Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 7 de enero de 2007 Num: 618


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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Esperanza
JUAN TOVAR
50 años de Práctica
de vuelo

LEÓN GUILLERMO GUTIÉRREZ
Las islas
(Fragmento)

ELSA CROSS
En tono de elegía
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ
Entrevista con ÁNGEL GONZÁLEZ
La felicidad según Huxley
JESÚS VICENTE GARCÍA
Ligeti: la curiosidad intelectual
NORMA ÁVILA JIMÉNEZ

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Reseña de Luis Tovar sobre La felicidad, el
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Las islas*
(Fragmento)

Elsa Cross

1.

Caseríos perdidos en los mantos de roca. Y desde allí, el horizonte de islas, el pequeño faro sonámbulo, sin encenderse aún.

Bajo el polvo violeta del ocaso, la inmensa roca, Santa Trinidad, extiende a cielo y tierra sus ángulos abruptos

–súbitos desniveles, como en los muros de la gloria.

Y el sol desaparece al otro lado para hundirse en las aguas, detrás del islote inhabitado, infértil,

que a la mañana recortará sobre la luz su cabeza de saurio, y en uno de sus extremos, perdida casi,

fulgurará la capilla abandonada, blanca,

–amuleto contra malos espíritus.

Oh, mar danzante bajo el trayecto de las gaviotas, mientras las islas reaparecen, coronadas de nubes.

2

Esa sustancia abierta allende el mar, como un ala de hormiga sobre la brisa azul del romero, flota omnipresente.

Desprendiéndose de esa espuma de dioses, escancia en la propia soledad su copa de silencio.

Entra y sale del brillo de la ola, disuelve al otro lado de la conciencia

las últimas palabras–

ya no alcanzables en la estela del día.

Sentidos cada vez más nítidos, en sus límites cortan toda el aura imprecisa, profusa, danzante del entresueño.

Se oye todavía, cerrándose, la música de las últimas frases, ya perdidos las letras y el compás–

queda al otro lado, para encontrarse en la cifra aleatoria de la ola, en otro golpe de mar,

visitada ya por otro oído.

3

Se pierde el horizonte tras la bruma.

El contorno de las islas bien puede ser una figuración imaginaria, o densidad de hidrógeno o algo inexistente,

una mínima concentración en los tonos pizarra de la tarde –peso apenas distinto de lo que cifra la mente en esas islas.

Luz cambiante bajo las pérgolas, uvas pequeñísimas brotan como minutos en el racimo de los días,

o glicinas moradas caen sobre las páginas del libro, palabras que se disecan,

mirada que se pierde en su inmovilidad, en su deseo de asirse a una referencia central,

aunque de pronto confunda una boya en la rada con el dorso de un delfín, o el sol que cae a plomo con el fuego del alma.

* De Cuaderno de Amorgós, libro de próxima publicación