Usted está aquí: jueves 4 de enero de 2007 Opinión Recuento de los (d)años y los que vienen

Olga Harmony/ II y último

Recuento de los (d)años y los que vienen

Los coordinadores de Teatro del INBA, Enrique Singer y quien lo sucediera, Ignacio Escárcega, llevaron a cabo un importante experimento al ofrecer el teatro Galeón a grupos de calidad comprobada que, durante cuatro meses, podían disponer de él para sus proyectos. El modélico programa cesó cuando los edificios teatrales del Centro Cultural del Bosque perdieron el último año el perfil del que se les había dotado y el Galeón pasó a ser sede de la Compañía Nacional de Teatro (CNT). Hay que decir en favor de Escárcega que respetó los convenios contraídos con anterioridad, pese a las brutales disminuciones en su presupuesto, y que además programó escenificaciones interesantes por su cuenta.

Un caso diferente fue el de Teatro y Danza de la UNAM, cuya titular, al sumir el cargo, desconoció los acuerdos que su antecesor, Antonio Crestani, había tomado en nombre de la institución e incluso ya es conocida en el medio la indignante carta que envió a uno de los maestros indiscutibles de nuestra escena; pese a todo ello, programó montajes que han tenido gran éxito. Otra universidad, la UAM, reabrió el Teatro de la Paz de gran significado para el gremio teatral y se espera que nuevamente consolide su programación.

El Centro Cultural Helénico, en las eficaces manos de Luis Mario Moncada, mantuvo sus buenas programaciones y continuó, dentro de lo que cabe, los esfuerzos por la internacionalización de la dramaturgia mexicana contemporánea. Creó el premio de dramaturgia joven Gerardo Mancebo del Castillo e inició su colección editorial Teatro de la Gruta, en un invaluable apoyo a los talentos que van aflorando, además de los textos de reflexión teatral.

A pesar del aparente desdén con qué se mira al teatro, en el sexenio pasado éste tuvo cuatro Premios Nacionales de Arte ­sin contar el de Literatura obtenido por el dramaturgo Vicente Leñero­ a partir de 2001, en que se entregó a Alejandro Luna. En los pasados tres años fueron agraciados Ludwig Margules (ya fallecido), Juan José Gurrola y Luis de Tavira. Un grupo de teatristas y de allegados al teatro formamos la Academia Mexicana de Arte Teatral AC (AMATAC), que con el escenógrafo Gabriel Pascal como presidente, y la actriz Marta Verduzco como secretaria, cobra nuevos bríos al formar parte con representantes de otras agrupaciones, como Víctor Hugo Rascón Banda de la Sogem y Rossana Filomarino, directora fundadora del Colegio de Coreógrafos, entre otros, de un comité circunstancial que reclama mayores presupuestos para la cultura.

Este es el mayor peligro para el sexenio que empieza. La Comisión de Cultura de la Cámara de diputados había logrado un incremento sustancial en los recursos, pero el pleno lo hizo a un lado y el recorte propuesto por el presidente Felipe Calderón quedó casi igual. El nuevo titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Sergio Vela, no ha defendido aumentos para el presupuesto a pesar de su larga experiencia como funcionario cultural. La designación de Teresa Franco al frente del INBA ha sido bien recibida por quienes la conocen y saben de su interés por las artes y habrá que esperar (escribo el lunes primero) los nombramientos que se hagan en la coordinación de teatro y otras instancias.

A lo largo del país han surgido nuevos núcleos teatrales como los teatros Víctor Hugo Rascón Banda y Octavio Trías en el Centro Cultural Paso del Norte de Ciudad Juárez, Chihuahua (que esperamos no se convierta en otro elefante blanco) y se han cerrado otros muy importantes, como el Centro de Artes Escénicas del Noroeste de Tijuana (CAEN), que formó a muchos teatristas y tuvo una buena actividad editorial y que ya no recibió auxilio económico del INBA, al que pertenecía. En Pátzcuaro se creó la compañía comandada por Luis de Tavira que con su carromato Rocinante, diseñado por Philippe Amand, recorre las poblaciones de Michoacán.

El breve repaso no puede olvidar a la capital del país, que con la Secretaría de Cultura, con la dirección de Raquel Sosa, fue un punto negativo en la excelente gestión de Alejandro Encinas, por la preeminencia que dio a los aficionados, esperemos que Elena Cepeda otorgue la importancia que tienen los teatristas profesionales y es buen augurio que ya haya hablado con Luis de Tavira: muy posiblemente su idea de una compañía de teatro se base en la espléndida experiencia del Rocinante. Es muy sano que, aunada a la experiencia de los Faros, que se escuche a los profesionales y se amalgamen ambas posibilidades.

 
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