Usted está aquí: miércoles 3 de enero de 2007 Mundo En Cuba, paulatino relevo del mando sin la injerencia ni el influjo de Estados Unidos

Diferente a Fidel Castro, Raúl ha mostrado aprecio por el tiempo de los demás

En Cuba, paulatino relevo del mando sin la injerencia ni el influjo de Estados Unidos

GERARDO ARREOLA/II, ULTIMA

Ampliar la imagen Muestras de apoyo a Fidel Castro en La Habana, quien debió entregar temporalmente el poder debido a una grave afección intestinal Foto: Reuters

La Habana, 2 de enero. Desde 1959 los cubanos saben que Raúl Castro remplazaría a su hermano mayor en caso de ausencia temporal o definitiva, pero nunca antes una enfermedad había obligado al presidente a ceder sus funciones sin plazo fijo.

Durante décadas el remplazo temporal funcionó en los viajes de Fidel al exterior. Cuando el mandatario sufrió una doble fractura al accidentarse, Raúl ejerció el mando durante casi dos meses de 2004.

Bajo la nueva realidad política surgida en julio pasado, Fidel mantiene sus cargos y, según ha dicho él mismo, se reserva la atención de asuntos oficiales de alta prioridad, pero Raúl actúa como líder máximo desde sus posiciones de número dos en todos los resortes del poder.

Quizás la más amplia actividad política del presidente en su convalecencia, que se conozca, ha sido la operación diplomática en Naciones Unidas, en noviembre pasado, para remontar una moción australiana que intentaba condicionar la condena al bloqueo estadunidense contra la isla.

Las acciones, dijo en su momento el canciller Felipe Pérez Roque, fueron acordadas personalmente por Fidel Castro.

La diferencia entre la sustitución actual y las precedentes es que ahora no hay plazos y, además, el contexto cambia a medida que pasa el tiempo. No es igual un gobierno interino de cinco días que otro de cinco meses. Quizás por eso la situación en curso se aprecia como una nueva época.

Aunque Fidel mantenga sus reducidos márgenes de actuación, la marcha del calendario exige decisiones de distinto nivel, que han de tomarse en las oficinas de Raúl. No hay una sucesión convencional, pero la mezcla de factores arroja un paulatino relevo en el mando, que está ocurriendo sin injerencia de Estados Unidos, a la vista de los cubanos y sin alteraciones de la vida diaria.

Continuidad en el fondo

"En Cuba no habrá sucesión", dijo el vicepresidente Carlos Lage en noviembre pasado. "Habrá continuidad". Y es continuidad en el fondo lo que se mira en el gobierno en estos últimos cinco meses. Sin virajes en la estrategia conocida, el eje del mensaje oficial se remite al discurso del presidente el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana, el de la advertencia sobre el posible derrumbe del sistema político.

Fidel Castro señaló entonces dos caminos para sofocar el riesgo: uno, el de la ética, el convencimiento, la honestidad, los principios, "la virtud" que triunfa sobre "el vicio"; el otro, que cada quien pueda vivir de su salario, que aumente el nivel de vida de la población. Sin resultados apreciables en el segundo, por ahora se nota el empeño en transitar por el primero.

Raúl Castro anunció en septiembre, ante el congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que un "asunto decisivo" sería la "batalla contra las indisciplinas, las ilegalidades, el delito y la corrupción". En esa fórmula se encierra, entre otras, la decisión oficial de cortar el drenaje de recursos estatales hacia el mercado negro, el gran colchón social que amortigua los golpes de la escasez y los bajos salarios.

Ya no será este martes, como estaba previsto originalmente, sino en abril cuando se apliquen nuevos reglamentos que, en síntesis, buscan que la realidad laboral del país sea como se supone: que la gente acuda a su centro de trabajo el día y la hora fijados y que cumpla sus tareas; retardos, abandonos del puesto y ausencias injustificadas recibirán sanciones.

Novedades en la forma

Las novedades de estos cinco meses pueden advertirse al menos en dos aspectos. El más notable es el estilo personal. De discursos cortos, directos y previstos, casi siempre leídos, apoyado en citas de Fidel o acuerdos del Partido Comunista, Raúl ha mostrado aprecio por el tiempo de los demás. Ya no hay largas apariciones en la televisión y, al parecer, tampoco reuniones de trabajo que se prolongan en la madrugada.

En la cumbre de los No Alineados, en septiembre, Hugo Chávez bromeaba desde la tribuna, intentando dialogar con Raúl, entonces presidente de debates. Este sonrió y replicó con cortesía, pero eludió la conversación personal frente al auditorio.

Raúl explicó al congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), el 20 de diciembre, que no intenta hacer discursos largos, como los de Fidel, porque "cuando alguien trata de imitar, fracasa".

En cambio, dibujó algunas estampas de la infancia y la juventud de los dos hermanos, que muestran personalidades distintas, "no siempre con las mejores relaciones", aunque unidas por la política y la historia.

En la sesión del Parlamento, dos días más tarde, Raúl intervino para mantener el hilo de la discusión. Pidió a los diputados que no saltaran de un asunto a otro, que no hicieran como si removieran un cajón para sacar temas. La reunión se centró en una agenda del máximo interés de la población: alimentación, transporte y vivienda.

Una segunda vertiente del nuevo tono es la crítica de Raúl Castro a la burocracia y la ausencia de discusión. A la CTC le criticó el exceso verbal, la abundancia de obligaciones de sus líderes y la desorganización o intrascendencia de misiones que han de cumplir sus afiliados.

A la FEU le pidió discrepar sin temor y aseguró que en las fuerzas armadas debate ampliamente con sus generales hasta llegar a un consenso. Al Parlamento le dijo que él mismo promovió los reportajes que la prensa local ha publicado este año criticando la producción y distribución de alimentos.

El último día de 2006, el diario Juventud Rebelde publicó un insólito informe, basado en conversaciones con cientos de jóvenes sobre el futuro del país. Según la reseña, las respuestas se centraron en la economía y repitieron el interés de que haya algún tipo de cambios.

Un entrevistado pidió que los directivos den el ejemplo a la hora de exigir honradez. Otro, que una computadora se pueda comprar como cualquier artículo. Uno más dijo: "Cuba no sólo debe abrirse al mundo, también a los cubanos (...) en aras de otorgar igualdades también se han abierto grandes desigualdades; eso hay que solucionarlo".

 
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