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Iván Restrepo

Acciones contra los desastres naturales

El miércoles pasado Bill Proenza tomó posesión como nuevo director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, uno de los cargos de mayor responsabilidad en la administración federal de ese país. Proenza, de 62 años, es un experto con estudios de posgrado en la Universidad de Florida y más de 20 años en el campo de la meteorología. Remplazó a Max Maifield, quien por ocho años dirigió dicho centro y ganó prestigio por el rigor que puso en su administración y por sus llamados a cambiar el enfoque que los gobiernos y la sociedad tienen de los fenómenos meteorológicos, habida cuenta de los cambios climáticos que está sufriendo el planeta.

Precisamente fue Bill Proenza quien recalcó al asumir sus nuevas tareas la necesidad de reforzar las medidas para evitar desastres naturales como fruto de los huracanes que cada año afectan a Estados Unidos, México y los países de América central y el Caribe, mismos que tienen su origen en los océanos Atlántico y Pacífico. El funcionario dijo que no hay que bajar la guardia en cuanto a las acciones preventivas, habida cuenta de que no tendremos en los años venideros situaciones tan atípicas como las registradas en 2006, cuando tuvimos un respiro en cuanto a muertos, damnificados y pérdidas materiales por los huracanes.

Proenza considera que sería un error no reforzar las políticas de prevención, especialmente las relacionadas con conservar en el mejor estado posible las áreas costeras, lo cual incluye garantizar la salud de sus ecosistemas (destacadamente los manglares y los arrecifes) y evitar su construcción anárquica de obras públicas y privadas. Lo mejor, considerando los efectos del cambio climático, es construir a una distancia prudente de las aguas marinas y tratar de salvar la actual infraestructura del aumento del nivel del mar, algo que, precisamente, no están haciendo Estados Unidos, México y los demás países situados en la ruta de los huracanes. La mejor prueba la tenemos en el país, donde la zona marítima federal terrestre sigue siendo tierra de nadie, ocupada salvajemente por el mejor postor, con la venia oficial.

El año pasado a México le fue menos mal de lo esperado en términos de desastres naturales, pero otras regiones del mundo no se salvaron: altas temperaturas (2006 fue el sexto año más caluroso que registran las estadísticas), intensas precipitaciones o sequías extremas. A la par, el hielo en el Artico siguió reduciéndose de manera significativa: más de 60 mil kilómetros cuadrados por año. Si continúa esta tendencia, el hielo del casquete polar desaparecerá en este siglo. Y mientras los expertos advertían que el agujero de la capa de ozono mostraba signos de reducción, el que se observó el año pasado igualó al que existía en 2000, que fue un récord.

Ahora los especialistas afirman que la capa de ozono no se recuperará en menos de 60 años, siempre que los países tomen en serio el compromiso de disminuir la generación de gases de efecto invernadero y acrecentar la cantidad y calidad de recursos naturales, asignaturas en las que México brilla negativamente por su mal manejo del bosque y el agua y por el derroche energético. También Brasil, azotado el año pasado por olas de calor nunca vistas, mientras en el sur de su territorio la sequía hizo de las suyas en la agricultura. En cambio, las lluvias dejaron su estela de destrucción en Bolivia y Ecuador.

Por lo que toca a Europa, naciones como Holanda, Inglaterra, Bélgica, Italia y Dinamarca, por ejemplo, tuvieron el otoño más caluroso de los últimos cuatro siglos, mientras en España y Francia la nieve llegó a sus montañas con un retraso considerable. Situaciones contrastantes vivió también Estados Unidos, que tuvo entre enero y septiembre pasados un periodo de calor extremo, que contrastó con inundaciones nunca vistas en Nueva Inglaterra.

Pero lo más grave, en términos humanitarios, fue el aumento de refugiados, producto de los diversos cambios en el clima y la posterior desertificación que origina en regiones críticas, destacadamente Africa.

Comienza el año y los especialistas insisten en los males que nos esperan por no hacer un uso racional de los recursos del planeta. Pero quienes toman decisiones, las burocracias y los políticos, siguen en la Luna. Irresponsablemente.

 
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