardines, murales, calles, arquitectura... la oferta es variada Desde el Metro Hidalgo hasta el Zócalo, a cada paso acechan las sorpresas y el renovado asombro

ARTURO GARCIA HERNANDEZ

Ampliar la imagen En las calles del Centro Histórico de la ciudad de México, las sorpresas se pueden encontrar a la vuelta de la esquina Foto: Yazmín Ortega Cortés

Ampliar la imagen Lo mismo para un beso fugaz en el atrio del ex convento de San Francisco que para un paseo en bicitaxi por la calle de Tacuba, el Centro Histórico es un lugar propicio para todo Foto: Yazmín Ortega Cortés

Ampliar la imagen Lo mismo para un beso fugaz en el atrio del ex convento de San Francisco que para un paseo en bicitaxi por la calle de Tacuba, el Centro Histórico es un lugar propicio para todo Foto: Yazmín Ortega Cortés

El Centro Histórico de la ciudad de México es un lugar siempre por descubrir. No importa cuánto creamos conocerlo o saber de él: cada vez, a cada paso, acecha con sorpresas o renovados asombros. Estos días son propicios para encontrarse o rencontrarse con sus calles, su arquitectura, sus plazas, museos, cafés, restaurantes, jardines. Las opciones son múltiples, inagotables. La cosa es darse tiempo.

¿Acepta sugerencias? Bueno, primero que nada dispóngase a caminar. Olvídese del coche y, si llega en Metro, un buen punto de partida puede ser la estación Hidalgo, salida Alameda.

Si su interés son las artes visuales, la oferta en la zona es por demás variada. Tanto, que un día no sería suficiente para hacer un recorrido exhaustivo y meticuloso por todos los recintos de los alrededores. Tan sólo ahí, saliendo del Metro, justo atrás del Centro Cultural José Martí, está el Laboratorio Arte Alameda (LAA), fundado en 2000 en lo que fue el Antiguo Convento de San Diego (1591) y que de 1964 a 1999 albergó La Pinacoteca Nacional.

El LAA es un espacio destinado a proyectos de arte contemporáneo multidisciplinario, con especial énfasis en videoinstalaciones y trabajos de multimedia. Actualmente ofrece la primera muestra que tiene lugar en México de la obra del artista irlandés Willie Doherty. Out of position se llama la exposición integrada por fotografías, cine y video, a través de los cuales Doherty reflexiona sobre territorialidad, vigilancia e identidad.

La sola convivencia de dos expresiones artísticas tan distantes temporal y estéticamente ­la arquitectura colonial y el arte multidisciplinario­ resulta, en sí misma, atractiva.

Más adelante del Laboratorio, frente a la Plaza de la Solidaridad, está el Museo Mural Diego Rivera, donde se aloja una de las obras más conocidas de este artista, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, pintado en 1947 en el lobby del Hotel del Prado, fuertemente dañado por los sismos de 1985. Por ello, el mural de 78 metros cuadrados fue reubicado en un recinto edificado ex profeso.

En el mural aparecen varios de los principales protagonistas de la historia de México, así como distintos personajes de la vida pública nacional y símbolos de la cultura popular. Uno de los personajes retratados es el escritor Ignacio Ramírez, El nigromante, que sostiene una hoja de papel en la que se leía la frase ''Dios no existe''. Esto causó controversia pública e inclusive el ataque directo a la obra por parte de fanáticos religiosos, quienes borraron la frase. Rivera optó por poner, en lugar de la frase, la leyenda "Academia de Letrán". En su discurso de ingreso a dicha academia fue que Ramírez pronunció la frase que provocó la reacción de los fanáticos.

Además del mural, en el lugar se ofrece una cronología del artista y una relación de toda su obra muralística.

A pesar de todo, en la Alameda...

Después del Museo Mural Diego Rivera, puede continuar su recorrido con una caminata por la Alameda Central, uno de los parques públicos más antiguos de la ciudad, creado en el siglo XVI por el virrey Luis de Velasco y que durante el Segundo Imperio fue el paseo favorito de Carlota, la esposa de Maximiliano de Habsburgo.

Escenario de distintos momentos climáticos en la historia del país y de la ciudad ­pasados y presentes­ solemos transitar por los corredores de la Alameda con prisa o indiferencia, inmersos en la vorágine cotidiana y de tanto verla ya no la vemos. Esta vez ­le sugerimos­ recórrala con calma, observe con atención todo lo que en ese espacio ocurre. La variedad de gente que acude y sus comportamientos, son en si mismos un espectáculo.

Además de admirar las esculturas que reposan en las distintas fuentes del parque ­evocaciones, recreaciones o imitaciones­ del arte escultórico grecorromano, le proponemos apreciar detenidamente una obra de menor tamaño que se halla semioculta por los arbustos que delimitan el lado sur de la Alameda y la acera de avenida Juárez, cerca del Hemiciclo.

Se trata de Malgré tout (A pesar de todo), obra de notable y dramática belleza realizada por el escultor mexicano Jesús F. Contreras (Aguascalientes, 1866). Representa a una mujer tendida boca abajo sobre el piso, con gesto implorante, un pie estirado y el otro flexionado, como si se arrastrara, y las manos encadenadas a la espalda.

Jesús F. Contreras fue un notable artista de su época, impulsor del arte público. De su autoría son 20 de las esculturas que se distribuyen a lo largo de Paseo de la Reforma. Entre otras, las de Justo Sierra, Luis G. Urbina, José Juan Tablada y Juan de Dios Peza.

Por Malgré tout Contreras obtuvo en 1900 el Gran Premio de Escultura y de la Cruz de la Legión de Honor de Francia. Alrededor de la obra existe una conmovedora leyenda, según la cual el artista la esculpió con una sola mano, dado que a causa de un cáncer le había sido amputado el brazo derecho. La amputación fue verdadera, pero al parecer ocurrió tiempo después de la elaboración de la mencionada escultura. En realidad la que se exhibe en la Alameda es una réplica, la original en mármol se encuentra en el vestíbulo del Museo Nacional de Arte.

Y justo frente al Hemiciclo a Juárez se encuentran el ex templo de Corpus Christi y la Plaza Juárez, donde el paseante puede admirar la fuente diseñada por Vicente Rojo y la exposición fotográfica de Ruth Lechuga, Otros rostros de México, que tiene como tema las máscaras más utilizadas por indígenas en distintas celebraciones tradicionales.

Entre museos y palacios

Otra opción para iniciar o continuar su recorrido es el nuevo Museo de Arte Popular (MAP), que se ubica en la esquina de Independencia y Revillagigedo, a una cuadra de la Alameda. Situado en lo que fue un albergue para indigentes durante siglo y medio, y estación de policía y bomberos por 20 años.

Creado con el propósito de apoyar y difundir el trabajo de los artesanos mexicanos, el recinto resguarda una respetable colección que permite apreciar parte de la riqueza y calidad de la artesanía mexicana. Entre la muestra se aprecian numerosas obras maestras del arte popular en distintas técnicas y de distintas procedencias (destacan los árboles de la vida, los alebrijes de la familia Linares, los textiles huicholes).

Junto a la colección permanente se lleva a cabo la recomendable muestra temporal Muerte sin fin... que da cuenta de las múltiples formas de ver la muerte por parte de artistas en las más variadas disciplinas y pertenecientes a diferentes épocas y culturas: alfareros, cartoneros, fotógrafos, escultores, talladores de madera, jugueteros, pintores, etcétera.

Y ya que hablamos de colecciones, una de las más importantes y valiosas desde cualquier punto de vista es la del Museo Franz Mayer, situado en la Plaza de la Santa Veracruz, en el costado norte de la Alameda. La contemplación de los edificios que rodean la plaza constituye en sí misma un gratificante experiencia visual.

El recinto lleva el nombre de un anticuario de origen alemán, naturalizado mexicano, quien a lo largo de su vida reunió una gran cantidad de objetos artísticos: talavera, cristalería, madera, textiles, marfil, alabastro, oro, plata, piedra, etcétera. Antes de morir, el coleccionista donó su acervo al pueblo de México y el gobierno federal donó en 1980 el inmueble que, convertido en museo, aloja la colección. Es un majestuoso edificio del siglo XVII que originalmente fue hospital para pobres, y posteriormente escuela, hospital para prostitutas y expendio de artesanías.

La visita al recinto y la admiración de su colección se puede hacer en un rato o, si se mira con detenimiento y atención, se pueden invertir varias horas.

Una parada obligada del paseante con intereses culturales es, obviamente el Palacio de Bellas Artes, con su telón de vitral diseñado por el Doctor Atl; con sus murales (de Rivera, Tamayo, Orozco, Siqueiros) y sus ocho salas para exposiciones plásticas, donde actualmente tiene lugar una amplia muestra de Gabriel Orozco, actualmente el creador mexicano de arte contemporáneo con más reconocimiento a nivel mundial.

Aquí apenas hemos mencionado algunas de las muchas opciones que el Centro Histórico ofrece al paseante con intereses culturales. Pero la lista es larga todavía. Tome nota y elabore su propio itinerario, de acuerdo con sus preferencias: artes visuales, arqueología, historia, arquitectura, etcétera: Museo Nacional de Arte y Explanada del Caballito (calle Tacuba casi esquina con Eje Central), el atrio del ex Convento de San Francisco (al pie de la Torre Latinoamericana), el Antiguo Colegio de San Ildefonso (Guatemala esq. calle de San Ildefonso), el museo José Luis Cuevas, el museo del Templo Mayor, el museo de Palacio Nacional (los aposentos que fueran de Juárez), el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez esq. Mesones) y el nuevo Museo del Estanquillo (Isabel la Católica esq. Madero). Y no olvide la Catedral Metropolitana, esa "abuela de piedra" (Renato Leduc dixit) inagotable como experiencia visual empezando por la fachada y siguiendo con sus interiores.

Sea cual sea su elección, el disfrute está garantizado.

 
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