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Domingo 7 de enero de 2007 Num: 618


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JUAN DOMINGO ARGÜELLES

EL OLVIDADO ASOMBRO DE ESTAR VIVOS

"El olvidado asombro de estar vivos" es uno de los 584 endecasílabos perfectos de los que consta Piedra de sol (1957), de Octavio Paz (1914-1998), un poema, hoy canónico en las letras mexicanas, que cumplirá medio siglo en 2007.

Desde su inicio, Piedra de sol es espléndido: "un sauce de cristal, un chopo de agua,/ un alto surtidor que el viento arquea,/ un árbol bien plantado mas danzante,/ un caminar de río que se curva,/ avanza, retrocede, da un rodeo/ y llega siempre..."

Versos más adelante, escribe el poeta: "voy por tu cuerpo como por el mundo,/ tu vientre es una plaza soleada,/ tus pechos dos iglesias donde oficia/ la sangre sus misterios paralelos,/ mis miradas te cubren como yedra,/ eres una ciudad que el mar asedia,/ una muralla que la luz divide/ en dos mitades de color durazno,/ un paraje de sal, rocas y pájaros/ bajo la ley del mediodía absorto".


Foto: Fabrizio León Diez/archivo La Jornada

Poema de amor, Piedra de sol es también un repaso por algunos episodios fundamentales de la historia antigua y moderna. Octavio Paz contrasta la grandeza del amor con las miserias de la hipocresía, el cinismo, la mentira, el poder y el crimen. "El mundo nace cuando dos se besan", dice el poeta, y añade: "el cuarto como un fruto se entreabre/ o estalla como un astro taciturno/ y las leyes comidas de ratones,/ las rejas de los bancos y las cárceles,/ las rejas de papel, las alambradas,/ los timbres y las púas y los pinchos,/ el sermón monocorde de las armas,/ el escorpión meloso y con bonete,/ el tigre con chistera, presidente/ del Club Vegetariano y la Cruz Roja,/ el burro pedagogo, el cocodrilo/ metido a redentor, padre de pueblos,/ el Jefe, el tiburón, el arquitecto/ del porvenir, el cerdo uniformado,/ el hijo predilecto de la Iglesia/ que se lava la negra dentadura/ con el agua bendita y toma clases/ de inglés y democracia, las paredes/ invisibles, las máscaras podridas/ que dividen al hombre de los hombres,/ al hombre de sí mismo, se derrumban/ por un instante inmenso y vislumbramos/ nuestra unidad perdida, el desamparo/ que es ser hombres, la gloria que es ser hombres/ y compartir el pan, el sol, la muerte,/ el olvidado asombro de estar vivos".

Piedra de sol se publicó, en 1957, en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica, con una tirada de apenas trescientos ejemplares. Un año después, Paz integraría este poema excepcional junto con otros también espléndidos como "Himno entre ruinas", "Mutra" y "El cántaro roto" en su libro La estación violenta (México, Fondo de Cultura Económica, 1958, colección Letras Mexicanas).

En la primera edición de Piedra de sol Paz explicó que este poema está compuesto por 584 endecasílabos ("los seis últimos no cuentan porque son idénticos a los seis primeros"). Y precisaba que este número de versos es igual al de la revolución sinódica del planeta Venus, que es de 584 días.

Junto con "Lamentación de Dido", de Rosario Castellanos, Muerte sin fin, de José Gorostiza, y "Algo sobre la muerte del mayor Sabines", de Jaime Sabines, Piedra de sol es uno de los grandes poemas del siglo XX mexicano.

En 1988, durante una entrevista, Anthony Stanton le dijo lo siguiente a Octavio Paz: "Piedra de sol es uno de los grandes poemas eróticos de la lírica moderna. ¿Fue concebido como culminación de una época o más bien como apertura a nuevas aventuras verbales?", a lo cual Paz respondió:

"Escribí Piedra de sol al final de una época. Recoge una serie de experiencias y recuerdos. Cuando empecé a escribir el poema, no sabía adónde iba. Lo he contado ya pero tengo que repetirlo: los primeros versos fueron dictados, literalmente dictados. Escribí esas líneas en un estado casi sonámbulo. Me asombré pues aquellos versos me parecieron hermosos. Además, fluían sin esfuerzo y en endecasílabos. No busqué esa forma: las frases manaban espontáneamente en versos de once sílabas sin rima."

Momento culminante de la poesía mexicana, en cualquiera de sus segmentos, Piedra de sol sigue hablándole al lector, medio siglo después, con absoluta intensidad: "soy otro cuando soy, los actos míos/ son más míos si son también de todos,/ para que pueda ser he de ser otro,/ salir de mí, buscarme entre los otros,/ los otros que no son si yo no existo,/ los otros que me dan plena existencia".